Cronica de las fronteras grises, libro 2: Luna

38.- La casa del león.

La mansión del León se alzaba como una reliquia de otro tiempo. El concreto estaba manchado por la humedad y el granito conservaba grietas que parecían arrugas de un cuerpo demasiado viejo para seguir respirando. Era una casa inmóvil en medio del viento, un cascarón de piedra que alguna vez debió formar parte de un castillo real.
Gato Café lo intuyó al instante: aquello no era una residencia, sino un vestigio. Un fragmento de poder antiguo que se negaba a morir.

Las puertas se abrieron con un gemido metálico, y el felino cruzó el umbral con el corazón ardiendo. Los pasillos estaban cubiertos por alfombras deshilachadas y candelabros que apenas sostenían una llama. El aire olía a incienso viejo, a polvo y a sangre seca.

En el salón principal, bajo una bóveda ennegrecida por el humo, León Herido aguardaba.
Sentado en una silla que había visto tiempos mejores, su cuerpo parecía hecho de piedra. Sus ojos, sin embargo, seguían brillando con una chispa de mando. A su derecha, el Tigre Amarillo —enorme, impecable, su voz llena de soberbia— hablaba por él, y cada palabra que pronunciaba era sellada con un leve gesto de asentimiento del viejo rey.
A la izquierda, en la penumbra, la Bruja Serpiente observaba en silencio. Su rostro era ilegible; su quietud, como un espejo que no devuelve imagen.

Gato Café se detuvo frente a ellos. No se inclinó.
El aire se tensó.
El Tigre Amarillo frunció el ceño, y sus bigotes vibraron con cólera.
—¿No sabes ante quién estás? —gruñó.
Gato Café mantuvo la mirada. El rugido del Tigre resonó en las paredes, pero antes de que el eco se apagara, la voz de la Bruja Serpiente serpenteó entre los tres:
—Inclínate —dijo con suavidad—. No por él… sino por ella.
El nombre no fue necesario.
Gata Blanca.
Su promesa.
Su motivo.

Gato Café apretó los dientes, y lentamente bajó la cabeza. El gesto, más que sumisión, fue una ofrenda: la aceptación del precio del amor.

El Tigre Amarillo habló entonces, relamiendo su poder:
—Un gato sin nombre ni linaje no puede unirse a una noble —su voz destilaba veneno—. Ni siquiera tus gestas, ni el favor de esos rastreadores, ni el murmullo del pueblo te elevan por encima del polvo.
El silencio cayó como un telón.
Gato Café lo sostuvo, desafiante. Esperaba una palabra, una defensa, un mínimo gesto de la Bruja. Pero ella seguía muda, inmóvil.

Finalmente, su voz surgió, lenta, medida:
—Tiene una herencia.
Todos la miraron.
La Bruja Serpiente avanzó un paso, y sus ojos centellearon.
—Un anillo —continuó—. Forjado con magia antigua. Perteneció a su madre. Si lo recupera, el linaje será suyo… y ningún noble podrá negarle el derecho de casarse con quien ama.

El Tigre Amarillo soltó una carcajada que sonó a trueno.
—¿Un anillo perdido? ¡Pamplinas de vieja hechicera!
Pero el León Herido, sin mover más que una ceja, levantó una garra y el Tigre calló de inmediato. Un leve gesto de aprobación bastó.
El veredicto estaba dado.

—Lárgate —espetó el Tigre Amarillo con desdén—. Vuelve cuando tengas algo más que tierra en las patas.

El fuego recorrió los ojos de Gato Café. Por un segundo, el deseo de desgarrarlo vivo lo atravesó como un relámpago.
Pero la Bruja Serpiente le puso una mano en el hombro. Su voz era una orden disfrazada de súplica:
—No aquí. No ahora.

Él obedeció, mordiéndose la furia, saliendo al exterior bajo un cielo gris que olía a tormenta.
Cuando las puertas se cerraron tras él, el silencio lo abrumó.
La mansión quedaba atrás como una boca cerrándose.

—¿Por qué no me defendiste? —le preguntó, al fin, a la Bruja, que había salido tras él.
Ella lo miró con una rabia que parecía antigua.
—Porque no debiste volver sin el anillo de tu madre —dijo, y sus palabras fueron un latigazo.

El eco de su voz lo dejó solo, en medio de la calle vacía, rodeado de casas sin luz.
El viento soplaba, levantando polvo y hojas secas.

Gato cafe vio alejarse a la bruja serpiente, despues de un rato empezó a caminar si rumbo, hasta que se dio cuenta de que había llegado a la late de atún, el unico lugar que consideraba seguro.



#27249 en Fantasía
#35311 en Otros
#5018 en Aventura

En el texto hay: gato, batallas, magia

Editado: 11.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.