Haelyn Burnet
Zyran me obliga a ponerme de nuevo ese uniforme negro ajustado para entrenar. Apenas me estoy recuperando de ayer; siento los músculos rígidos, doloridos, como si cada movimiento fuera una traición a mi propio cuerpo. Estoy bastante segura de que hoy ni siquiera podré levantar los brazos sin que me ardan.
Aun así, esta vez consigo imponer una condición antes de que me lleve al matadero —como empiezo a llamar mentalmente al entrenamiento—: necesito ver a mi familia. Ayer, el agotamiento me lo impidió, y no pienso volver a pasar un día más sin saber cómo están.
Entramos juntos a un salón parecido al de ayer, pero mucho más amplio. El espacio es imponente, abierto, pensado para el combate. En cuanto mis padres y mi hermana me ven, vienen corriendo hacia mí. Me rodean con abrazos apretados, desesperados. El único que no se acerca es Dylan. Y todos sabemos por qué.
—¿Están todos bien? —pregunto, aferrándome a ellos.
—Sí, no te preocupes —responde mi madre enseguida.
—¿Y tú? —añade mi padre—. ¿Cómo llevas el entrenamiento?
—Estoy bien —contesto—. No soy tan débil.
Levanto la vista sin querer y conecto con los ojos de Zyran. Hay algo intenso en su mirada, algo que no sé descifrar. Aparto los ojos de inmediato.
—¿Cómo está Dylan? —pregunto en voz más baja.
—No lo lleva muy bien —me dice Kiara—. Está de mal humor todo el tiempo. Intentamos tranquilizarlo, pero le dura poco.
—Es comprensible...
Me adelanto hacia él con cautela.
—Dylan... al menos dime que estás bien. Que el entrenamiento no te está haciendo daño.
—No lo está —responde—. Pero no estoy bien, Haelyn. No lo estoy porque no estás conmigo.
Siento un nudo en el estómago. Levanto la vista y veo a Zyran observándonos. Está visiblemente molesto. Tenso. Mi corazón se acelera.
—Necesito que todo vuelva a ser como antes —continúa Dylan—. Quiero tocarte y—
Extiende la mano hacia la mía, pero me aparto de inmediato.
—Dylan, no —susurro—. Él está aquí. Es peligroso.
—¿Tengo que vivir con miedo de ese maldito? —escupe—. Escúchame bien: entrenaré día y noche hasta ser mejor que él, y entonces me vengaré de todo lo que me está haciendo pasar.
—Pero al menos te ha dado seg—
No termino la frase. Dylan se da la vuelta y se marcha.
Zyran aparece a mi lado en segundos.
—Un poco más y le rompo la cara.
—Eres un controlador —le espeto—. Solo estábamos hablando.
—¿Crees que no vi cómo intentó tocar tu mano? —me responde, con la voz baja y peligrosa—. Créeme, Haelyn, si no llegas a apartarte... le habría ido muy mal.
La forma en que me mira me deja claro que no exagera.
Por suerte, dos figuras masculinas entran en la sala y rompen la tensión. Ambos llevan yelmos. Deben ser los encargados del entrenamiento de mi familia.
—Haelyn —dice Zyran—. Él es Jack Munnet —el más alto alza el brazo— y él es Ethan Windsky.
Me fijo en los detalles: la hendidura de los yelmos. Jack es más alto, de ojos color miel. Ethan es más bajo, de ojos negros.
—Un gusto —saludo.
—El gusto es nuestro —responde Ethan—. Ya eres un poco famosa por aquí.
—Sí —añade Jack—. Zyran nos ha hablado mucho de ti.
Me giro hacia él, pero Zyran mantiene el rostro serio, impenetrable.
—No entiendo qué tanto pudo decir de mí en solo un par de días.
—Créeme —dice Jack—. Mucho.
—Ellos son los que están ayudando a tu familia y al imbécil —añade Zyran sin pudor.
Ruedo los ojos ante el apodo.
—Entrénenlos bien —ordena—. Deben sobrevivir. Y al imbécil... —hace una pausa— denle más trabajo innecesario. Que se agote.
—¿Qué? —pregunto alarmada—. ¿Por qué?
—Intentó tocar lo que es mío. Se merece un castigo. Solo serán unos días.
—Zyran, no —le digo—. No se lo merece por algo así. Déjalo en paz.
Me mira de lado, con una media sonrisa peligrosa.
—¿Y qué me darás a cambio?
—¿Qué...?
—¿Qué me darás a cambio? —repite, marcando cada sílaba.
Siento cómo se me seca la garganta. Miro a su alrededor. Mis padres y mi hermana observan la escena sin entenderla. Dylan nos ignora.
—Yo... no —murmuro.
—Entonces no lo haré —dice con frialdad—. Te espero en el mismo sitio.
Sin añadir nada más, se marcha. Me quedo allí, paralizada, intentando comprender qué acaba de pasar.
—No te preocupes —dice Ethan—. Se pone así cuando se molesta. Se le pasará.
—Con el tiempo dejará de ser tan... intenso —añade Jack—. Cuando confíe plenamente en ti. Lo que no puedo asegurarte es que deje de ser posesivo.
—Qué alentador —respondo con sarcasmo.
Respiro hondo y los miro a ambos.
—Por favor —les digo—. Ayuden a mi familia. Quiero que sean capaces de sobrevivir.
—Claro que sí, Haelyn —responde Jack—. Y aunque sabemos que Zyran te protegerá y entrenará bien... cuídate.
—Gracias. Y una cosa más... ¿ustedes son amigos de Zyran o...?
—Amigos —responde Ethan—. Aunque muchos creen que somos sus guardaespaldas por su forma de tratarnos a veces. Le debemos favores, sí, pero somos sus más cercanos amigos.
—Lo entiendo —digo—. Gracias por cuidar de mi familia. Y... por favor, no sean tan duros con Dylan.
—Lo intentaremos.
Asiento, agradecida, y me marcho tan rápido como puedo hacia el mismo lugar donde entrené ayer.
Zyran ya me está esperando
—Te demoraste —dice, sin levantar demasiado la voz.
—Estaba hablando con tus amigos.
Espero alguna reacción: una pregunta de más, un comentario posesivo, una sombra de molestia. Pero no ocurre. Zyran asiente apenas, como si el asunto no le interesara en absoluto. Supongo que confía en ellos. O que confía demasiado en sí mismo.
—Muy bien, comencemos.
✦ ✦ ✦
El entrenamiento vuelve a ser brutal. Exigente hasta lo inhumano. Zyran no cede ni cuando mi respiración se vuelve irregular, ni cuando las piernas me tiemblan, ni cuando le suplico —con orgullo— que se detenga un momento. Me obliga a seguir, una y otra vez, hasta que mi cuerpo deja de responderme.
#1278 en Fantasía
#209 en Magia
reinosmagicos, romance odio pasión intencidad drama, maldicones
Editado: 30.01.2026