Crónicas de Illodia I : Al otro lado del Velo

Capítulo 4: Canciones, historias y baratijas varias

Tras un breve silencio, uno de los soldados más jóvenes, el pelirrojo, soltó una risita, que pareció más como si una gallina se estuviera ahogando con un trozo de miga de pan demasiado grande.

—¿Chispa? - bufó – Pero bueno, ¿qué clase de...? - De repente se quedó en silencio, tan pronto como Horbad lo fulminó con la mirada.

El capitán hizo rodar los hombros. Suspiró, en gesto de impaciencia.

- Cuánto más jóvenes, más maleducados...- dijo con acritud - En fin, el charlatán pelirrojo se llama Gareld – señaló – El que está al cuidado de nuestro improvisado banquete es Godin. Y por último nuestro más reciente recluta; Vanderl.

Chispa miró uno a uno asintiendo con la cabeza. Al mirar a Vanderl y volver a comprobar aquella mirada distante e inexpresiva, carraspeó, incómodo.

El capitán pareció darse cuenta.

- Ha estado un poco enfermo – murmuró, haciendo un gesto con la mano como quitándole importancia – En cuanto coma algo caliente y beba un poco de vino, ya verá, mi buen señor Chispa. ¡El condenado muchacho habla por los codos!

Enseguida, el ambiente se relajó. Chispa se acercó a su carromato y sacó un pequeño maletín donde guardaba todo tipo de especias, un mendrugo de pan, un poco de queso y unas cuantas salchichas. El capitán Horbad se mostró muy agradecido y le ofreció un amplio espacio en la mullida hierba, al frente de la hoguera, para poder calentarse.

Chispa ayudó a Godin a darle más sabor y cuerpo a la sopa. Cuando hubieron terminado, todos dieron buena cuenta de la improvisada comida. Los soldados parecían más relajados y se sentaron alrededor de la hoguera. Alguno se cubrió con una manta, pues el viento volvía a soplar desde el oeste, tan frío que cortaba. Vanderl, el de la mirada distante, imitó a los demás, aunque apenas murmuró una frase completa.

— Bueno, señor Chispa – dijo Horbad, mientras con un palillo se limpiaba restos de comida de los dientes – Dices que has seguido el camino desde Relvast. Eso queda muy lejos, al sureste, más allá de la frontera. Si no le parece impertinente la pregunta, ¿cual es su destino y su cometido por estas tierras?

Chispa se rascó la barba y sacó su pipa de un escondido bolsillo de su abrigo de piel.

- Bueno, simplemente voy por los caminos, siguiendo al viento, que, cabe decir, en esta región sopla de buena gana y trae un frescor reconfortante...-

El comentario hizo surgir unas risas dispersas. Sin embargo, el capitán seguía mirándolo a los ojos.

- Se podría decir que me gano la vida cantando canciones, contando historias y vendiendo baratijas varias -

Sus ojos se desviaron entonces hacia el carromato y a Risueña, que rumiaba tranquilamente el pasto.

—Vaya... —dijo Gareld, señalando a ambos con el mentón—. ¿Quiere decir que ha viajado todo este tiempo en...eso?

Chispa se encogió de hombros, fumando de su pipa, y sonrió, haciendo caso omiso a aquella pregunta.

El capitán lo miraba de soslayo.

- Lo cierto es que la bestia parece estar apunto de espicharla, amigo.

El pelirrojo soltó otra risotada. A Chispa le dio la impresión de que quizá padeciera algún tipo de retraso mental.

El anciano frunció el ceño apenas un instante... y enseguida lo suavizó con una sonrisa forzada.

- ¿Risueña? Es mayor, sí —admitió.

— ¿Mayor? —repitió el capitán. Parecía divertido— Parece que vaya a desplomarse de un momento a otro —Escupió a un lado el palillo— Si tuviera que apostar si llega a Hjaldren o no...

- Le sorprendería, mi buen capitán, lo bien que trota y lo suave que tira del carro- Le cortó Chispa, dejándolo con gesto contrariado – Además, tiene un gran corazón - Se llevó una mano al pecho, y se dio unos golpecitos, orgulloso.

El que se hacía llamar Godin dio un resoplido, mientras alternaba la mirada entre Risueña y el anciano.

- Pues yo creo que valdría más muerta – dijo el soldado, sin mostrar un ápice de emoción – Podría aprovechar la poca carne que le queda...

Ante esa última frase, Chispa quedó muy rígido, con la humeante pipa en la boca. No quitó la vista del tal Godin, que ajeno a ello, había cogido uno de los cuchillos de cocina y se había puesto a rascar la suela de una de sus botas, separando grandes trozos de barro.

—No hagas caso a Godin. En ocasiones hace gala de un humor...demasiado ácido– terció el capitán, cambiando de tema.

El pelirrojo, Gareld, que había estado tumbado hasta entonces, se incorporó, semitendido, apoyando los codos en la hierba.

- Dices que te ganas la vida cantando canciones y contando historias, ¿verdad? - Había algo en su voz. Un tono burlón que no podía ocultar. – Venga, viejo, cántanos algo.

Chispa no contestó en seguida. Se limitó a dar una larga calada de su pipa, mientras se miraba los pies.

El capitán le tocó el hombro, con un gesto sorprendentemente amable.

- Si, ¿por qué no? Muéstrenos algo de su talento, señor Chispa -

El anciano balbuceó algo.

- Esto, yo...-

Al alzar la vista de nuevo, observó como el capitán lo miraba con expresión intimidante, la mandíbula marcada, los ojos fijos en los suyos.

Así, Chispa acabó contándoles la historia de cómo Tinüviel el Pálido había logrado pasar la noche junto a la sultana de Amr-Rabbash, había sido capturado y aún así se las había ingeniado para salir ileso, una de sus favoritas.

Terminó su improvisada actuación cantándoles su más reciente creación, la balada de Risueña.

Lo cierto es que resultaron ser unos oyentes muy educados. Pero en cuanto hubo callado, un extraño silencio se apoderó del ambiente.

No hubo aplausos, ni siquiera alguno tímido. No hubo sonrisas.

Por un momento, se miraron unos a otros y en otro gesto que parecía bien entrenado, todos se levantaron, uno a uno. Chispa los observó, y no supo hacer otra cosa que imitarlos torpemente, ayudándose de su vara.

Se hizo un incómodo silencio. El capitán lo observaba, sin mostrar emoción alguna. Se le marcaba tanto la mandíbula que parecía estar mordiéndose sus propias muelas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.