Cronica de las fronteras grises, libro 2: Luna

15.- Seguir vivo.

El tren avanzaba con un ritmo antiguo, como si cada golpe de rueda recordara una plegaria olvidada. La ciudad había quedado atrás, y con ella el verde podrido de sus luces. Ahora el mundo se abría en llanuras grises, hilos de humo, ríos que parecían heridas. El sur los llamaba con su respiración lenta y su promesa de desierto.

Gato Café se mantenía sobre el vagón, sentado entre cajas de lágrimas endurecidas. El aire olía a hierro y a ceniza. Bajo sus patas, la bestia metálica resoplaba, viva, obediente solo al riel. A su lado, el humano dormía —o algo parecido a dormir—, encogido, con los puños crispados y el rostro manchado de hollín.

Gato lo observó con una mezcla de rencor y cautela. Aún podía sentir el ardor de sus costillas donde los golpes del humano habían dejado huella. Se llevó la mano al costado y, con un trozo de su ropa rasgada, improvisó un vendaje. El dolor era un recordatorio: seguía vivo, pero no debía confiar.

El tren giró hacia el oeste y el horizonte se abrió como un mapa antiguo.
A lo lejos, el Mercado de las Brujas se extendía como un enjambre de luces violetas y carpas de humo. Las siluetas danzaban en torno a hogueras que nunca se apagaban, vendiendo tiempo, rostros y maldiciones. Gato distinguió cuerpos que no eran del todo animales, ni del todo sombras. Todo el lugar olía a resina, a fruta podrida y a magia enferma.

El humano se movió en sueños.
Dentro de su mente, el tren también rugía.
Voces —no una, sino muchas— le hablaban desde algún túnel sin luz.
"Camina, mata, obedece."
Gorila Pelón vio destellos de sus manos cubiertas de sangre, una cadena, el rostro de Simio de Tierra deshaciéndose en silencio. Intentó abrir los ojos, pero el recuerdo lo sujetaba por dentro.

Cuando despertó, Gato Café ya lo miraba.
—No hables —gruñó el felino, sin apartar la vista del paisaje—. No quiero escucharte.

El humano respiró hondo, mirando sus manos.
—No me creas si no quieres… pero yo tampoco me escuchaba. No era yo.
—Siempre dicen eso —replicó Gato—. Que hay algo dentro que los obliga.
—Había voces —insistió el humano, bajando la cabeza—. No sé si eran mías o de alguien más. Se movían por mi sangre. Cuando maté al simio… yo solo quería detenerlas.

El viento golpeó los vagones, haciendo vibrar el metal.
Gato cerró los ojos un instante. Recordó a Simio de Tierra —su risa facil, sus palabras imprudentes, su locura contagiosa. La rabia se le encendió otra vez, pero se apagó pronto, como una llama que se ahoga en sí misma.

—Entonces mátalas —dijo, apenas audible—. Si vuelven a hablarte, mátalas.

Gorila Pelón no respondió.
Se quedó mirando la cadena rota que colgaba de cuello, balanceándose con el vaivén del tren. En su cabeza, un eco regresaba, débil, como una plegaria: “Un nombre… un nombre…”
No sabía si provenía del pasado o del sueño.

El tren siguió su ruta hacia el sur.
A la derecha, los bosques de los gigantes surgían como columnas negras. Troncos tan anchos como torres, raíces que formaban pasajes y ruinas. Algunas parecian moverse, despacio, como si respiraran. A lo lejos, entre la bruma, el felino creyó ver la Colmena, ese inmenso panal de piedra que se erguía entre montañas, zumbando con una vida que no conocía descanso.

A su izquierda, una cadena montañosa resplandecía bajo el sol del mediodía. Entre los picos se abría un solo paso: un túnel natural que conducía hacia el Mar de las Arenas, el gran desierto. Gato lo observó con una punzada en el pecho. Por allí había volado el anillo de su madre, perdido entre el polvo.

—¿Qué buscas, gato? —preguntó el humano, sin mirarlo.
—Nada —mintió Gato, mirando el horizonte—. Por ahora, solo seguir vivo.

El tren resopló, largo, profundo, como si comprendiera.
Las sombras de ambos se alargaron sobre los vagones, fundiéndose en una sola.

Y así, bajo un cielo sin pájaros, la bestia de metal siguió su viaje hacia el sur, cargando en su lomo a un humano que luchaba contra sus fantasmas y a un gato que aún no sabía si debía perdonarlo.



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En el texto hay: gato, batallas, magia

Editado: 24.11.2025

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