Crónica de las fronteras grises, libro 1: cocodrilo.

32- Cocodrilo.

Gato café observó preocupado cómo el dirigible se alejaba, pero cambió de actitud al tener a Marco en su poder.

—Dime, ¿qué fue todo esto?, ¿cuál era su intención?— preguntó gato, tratando de ser amable y de estar calmado.

—¡Qué extraño!— dijo Marco, como si pensara en otra cosa—. Creí que después de tres años me preguntarías por qué maté a gata blanca y que, como en ese entonces, trataría de convencerte que eso no fue mi culpa.

Gato café, con la cara contraída por el odio, gritó:
—¡Nunca digas su nombre!, ¡no mereces decir su nombre!—
y levantó su garra de metal con la intención de matar a Marco.

Águila y búho, que para entonces ya se habían separado, lo detuvieron a tiempo. Lily Freaklands tomó a Marco de un brazo y lo alejó de gato café, llevándolo a su casa.

—Vamos, gato, cálmate, ¿qué ganarás si lo matas?— le dijo águila, tomándolo maternalmente del brazo derecho.

—Sí, amigo— agregó búho con voz dulce—, si lo matas, jamás recuperaré mi ojo ni sabremos qué pasó aquí.

Gato café suspiró; dijo tranquilo:
—Solo procuren sacarle la verdad—
y saltó a la selva, perdiéndose en ella.

Búho y águila de alas de oro caminaban el sendero hacia la casa de Lily, tomados de la mano.

En el este, las nubes de tormenta eran cada vez más grandes y, de pronto, con un enorme trueno, comenzó a llover.

Águila y búho corrieron a la casa de Lily Freaklands.

Ella se encontraba sentada en una silla frente a un cuervo atado a una enorme y pesada mesa de metal; Lily le hacía preguntas amenazantes, sin que por eso le respondiera la inexpresiva y lacónica ave frente a ella.

Cansada, volteó a ver a águila y búho, que estaban a sus espaldas; estos miraban sorprendidos una luz azul que venía del otro lado de la casa, cerca de la plataforma.

—Pero, ¿qué es eso?— dijo Lily Freaklands, y corrió fuera de su casa para averiguarlo, seguida de cerca por águila y búho, aún tomados de la mano.

En el exterior, bajo la lluvia, estaba el mismo cocodrilo que había tratado de comerse a águila, envuelto por el fuego azul de la flama eterna.

Búho dijo, incrédulo:
—¿Qué pasó?—
y los tres se quedaron un momento bajo la lluvia, pensando en esa pregunta.

De pronto, águila gritó:
—¡Se comió la lágrima eterna!—.
—¡¿Qué?!— preguntó búho, sin creer lo que decía su amada águila.

—¡Sí!— dijo águila con cara de tener la respuesta—. Cuando soltaste la esfera, cayó aquí, en el refugio, y el cocodrilo, hambriento, se la comió.

Lily Freaklands empezó a reír y, después de un rato, preguntó, aún entre risas:
—¿Saben lo que eso significa?

Búho y águila la miraron sonriendo.
—Ahora no podemos ir a casa; nos quedaremos cuidando al cocodrilo de la flama eterna— respondió búho.

—Sí— dijo águila, viendo caer la lluvia entre los árboles, brillando sus hermosos y limpios ojos cafés ante la luz del cocodrilo.

—Este será ahora nuestro templo— agregó, abrazando lo más fuerte que pudo a su búho.



#36330 en Otros
#5171 en Aventura
#27920 en Fantasía

En el texto hay: animales antropomorficos, brujas, un cazador

Editado: 19.01.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.