El Génesis.
En el comienzo de los tiempos, ese ser, —al que quizás te guste llamar: Dios, Buda, Jebús, Shiva o la simple casualidad— creó el mundo. Ya la conocen, dijo: “hágase la luz” y la tierra brilló; sí, esa historia. Luego, se supone que le tocó inventar a todos y cada uno de los animales que conocemos, y así lo hizo. Sin embargo, no le bastó con crear una única especie. No, decidió darle a cada una de sus creaciones su propia particularidad. Diseñó a algunos para que fueran capaces de surcar el cielo, a otros les regaló el mar, y a otros les enseñó a galopar.
Del mismo modo, en alguno de esos largos siete días, creó al humano e hizo exactamente lo mismo. Repartió entre los hombres una diversidad de dones y debilidades, para que jamás pudiera hallarse a un humano igual a otro. Fue así como algunas personas obtuvieron la capacidad de sobresalir entre los demás. Hubo quienes fueron capaces de volar, de nadar, de correr. Mientras que otros, nos tuvimos que dignar a arrastrarnos sobre el suelo…
Bueno, se darán cuenta que la teología no es lo mío, ¿verdad? Honestamente, llevo años sin asistir a una iglesia (tengo miedo de quemarme al pasar la entrada). Sin embargo, esta comparación me parecía tan bonita que no podía dejar pasar la oportunidad.
Ya se habrán dado cuenta de la temática de hoy: no todos somos iguales. ¿Qué pasa cuando no todos iniciamos del mismo punto? ¿Está mal querer ser como los demás, querer tener lo que ellos tienen? ¿Podemos lograr alcanzar a aquellos que han nacido con dones y ventajas de los cuales carecemos? ¿Qué debemos hacer si nuestros sueños están fuera de nuestros alcance?
Sin entretenerme más, ¿comenzamos?

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Genios y brutos
Empecemos con la triste y cruda realidad: no todos somos genios.
Según la Real Academia Española, un genio es: “una persona dotada con una capacidad mental extraordinaria para crear o inventar cosas nuevas y admirables.” (Y también se refiere a ellos como hombres azules que viven dentro de lámparas y conceden deseos). Pero, ninguna de esas definiciones me gusta. Así que (como el blog es mío y puedo jugar con el lenguaje como me plazca) durante este capítulo utilizaremos lo siguiente:
Genio: Es aquella persona dotada de una capacidad superior, ya sea mental, física o creativa. Es esa persona que domina en un campo o área y que salta a la vista su extrema habilidad. — Nicks Glossary.
Y también definiré lo siguiente:
Brutos: Somos todo el resto de personas quienes dominamos una determinada habilidad de forma promedio o inferior. Al compararnos con los genios resulta incluso más evidente nuestra “incapacidad” — Nicks Glossary.
Creo que casi no hace falta que ejemplifique, todos hemos conocido a uno de esos en la vida. Un genio que, con tan solo verlo actuar, nos hace sentir como el más bruto entre los brutos. Adelante, piénsalo un segundo. ¿Qué genio recuerdas haber conocido? ¿Algún familiar más pequeño que tú pero que a pesar de ello puede vencerte fácilmente en una partida de ajedrez (o el juego que te guste)? Tal vez algún compañero con el que trabajaste, ese que siempre terminaba más rápido que tú y hacía parecer que no fuera nada. O quizá algún amigo/a, ese que cada vez que salen de fiesta logra ligar mientras tú te quedas mirando como un pringado desde la barra (que bruto me siento cuando pasa eso). ¿Lo recuerdas? ¿Cuándo fue la última vez que viste a alguien desenvolverse con tal soltura en algo que te preguntaste a ti mismo: “y qué diablos pinto yo aquí”?
En mi caso, suelo verlo fuertemente en los deportes. Lo admito, soy un fiasco para todos ellos. No soy atlético y tengo menos coordinación que un cirujano con hipo. Por eso suelo notarlo allí. Al jugar al fútbol con mis amigos y, sobre todo, cuando llega alguien que realmente sabe moverse. Uno de esos tipos que podría enfrentarse solo contra los otros nueve y aun así ganaría, de esos que realizan un gol en cuanto la pelota toca sus pies. Entonces me doy cuenta de la diferencia y me pregunto, muy seriamente: ¿por qué estoy jugando si ni siquiera sé cómo pegarle a la pelota?
No solo ocurre en los deportes, también hay personas extremadamente buenas en otros ámbitos. Los hay quienes son genios de las matemáticas, o prodigios de la pintura, o incluso son asombrosamente buenos escribiendo.
También puede ocurrir lo opuesto, que nosotros simplemente seamos brutos. La mayoría tenemos una o dos cosas en las que somos inevitablemente brutos. Cosas que nos salen mal, por más que todo el mundo diga que es muy fácil, provocando que nos sintamos aún más torpes. Es nuestra debilidad preinstalada, como si directamente viniéramos con ese defecto de fábrica. En mi caso, ya lo dije, son los deportes. Allí me siento el más tonto de los tontos. Todo mundo puede jugar medianamente bien y yo sin siquiera saber cómo hacer un pase. En fin, a veces somos simplemente brutos…
Es normal sentirse frustrado cuando nos damos cuenta de esta diferencia. Después de todo, es difícil admitir que hay personas que nos superan e incluso peor es darnos cuenta de que somos más tontos que los demás.
Pero antes de continuar, debo preguntarte: ¿te has sentido así alguna vez? ¿O solo yo lo he notado? (Quizá sobre pienso demasiado)
