Crónicas de Illodia I : Al otro lado del Velo

Capítulo 9: Sospechas fundadas

- Maerin, cielo. Tráeme una de esas...No, aquella no, la azul -

La voz temblorosa de Miriena, la abuela de Vaan, se escuchaba desde su rincón en el salón, donde ojeaba las últimas páginas de ''El Mar del Archipiélago y su fauna''.

Habían pasado unos días desde aquella noche en la taberna de Barrigacero y aún le dolía la cabeza cuando lo recordaba. La resaca había sido terrible.

El dolor remitía siempre que recordaba a Siriena y su invitación a la Casa Consistorial. Por las tardes. Le había dicho.

Y aquella parecía mejor que muchas.

Había estado atareado ayudando a Levian y Ludvian con el ganado, practicando el tiro con arco y yendo y viniendo a la ciudad como recadero.

- Quizá éste sea tu camino, hijo – le había dicho Sonya, su madre, con una amplia sonrisa.

Lo cierto es que a Vaan le gustaba cabalgar, sentir el gélido viento en las mejillas, el renqueante pero experimentado trote de Yunque.

Tanto como para dedicar su vida a llevar recados de aquí para allá...Bueno, eso no era lo que él habría elegido.

''Elegido'' se dijo Vaan.

Pese a que sabía perfectamente que el sahen y el sahendir se basaban en el deber y no en la elección, Vaan siempre se las arreglaba para entenderlo como a él le viniera en gana.

Preferiría no tener ni que elegir, ni verse obligado a seguir una única, aunque honorable senda el resto de su vida.

Aquello le ponía enfermo tan sólo de pensarlo.

Cerró finalmente la tapa del viejo libro. Le dolían la yema de los dedos, fruto de su entrenamiento con el arco.

Ignoraba si su padre volvería a contar con él para la siguiente jornada de caza. Aunque era la persona más gentil y paciente que Vaan había conocido, estaba seguro de que lo ponía en evidencia frente al gremio al insistir en llevarlo consigo.

Llegaría el momento en que perdería el interés por hacer que Vaan fuera el único hijo en seguir su sahendir.

Pronto comenzarían las ventiscas del tercer mes de Iuvël y las presas escasearían. En esas semanas las jornadas eran más largas y las partidas, más numerosas.

Se preguntaba si su padre lo vería como un estorbo, si aquella insistencia nacía de la lástima. Detestaba que lo compadecieran, incluso dentro de su propia familia.

La voz aguda y temblorosa de su abuela interrumpió aquellos pensamientos.

—¡Ven, niño! —le dijo, a través de una boca donde había más huecos que dientes—. Tengo una tarea para ti.

Vaan ya vislumbraba la entrada norte de la ciudad, rodeada por una muralla semiderruida. Era pasada la media tarde y oscurecería pronto, así que azuzó un poco más a Yunque, el caballo más viejo de su familia. Con suerte, podría pasar unas horas con Siriena y descubrir qué era lo que quería mostrarle.

No muy lejos de La Dama y el Jabalí se encontraba la iglesia altheriana, sobria y severa, levantada sobre lo que había sido un antiguo templo illodiano.

En Nornodia apenas quedaban sacerdotes que la usaran, de modo que solía servir como almacén o como lugar donde terminar felizmente una cita. Era la construcción más grande de Dressen y, sin lugar a dudas, la más desaprovechada.

Las calles que partían de la plaza central de la ciudad se extendían de forma radial y algo caótica, estrechas y empedradas, cubiertas casi siempre de barro, hielo o ambas cosas a la vez.

El olor a establo, a humo húmedo y a hierro candente era constante. Las caballerizas y la guarnición del rey ocupaban buena parte del sector oriental, pues Dressen vivía pendiente de la frontera y del ir y venir de patrullas, mensajeros y caravanas de suministros.

Mientras ralentizaba el paso de Yunque, se fijó en que había grupos de soldados de aquí para allá, atareados y bien uniformados. Como si se estuvieran preparando para combatir. ''Estarán entrenando alguna maniobra'' se dijo Vaan.

El viejo muro que rodeaba la ciudad, levantado siglos atrás con bloques de procedencia illodiana, apenas serviría para resistir un asedio serio. Era relativamente bajo, irregular y estaba derrumbado en algunos tramos. Servía más como límite simbólico que defensivo.

Así pues sobrevivía Dressen: encogida, áspera, resistente. Una ciudad antaño importante que ahora apenas resistía bajo la sombra de una frontera en constante conflicto.

Vaan tenía prisa por alcanzar la sastrería, situada en una de las muchas bocacalles radiales de la Plaza Central, antes de que cerrara.

No había mucha actividad y la mayor parte de los puestos se encontraban ya cerrados. Le pareció que aún era temprano, incluso para tratarse de Dressen.

Respiró hondo al llegar a la sastrería y comprobar que había luz en sus ventanales. Dejó a Yunque sin atar. Era un caballo bien entrenado, a fin de cuentas.

Algo no debía ir bien en la frontera, o en las relaciones con los países vecinos, o en ambas cosas, porque el precio de los utensilios de costura había subido considerablemente. En Nornodia, la gente estaba educada en el sahendir y solía acatarlo todo con una entereza casi obstinada, siempre que fuera en nombre del Rey-Sahen.

Recordó lo que Siriena le había dicho días atrás en La Dama y el Jabalí: el general Mormondir estaba usando la biblioteca de Trajdressen como enfermería. ¿Y si estaba viendo las señales de que algo iba terriblemente mal? ¿Y si corrían peligro?

¿Estaría bien su hermano Vanderl? Tenía entendido que había sido destinado a Hjaldren, a algo más de dos días al sureste.

Llevaba tiempo sin comunicarse, algo que ya había ocurrido antes. La instrucción y los primeros años como soldado-explorador del rey eran duros.

Vaan tenía la incómoda sensación de que su intuición no le engañaba. Algo no iba bien. Había algo escondido en el aire. Como una advertencia a quien tuviera la suficiente libertad para verla.

Él, libre como era, la veía clara. Tendría que hablar con su familia a su vuelta, para contarles lo que había visto.

La Casa Consistorial se alzaba al noroeste de la plaza. Allí vivían el alcalde Roion Vaernic y su hija. Roion no era un mal hombre, pero le costaba congeniar con cualquiera que se apellidara Hjörndal. Al igual que los de su familia encontraban difícil verlo con buenos ojos a él.




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