Crónicas de un Reino Sellado

Capítulo 9

Haelyn Burnet

Nunca pensé que viajaría en carruaje.
Y sin embargo, aquí estoy.

Dijeron que Syquin no quedaba lejos, pero la sensación es distinta cuando el camino se estira hasta volverse interminable. El traqueteo constante, el polvo, el cielo que no cambia... siento como si lleváramos un día entero viajando, aunque sé que no es cierto.

Antes de salir, Zyran me explicó que existen dos academias Syquin. Enseñan lo mismo, pero están separadas. El único reino que cuenta con una formación completa de guerreros en Quistalyn, es el dominio de Thandor, el mismo reino que alberga un segundo castillo, gobernado por el hermano del rey Eryx. No quiso darme muchos detalles. Y no hizo falta. Su tono fue suficiente para entender que las relaciones entre ellos no son precisamente cordiales.

Eso significa que aquí se reunirán personas de los tres reinos.
Insistí hasta el cansancio para viajar con mi familia. Zyran prefería que fuera con él, montada sobre Astel, junto a Jack y Ethan, como su futura prometida. No estaba dispuesta a eso. Aún no entiendo del todo cómo aceptó que compartiera carruaje con Dylan.
Mi familia y yo viajamos en silencio casi todo el trayecto. No es incomodidad. Son nervios. Expectativa. Miedo.

—Haelyn —dice mi madre al fin—. Quería preguntarte algo... pero no en el castillo. ¿El príncipe te trata bien? ¿No te obliga a nada? ¿No te exige contacto o...?

—No —respondo enseguida—. Nunca lo ha hecho.

—Por ahora —interviene Dylan.

—No creo que haga nada en contra de mi voluntad —digo con firmeza—. Sabe que no me sentiría bien.

—Ahora lo defiendes —bufa.

—No lo defiendo. Solo hablo de lo que he visto hasta ahora. Tal vez mañana cambie, no lo sé. Pero está convencido de que soy su amor verdadero. No creo que haga algo que me lastime.

Dylan aprieta la mandíbula, molesto. No responde.
Después de eso, el silencio vuelve a instalarse entre nosotros como un muro.

✦ ✦ ✦

Cuando el carruaje se detiene y bajamos, la impresión me golpea de lleno.
La academia es inmensa.
Más grande de lo que imaginaba. Muros altos, estructuras amplias, patios que se pierden a la vista. Me cuesta creer que hayan necesitado construir otra igual. El lugar impone respeto... y algo más. Algo que pesa en el pecho.

Nos reúnen a todos frente a la entrada principal. Un hombre mayor se adelanta. Su postura es recta, su mirada severa. No necesita alzar la voz para captar nuestra atención.

—Presten atención —dice—. Syquin no es un honor. Es una responsabilidad.

Camina despacio frente a nosotros.

—Están aquí porque sus reinos los han enviado a prepararse para amenazas que aún no existen... o que ya existen y no pueden ser nombradas. Quistalyn permanece sellado por una razón. Lo que yace tras sus límites no debe cruzarlos, y lo que vive dentro no puede permitirse debilidad. Ese equilibrio se sostiene gracias a los vínculos con los Ynhar.

Trago saliva.

—Los Ynhar no son armas ni símbolos —continúa—. Son criaturas ancestrales, conscientes y peligrosas. El vínculo no se concede. No los elegirán ustedes, y tampoco obedecerán órdenes vacías. Si están aquí es porque se considera que podrían soportar ese lazo. No porque lo merezcan.

Qué alentador.

—Aquí entrenan guerreros de todos los reinos. Dentro de Syquin no existen banderas. Cuando una amenaza surge, no importa de dónde venga ni a quién beneficie. Lucharán juntos contra cualquiera que intente romper el equilibrio, desestabilizar Quistalyn o aprovechar la maldición de los Yelmos para su propio beneficio.
Empiezo a perder el hilo. El discurso es solemne, repetitivo.

—Si alguno cree que ha venido a salvar el mundo —añade, deteniéndose—, se equivoca de lugar. Syquin existe para impedir que el mundo se derrumbe. Eso es todo.

Se aparta.

Entonces una mujer mayor ocupa su lugar. Su mirada es aún más dura.

—Escuchen—dice—. La mayoría de ustedes no tiene poder ni Ynhar. Están aquí para prepararse, no para destacar.

Hace una pausa.
—Syquin funciona por niveles. Ustedes son iniciados. Su entrenamiento será físico, mental y teórico. Aprenderán a sobrevivir sin magia, a entender Quistalyn y a respetar lo que implica un vínculo con un Ynhar. No es un privilegio. Es una carga.

Mis dedos se tensan.

—Los estudiantes avanzados que verán ya despertaron su poder. No son ejemplos a seguir. Son advertencias.

El silencio se vuelve pesado.
—Habrá duelos diarios. No importa quiénes crean ser. Aquí solo importa quién resiste. Cuando llegue el momento, algunos despertarán. Otros no.

Nos observa uno a uno.
—Eso es todo.

Después del discurso, nos dividen a todos los iniciados.
Somos ciento doce en total, así que nos organizan en dieciséis escuadras de siete personas cada una. A su vez, cuatro escuadras conforman un sector. En total, cuatro sectores. Cada uno cuenta con un instructor principal, un área de dormitorios y un patio de entrenamiento asignado.

Mi sector es el número cuatro.
Escuadra tres.
Camino hasta mi habitación arrastrando el cansancio del viaje. Dejo mis cosas sobre la cama sin siquiera pensar en ordenarlas cuando un murmullo creciente me llama la atención. Voces. Muchas. Salgo y descubro que todos están fuera, reunidos en el patio.

—Hola —me dice una chica al acercarse—. Tú debes ser la prometida del príncipe.

Genial. Aquí también.

—Sí... eso dicen —respondo, sin entusiasmo.

—Oh, perdón —se apresura—. No quise incomodarte.

—No pasa nada —miento—. Está bien.

—Soy Noreen —dice, extendiendo la mano.

—Haelyn —respondo, estrechándola—. ¿Sabes por qué estamos todos aquí afuera?

—Estamos esperando a que nuestro instructor nos diga cuándo debemos irnos.

—¿Irnos? —frunzo el ceño—. ¿A dónde?

—Al primer duelo —explica—. Es como un reto de iniciación. Reúnen a todos los sectores y seleccionan a dos al azar. Supuestamente es para evaluar habilidades.




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