Yo los vi llegar.
Humanos que olían a feria y a promesas rotas. Caminaban tomados de la mano, riendo como si el mundo fuera un espectáculo inofensivo. No sabían que cada paso los acercaba al silencio, a la maldición que yo vigilo desde que el primer árbol echó raíz.
Aquí, en Quistalyn, los rostros se esconden tras el hierro. Las miradas matan más rápido que las dagas, y el amor... ah, el amor es el único filo capaz de cortar el hechizo.
Pero no todos sobreviven al filo. Algunos encontrarán el amor. Otros, el fin. Y yo... yo me alimentaré de cada destino.
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Editado: 13.01.2026