La pureza de mi sangre no puede ser mancillada por diez almas vacías.
He sido testigo de los primeros haces de luz.
He sentido el frío de la nada.
He sentido el calor de tu gracia.
Los primeros vestigios de mi aliento.
He caminado los verdes caminos que sembraste.
Guié a mi pueblo hasta los campos sagrados de Ilodi’s Raentha.
Las mil flores guían sus pétalos hacia tí los días soleados.
Los mil frutos dan de comer a tu progenie, dos veces por ciclo.
Alcé las diez torres en honor a tus hijos.
La madre por encima de todas las demás.
Orgullosa y terrible.
Fuimos al encuentro del acero, la sangre y el fuego.
Por mis venas corrió tu sangre violeta. Mi pecho respiró las cenizas de tu Primera Hija; La verdadera.
Lloré la muerte de la Madre Anathien y fui la mano de tu venganza. La temida Lanza de tu fuego eterno.
Tu ira fue la mía.
Abrí el vientre de la misma tierra que vislumbras desde tu trono eterno.
Por entonces, me llamaron Ajaii El Ilonel’duminë.
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Editado: 28.01.2026