Nota, antes de leer:
Bueno, es mi primera vez escribiendo fantasía. En realidad, no estoy segura si este libro en algún momento llegará a tener más visualizaciones a parte de las que hago yo (manifiesto que sí). O saldrá de mis borradores.
Independientemente, quería que supieran que el libro tendrá dos puntos de vista, y en teoría es el primero de una pequeña serie llamada “Imperio”, todo depende si logro terminarlo, o siquiera publicarlo.
Tampoco se van a encontrar con un lenguaje extremadamente formal, es decir, "os, vosotros, habéis", y cualquier otro pronombre. En las etiquetas, digo «relativamente moderno», por lo mismo.
En este primer capítulo, les pongo el nombre y apellido de Diana, para el próximo, solo tendrá el nombre «Diana». De igual manera, cuando narre por primera vez el protagonista, sería el nombre y apellido, en los siguientes capítulos únicamente el nombre.
Dicho esto, ¡disfruta la lectura!
Actualidad
Diana de Laughtia
Cuando pienses «el día no puede ir peor», recuerda que el día, siempre, SIEMPRE puede ir peor.
Ni que lo digas.
Cuando desperté, me estaba observando el rostro de idiota de Aleik, mi hermano.
Por si fuera poco, me encontraba sudada, con la boca pastosa, la garganta seca y mechones de cabello blanco pegados a mi frente.
—¿Qué quieres?—le había dicho a Aleik.
—Buenos días, estrellita. ¡La tierra les dice hola!—se burló, lo cuál terminó conmigo intentando darle con una almohada a su perfecto rostro.
Sin embargo, como buen guardia, sus reflejos eran bastante rápidos.
—Vaya, tal parece que hoy hemos amanecido agresivos—.
Suspiré, mientras me pasaba una mano por mi rostro.
—¿Qué sucedió?—repetí.
—Papá y mamá quieren vernos—.
—¿Qué?—.
—¿Ahora eres sorda?—dijo mientras ponía los ojos en blanco.
Ojalá se le queden así.
Creo que Aleik se dió cuenta de que estaba acabando con los límites de mi paciencia, porque enderezó su espalda y se aclaró la garganta antes de repetir.
—Papá y mamá quieren vernos—terminó, su voz tornándose sería.
—En veinte minutos estoy abajo—.
Aleik asintió, dió media vuelta y se fue.
Que mis dos padres quieran hablar conmigo, no me deja tranquila. Y, fue tanto mi sentimiento de ansiedad que efectivamente, en veinte minutos, me encontraba en el comedor del palacio.
—¿Bueno?—dije mientras tomaba asiento.
Mi madre, despegó los ojos de mi padre para observarme.
La reina Aria, era una mujer hermosa, cabello de color ceniza, ojos verdes, brillantes, y un aura de tranquilidad y amabilidad.
Aleik y mi padre guardaron silencio. En el ambiente, era palpable la tensión. Lo cuál no hizo más ponerme aún más ansiosa.
—Tenemos algo que contarles—inició papá, mirándonos a Aleik y a mí.
Mamá solo asintió, la mirada anclada al Rey.
—Diana, te casarás con el primogénito de Vesperum—soltó mi padre.
Mis músculos se pusieron tensos, mi respiración se cortó y mis ojos se abrieron.
—¿Cómo dices?—dijo susurrando Aleik.
Papá suspiró, y mamá me miró con compasión.
—Diana, es cuestión de tiempo para que Comheterth pierda la nula paciencia que tiene y decida armar una guerra—explicó el rey.
Mi corazón latía con fuerza dentro de mi pecho.
—¿Y yo que tengo que ver?—.
—Una alianza con el reino de Comheterth, nos proporcionará sus caballeros, sus armas y habilidades—.
—¿Soy entonces la moneda de cambio de Laughtia?—inquirí.
—Moneda de cambio, suena terrible—.
—¿Entonces?—.
—Las grandes responsabilidades, conllevan sacrificios aún más grandes—.
—¿Y Aleik, no se supone que él es el primogénito?—.
—Lo es, sí. Pero tomará el lugar de guardia real. Es decir, tu guardia real—.
Me giré hacia mi hermano, que no había vuelto a decir palabra alguna.
—¿Estás de acuerdo con eso?—.
Aleik solo me miró, sé que estaba tratando de unir todas las piezas en su mente.
—Aleik...—presioné.
—Estoy de acuerdo, estoy de acuerdo si eso implica acabar con Comheterth—respondió al fin.
En mi padre, noté la mirada de satisfacción que le daba a Aleik.
«Así piensa un rey...»
Miré a mamá, buscando un signo de objeción, o cualquier cosa que me sirviera de apoyo.
Nada, no encontré nada. Tan solo una mirada de preocupación, sin embargo, empezó a hablar.
—Hija, entiendo que esto debe ser difícil para ti... Pero es por el bien del reino, del pueblo, por el bien de nosotros mismos. Si es un matrimonio arreglado, no tiene por qué ser tan complicado—intentó decirme.
—¿Cómo es posible que vaya a casarme, y ni siquiera conozco a mi prometido?—enfatizé, haciendo unas comillas con mis dedos.
—Eso se puede resolver—.
Lo miré fijamente, haciendo que continúe.
—Hay dos opciones, o él puede venir a Laughtia... O tú puedes ir a Vesperum—.
Ir a Vesperum, el reino sombrío, sin colores y medio muerto.
—Vesperum es horrible. Pareciera que ahí solo viven ánimas—.
—Vesperum es un reino de guerreros, que su vibra sea oscura, es totalmente entendible—.
—Prefiero que venga él a Laughtia, a ver si aprende un poco sobre el color—murmuré.
—Entonces, ¿Estás de acuerdo?—preguntó mamá.
—¿Tengo alguna otra opción?—.
—No. Es eso, o perder la alianza con Vesperum—finalizó papá.
Aleik me miró con compasión, sabía que esto sería bastante complicado.
Suspiré, derrotada. Ya no tenía nada más que hacer.
—Bien. ¿Cuándo ha de venir?—.
—Mañana—contestó mamá.