Pasado
«Hace aproximadamente diez siglos, el rey Nicolás I, creó su propio Reino, en contra de todo pensamiento y moral del superior.
Este, cansando de seguir una orden tras otra, y otra. Decidió que había sido suficiente, cambiando así su dirección y rumbo, dando lugar al Reino de Laughtia.
Al principio, todo pintaba bien, todo iba muy bien, lo que nunca vio venir el rey es que se estaba ganando un nuevo enemigo, uno grande. El reino de Comheterth, el único Reino qué, para la época estaba lo suficientemente desarrollado como para ser llamado "superior". Sin embargo, con el tiempo Laughtia se volvió más poderoso y fuerte, pero manteniendo aquella nefasta rivalidad, provocando guerras entre ambos.
Así se mantendría durante algunos años, por lo menos hasta que el rey Nicolás, cansado, crearía así un tratado de paz que nadie se ha atrevido a quebrar. Y, aunque dicha rivalidad sigue presente, ambos reinos están esperando a que alguien o algo, de un paso en falso, para así acabarlo» .
Finalicé la historia.
—Madre, ¿Cómo te convertiste en reina de Laughtia—preguntó Diana, mi pequeña.
—Es complicado de explicar, cielo—le respondí con ternura.
—¿Algún día yo me encargaré de Laughtia?—preguntó Aleik, mi hijo mayor.
—Por supuesto, cariño—.
—¿Y dónde está papá?—pregunto otra vez Diana.
—Está en su oficina. Atendiendo labores, bonita—.
—¿Puedes contarnos otra vez su historia?—pidieron ambos.
—Mañana. Ya es hora de dormir—.
Ambos hicieron un puchero tan lindo que me arrugó el corazón.
—Buenas noches, niños—.
—Buenas noches, madre—respondieron al unísono.
Son mis pequeños diablillos, pero eso no hace que los quiera menos.
Sigo caminando por los pasillos, antes de detenerme en la puerta de la habitación matrimonial, estaba por entrar cuando una voz masculina se detiene a mi espalda.
—Qué día—exclama con cansancio mi marido, Alek. Mientras me voltea con delicadeza, antes de abrazarme muy fuerte.
—Lo sé, deberíamos descansar—le digo mientras entramos a la pieza.
—Pero yo no quiero descansar—dice, sonriendo de medio lado.
—Pero yo sí—reclamo.
—¿Y si hacemos el tercero?—dice sin dejar de sonreír.
Lo miré con una ceja enarcada.
—En lugar de estar pensando en eso, más bien cuéntame cómo van los tratados entre los reinos vecinos—le reproché, a lo que él me puso mala cara.
—Es complicado, Aria. Hacer negocios con el reino de Vesperum, es más difícil de lo que pensé—.
—¿A qué te refieres?—pregunté.
—Ningún reino actúa por benevolencia, todos piden un precio a cambio—.
Asentí, porque es algo extremadamente lógico.
—¿Y entonces, que ha sucedido? ¿Qué es lo que quieren a cambio?—.
—La mano de Diana—suspiró.
—Alek, Diana todavía es una niña—mantuve la calma.
Si algo me ha enseñado todo este tiempo de casada junto a Alek, es que sin duda, hay que mantener la calma y pensar con la cabeza fría.
—Lo sé, Aria. Pero el Rey de Vesperum, Arnold, tiene un primogénito, tres años mayor que Diana—.
—¿Va a esperar a que Diana cumpla los diecinueve años, para lanzarla a su primogénito?—pregunté con desdén.
A pesar de que Vesperum, no era un reino enemigo como tal, desde que yo era tan solo un niña, varias veces me han repetido que es un rival potente.
—Si llegamos a un acuerdo, no sería a los diecinueve, tal vez a los veintitres o veinticuatro—.
—¿Y Arnold está dispuesto a esperar todo ese tiempo?—.
—No lo sé, pero es preferible eso a qué se termine aliando con Comheterth—.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo ante la mención de ese nombre.
Comheterth, desde hace mucho tiempo, específicamente, desde que Nicolás I fundó a Laughtia, ha estado en contra. Puesto que Laughtia, fue el primero de los ocho reinos restantes que se libraron del yugo de Comheterth.
Al rey de aquella época, no le gustó para nada ese acto de rebeldía, desde entonces, Comheterth ha tomado un profundo interés en destruir a los tres reinos principales.
Laughtia, Vesperum y Nox.
Los padres fundadores.
Los cinco restantes, solo son, por así decirlo como subreinos de los tres principales.
—Pero por ley, el trono le corresponde a Aleik, él es el primer hijo—anuncié angustiada.
—Tengo otros planes para Aleik, será el caballero de Diana. El encargado de su seguridad, y de todos los hombres del ejército.—.
—¡Es una locura, Alek!—.
—No, cariño. No es una locura. Comheterth es un reino sangriento, agresivo y brutal. Es solo cuestión de tiempo hasta que la paciencia se les agote—.
Suspiré.
—¡Enviarás a Aleik al matadero, y a Diana a la cueva del lobo!—exclamé.
En los ojos de mi esposo observé la frustración, el enojo, la preocupación y un sin fin de emociones que no me dejaron tranquila.
—Habrá una guerra, Aria. Entiende, por favor. Y, a menos de que aceptemos el trato con Vesperum, no tendremos muchas oportunidades. Vesperum está especializado en armas, combates, hechizos destructores y armaduras casi impenetrables. Nada nos asegura que de aquí a veinte años, no sean, como mínimo, inmortales con esas armaduras puestas—.
Estoy segura de que Alek me vió dudar, porque continuó hablando.
—Si Vesperum se hace aliado con Comheterth, le entregará todas esas ventajas. Y, no te niego que somos poderosos, pero podemos serlo aún más con Vesperum de nuestro lado—.
Suspiré, derrotada. Sé que esto le afecta lo suficiente, pues son sus hijos. Además que, no es solo nuestra familia, sino todo un reino por el que hay que velar.
—Entonces, cariño. ¿Entiendes por qué esto es tan importante para nuestro futuro?—murmuró Alek, con una suavidad y calma que envolvían a cualquiera.
Si hay algo que siempre he admirado de mi esposo, es su capacidad para crear ideas. Es un buen estratega, y siempre piensa en lo que puede pasar en el futuro. Por más descabelladas, y extrañas que suenen, siempre dan resultado.