Crónicas de Luminara : El Origen

CAPÍTULO 4 : Antes de Cruzar

“Toda travesía comienza mucho antes del primer paso.”

El palacio de Luminara no entró en caos; pero sí en movimiento.

Cuando el Gran Maestro salió de la biblioteca, la energía del lugar comenzó a reorganizarse casi de inmediato.

Los pasillos que antes parecían dormidos se iluminaron, puertas selladas despertaron con suaves destellos, y en lo alto de las torres, las estrellas guardianas giraron levemente, como si ajustaran su posición.

Lord caminaba a su lado con paso firme, repasando mentalmente cada protocolo.

—Activaré la Torre de Preparación —dijo—. Las herramientas deben alinearse con la coordenada correcta.

—Y los errores deben evitarse —añadió Búho, acomodándose las plumas—. Especialmente los pequeños.

La ardilla, que había aparecido como si nada justo detrás de ellos, levantó una ceja.

—¿Pequeños errores? —repitió—. ¿Como olvidar una cosa diminuta que nadie nota?

Los tres se detuvieron.

El Gran Maestro la miró con calma… demasiada calma.

—Ardilla —dijo—. ¿Tocaste algo?

—¡No! —respondió ella de inmediato—. Bueno… no importante. Solo miré. Con mucha atención.

Lord suspiró.

—Eso nunca es buena señal.

Llegaron a una sala amplia, circular, cuyas paredes estaban cubiertas de símbolos antiguos.

En el centro se alzaba una mesa de cristal vivo, y sobre ella comenzaron a aparecer objetos, uno por uno, como si el palacio mismo los estuviera convocando.

—Las herramientas de acceso —anunció el Maestro—. Nada más y nada menos.

Búho se acercó con la mirada atenta.

—Polvo estelar calibrado —leyó—. Hilos de enlace. Fragmentos de luz sellada. Cápsulas de retorno…

—¡Ah! —interrumpió la ardilla—. ¡Yo cargué esas cápsulas una vez! Bueno… algunas. Perdí otras. Pero fue por una buena causa.

—No hay causas buenas para perder cápsulas —dijo Lord con firmeza.

June apareció en el umbral, sosteniendo su cuaderno contra el pecho.

—He registrado la secuencia de preparación —informó—. Si el acceso se abre sin el orden correcto, el cruce podría ser… inestable.

La ardilla inclinó la cabeza.

—¿Inestable como “mareado” o inestable como “desaparezco”?

—La segunda —respondió Búho sin dudar.

—Ah —dijo ella—. Entonces prometo no tocar nada.

Todos la miraron.

—Nada —repitió—. Bueno… casi nada.

El Maestro levantó la mano, y el murmullo cesó.

—Escuchen con atención —dijo—. El tesoro no solo se desplazó.

—Se protegió. Eso significa que el acceso no será sencillo.

Tocó uno de los símbolos de la pared, y una proyección de luz apareció en el aire: un umbral incompleto, rodeado de marcas antiguas.

—El cruce requerirá precisión —continuó—. Una sola herramienta fuera de lugar podría alterar el resultado.

La ardilla alzó la pata lentamente.

—Pregunta rápida —dijo—. ¿Quién va a cruzar?

El Maestro la miró.

—¿Ardilla, ya vas a empezar? Obviamente... yo.

El silencio fue inmediato.

—¿Irá solo? —preguntó June.

—¿Solito, solito? —añadió Búho.

—¿Sin mí? —dijo la ardilla, claramente ofendida.

—Sin ti —confirmó el Maestro.

—¡Eso es injusto! —protestó ella—. ¡Yo soy excelente cruzando lugares prohibidos!

—Precisamente —respondió Lord.

El Maestro esbozó una leve sonrisa.

—Este cruce requiere algo más que curiosidad —dijo—. Requiere responsabilidad.

La ardilla cruzó los brazos y murmuró algo incomprensible.

Mientras tanto, las herramientas comenzaron a alinearse solas.

El polvo estelar flotó suavemente; los hilos de enlace brillaron, y una pequeña llave de luz apareció sobre la mesa... girando lentamente.

June la observó con atención.

—Esa llave… no la había visto antes.

—Porque no siempre aparece —respondió el Maestro—. Solo cuando el tesoro lo permite.

El aire vibró.

—Entonces —dijo Lord—. ¿Estamos listos?

El Maestro tomó la llave.

—Aún no —respondió—. Antes de cruzar, debemos asegurarnos de que todo quede en orden aquí.

La ardilla levantó la vista, alerta.

—¿Eso incluye vigilarme?

—Especialmente eso —dijo Búho.

Ella sonrió, traviesa.

—Pues buena suerte.

Y mientras el palacio terminaba de prepararse, una cosa quedó clara para todos:

El cruce estaba cerca… y nada iba a ser tan sencillo como parecía.




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