Cronica de las fronteras grises, libro 2: Luna

35.- Demonios.

El aire olía a hierro, pero aún así Bingo logró recuperar el rastro, pues entendió que ese olor era la sangre del cachorro.
Una bruma densa los envolvía como una tela húmeda, y los pasos se hundían en la tierra blanda, sin dejar eco alguno. Gorila Pelón se detuvo, respirando con dificultad; la niebla le raspaba la garganta como si tuviera vida propia.

—Estamos cerca del vertedero… —murmuró—. Puedo sentir el calor de las chimeneas -dijo sorprendido, habían recorrido la selva en vano, pensó.

Gato Café observó alrededor. No había horizonte, ni líneas que definieran la selva. Todo parecía suspendido entre dos respiraciones.
—Esta niebla parece una muralla —dijo en voz baja—.

Bingo avanzó un poco más, jadeando. Sus orejas se agitaron; el brillo de sus ojos se volvió incierto, como si olfateara algo que le costaba creer.
—Ahí —susurró, levantando el hocico—. Detrás de esa piedra…

Entre la bruma, una figura pequeña se distinguió. El cachorro de tigre temblaba, empapado, cubierto de hojas y barro, con los ojos muy abiertos. Estaba vivo.

Gorila Pelón dio un paso al frente y se agachó, intentando no asustarlo.
—Tranquilo, pequeño… ya todo está bien —dijo con suavidad.

El cachorro no respondió. Solo levantó una mano temblorosa y señaló detrás de ellos.

El aire se contrajo.
Y una sombra gigantesca se abalanzó.

El impacto los arrojó al suelo. La niebla se abrió en un remolino y la selva rugió con un eco sin fuente. Gato rodó, levantando sus garras metálicas; Gorila Pelón se irguió, cubriendo al cachorro. Bingo intentó esquivar, pero la sombra lo alcanzó de lleno.

El perro cayó de rodillas, arqueando la espalda, con un grito que no pertenecía a su voz.
Un alarido humano salió de su garganta. Palabras rotas, antiguas, como si alguien hablara a través de él desde un lugar muy distante.

Gato retrocedió, con los bigotes tensos y los ojos llenos de espanto.
—¿Qué demonios…?

—Es una lengua humana —dijo Gorila Pelón, con la voz quebrada—. Está diciendo… ¿por que no me amas?

Bingo se levantó de golpe. Su cuerpo temblaba, los ojos se volvieron completamente blancos, y una sombra viscosa, espesa, recorría su pelaje como un líquido que lo consumía.
El perro rugió, y se abalanzó contra ellos.

Gato se apartó con un salto, arañando el aire; Gorila alzó sus antebrazos, desviando el golpe. El cuerpo del perro se movía con una fuerza imposible, como si alguien más lo dirigiera desde dentro. Los rugidos eran mezcla de bestia y lamento.

—¡Bingo, detente! —gritó Gato, pero no había nadie allí, solo esa sombra con cuerpo prestado.

Los golpes se hicieron más violentos. Una roca se partió al impacto de su garra. Gato esquivó por poco un zarpazo que habría abierto su pecho.
—¡Dices que es una lengua humana, Gorila! ¡¿Y de qué sirve saberlo?! —gruñó, mientras se defendía.

Gorila Pelón retrocedió, con el rostro desencajado.
—Ya lo he visto antes… —dijo, apretando los dientes—. En el Mercado de las Brujas. Los humanos que venden todo lo que son… acaban así.
—¿Así cómo? —rugió Gato, bloqueando otro golpe.

—Vacíos.
Solo deseos sin fundamento. Sombras que buscan cuerpos que puedan sostenerlos.

El perro, o lo que quedaba de él, lanzó un chillido agudo, más cercano al llanto que a la furia. La sombra le brotaba por la boca, le recorría el lomo, le ennegrecía los ojos. Gorila Pelón lo miró con dolor y, por un instante, pareció ver otra cosa: el reflejo de su propio pasado.

—No más… —susurró, recordando lo aprendido en el mercado de las brujas.

De su cuello sacó un pequeño colgante: una piedra roja, pulida y brillante, envuelta en hilos de cobre. La levantó frente a Bingo, que se agitaba como si algo dentro de él supiera lo que se venía.

Gorila corrió hacia él, esquivando un golpe, y le colgó la piedra en el pecho.

El tiempo se quebró.
El aire se volvió estático.

La sombra dentro de Bingo se contrajo, intentando huir, pero el colgante se encendió con un resplandor carmesí. El perro gritó, no con su voz ni con la humana, sino con las dos al mismo tiempo. De su garganta brotó una masa negra que cayó al suelo como un vómito líquido, retorciéndose, siseando.

El hedor era insoportable.
La sombra se arrastró hacia el norte, como una serpiente hecha de humo y desesperación, y se perdió entre los árboles.

Bingo cayó al suelo, jadeando, con los ojos enrojecidos y el cuerpo cubierto de sudor. La piedra seguía brillando, tenue.

Gato se acercó con cautela.
—¿Está… vivo?

Gorila Pelón asintió, arrodillándose junto a él.
—Sí. Pero agotado. Esa cosa drenó su energía… casi su alma.

El cachorro de tigre, todavía tembloroso, se acercó despacio, tocando con la pata el hombro del perro. Bingo abrió los ojos, apenas.

—¿Lo… logramos? —susurró.

Gato no respondió. Miró hacia el norte, donde la niebla se agitaba como si respirara.
Gorila levantó la vista también.
La sombra no había desaparecido. Solo se había ido.

El humano lo sostuvo por los hombros, observando cómo el brillo rojo se apagaba lentamente.
—Bingo… mírame —le dijo con urgencia—. ¿Cómo te llamas?

El perro parpadeó, confundido, luego respiró profundo.
—Me llamo Bingo… pastor alemán de la Media Luna.

Gorila asintió, los ojos húmedos.
—¿Sabes quién soy yo?

Bingo esbozó una sonrisa débil.
—Sí… eres el mejor humano que he conocido.

Gorila bajó la mirada.
El silencio fue largo, espeso, como si el bosque los escuchara.

—No, Bingo —dijo al fin, casi en un murmullo—. Soy humano… y eso también significa que puedo mostrar esa misma maldad.
Porque los humanos… —su voz se quebró, casi en un sollozo— …los humanos solo somos demonios que aprendieron a fingir ternura.

El cachorro gimió suavemente. Gato, a unos pasos, lo alzó en brazos y los miró de reojo, sin decir palabra.
La niebla comenzó a cerrarse otra vez, tragándose la luz.



#27010 en Fantasía
#35119 en Otros
#4984 en Aventura

En el texto hay: gato, batallas, magia

Editado: 20.04.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.