Haelyn Burnet
Vamos, ¿por qué no corre el tiempo? El gran reloj al frente del aula parece burlarse de mí, marcando cada segundo con una lentitud insoportable. Está a punto de señalar las doce en punto, y eso significa muchas cosas, pero en resumen, solo una palabra resuena en mi cabeza:
Vacaciones.
El profesor Greedy sigue hablando con la pasión de quien cree que alguien lo escucha. Divaga sobre el proyecto final que debemos entregar al regresar, un proyecto que —soy plenamente consciente— terminaré en los últimos cinco días antes de volver.
Lanzo otra mirada al reloj. Veinte segundos. Giro la vista hacia mis compañeros: todos contienen la respiración, con las mochilas listas para huir.
Regreso a la esfera plateada.
4... 3... 2... 1.
El timbre estalla como un disparo en una carrera y, sin darle oportunidad al profesor de terminar su frase, todos nos lanzamos hacia la puerta. Corremos por el pasillo, las hojas de las últimas anotaciones vuelan escaleras abajo mientras el director grita desde el vestíbulo y la auxiliar de limpieza nos lanza una mirada de absoluto desprecio. No la culpo; yo tampoco querría estar en su lugar.
—¿Qué harás estas vacaciones, Hae? —pregunta Alise, apareciendo a mi lado.
Alise es la típica chica brillante: buena amiga, aplicada, la que siempre tiene un resaltador a mano y un plan de respaldo para todo.
—Aún no lo sé. ¿Y tú?
—El proyecto, obvio —responde con una seguridad que casi admiro.
Sonrío. Es tan propio de ella pensar primero en eso.
La veo alejarse y, al girarme, entiendo por qué: Dylan viene hacia mí. Mi sonrisa se desvanece casi por reflejo, aunque cuando se acerca y me besa, finjo recuperarla.
—¿Todo bien, muñeca?
—Perfecto —contesto, tomando su mano—. ¿Tienes algo pensado para estas vacaciones?
—Claro. Yo siempre tengo algo en mente —dice mientras saca un chicle del bolsillo y empieza a masticar con desgano—Estaba pensando que podríamos ir a la playa, divertirnos, ya sabes... tú y yo, solos, bajo la luna.
Ahí vamos con las miradas "pícaras".
—Sí, tú, yo y los mosquitos disfrutando de nuestro buffet de sangre. Me parece encantador —ruedo los ojos.
—Por favor, muñeca, siempre me arruinas los momentos. ¿Qué tal si vamos de campamento con mis amigos?
—Está bien.
A veces me pregunto por qué acepto tan rápido, pero la verdad es que no quiero discutir.
Si soy sincera, no sé bien por qué sigo con Dylan. Quizá porque ha sido el único que se me ha acercado con intenciones distintas a "¿me pasas tu tarea?". No es que me sobre confianza para terminar con él y quedarme esperando al próximo, como si fuera Angelina Jolie en la alfombra roja.
Dylan me deja en casa, me despido y promete pasar por mí a las nueve para ir a cenar algo "delicioso". A veces temo su concepto de "delicioso".
Apenas abro la puerta, mi hermana me recibe como si regresara de una guerra.
—¡Finalmente terminaste! —me abraza con fuerza—Créeme, el próximo año de universidad será el más fácil, pasa volando.
—¿Cómo se supone que sea el más fácil si es el último? —arqueo una ceja.
—Confía en tu hermana mayor, que ya sobrevivió a eso —dice, poniendo cara de sabia.
—¿Dónde están mamá y papá? —dejo caer la mochila en el sofá.
—Salieron a hacer el súper. ¿Pasa algo?
—Solo quería decirles que no voy a cenar aquí hoy.
—¿No? —niego con la cabeza—Déjame adivinar: el estúpido de tu novio te invitó a comer fuera.
—Kaira, por favor —cruzo los brazos—No le digas así.
—Al menos admite que tengo razón. No sé por qué sigues con ese idiota.
—Porque es el único chico que se me ha acercado con esa intención. Si lo termino, me tocará meterme a un convento.
—Dios mío, Haelyn... qué poca fe te tienes. Si nadie se te ha acercado es porque eres tan hermosa que seguro les da miedo hablarte.
—Estás loca —suelto una carcajada.
—Mírate: ese pelo negro que contrasta con tus ojos grises, eres preciosa. Además, tienes buen cuerpo.
—Buen cuerpo —repito, con sarcasmo.
—Solo estás demasiado delgada por culpa de ese idiota, y porque ya te he dicho mil veces que necesitas ejercitarte.
—Soy anti ejercicio, lo sabes. Jamás haría nada que implique más esfuerzo que mover un cubo de un lado a otro.
—Eres un caso perdido —dice, entornando los ojos—Anda, sube y arréglate temprano para que no pase lo de siempre. Yo le aviso a mamá y papá.
—Te amo, hermanita.
Me observa mientras subo. Lo primero que hago es darme una larga ducha; dejo que el agua me limpie no solo el sudor, sino también el cansancio mental de fingir sonrisas.
Al salir, me detengo frente a la ventana. Me pierdo en el cielo que empieza a oscurecerse, imaginando cómo serán estas vacaciones. Probablemente tan aburridas como siempre... con el plus incómodo de Dylan.
Elijo un vestido gris ceñido, con delicados detalles plateados, y me maquillo de forma sencilla. Dejo mi cabello ondulado y suelto, como siempre.
Bajo al primer piso. Son las nueve en punto. Él no tarda en llegar.
—¿Estás segura de que vendrá? —pregunta Kiara desde el sofá, con esa mezcla de burla y preocupación que solo ella domina—. Es normal que los novios sean puntuales.
—Kiara, deja a tu hermana en paz, por favor —interviene mi padre sin levantar demasiado la voz.
—Papá, sabes que digo la verdad —responde ella, encogiéndose de hombros.
—No seas exagerada —suspiro, entrecerrando los ojos hacia el reloj—. Solo han pasado dos minutos desde la hora acordada.
—Está bien, si tú lo dices —murmura, aunque sé que sigue pensando lo contrario.
Y claro... minutos después me arrepiento de haber defendido a Dylan. Ahora faltan apenas siete minutos para las diez y él sigue sin aparecer. Siento la impaciencia mordiéndome la nuca, pero entonces el timbre suena y me lanzo hacia la puerta. Al abrir, él está allí, sonriendo como si no hubiera hecho nada malo.
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Editado: 13.01.2026