Haelyn Burnet
La mayoría de las personas lleva yelmo. No me sorprende: casi todos son jóvenes, y quienes superan los treinta, en su mayoría, ya han encontrado a su amor verdadero. Se mueven con una seguridad.
Distingo a Kiara junto a mamá y papá y me dirijo hacia ellos de inmediato.
—Hola —los abrazo a los tres—. ¿Han tenido suerte con la división?
—Tu padre y yo estamos juntos —responde mamá—. Sector uno, misma escuadra.
—Yo estoy en el sector cuatro, escuadra uno —dice Kiara.
—Sector cuatro, escuadra tres —contesto.
—Al menos estaremos cerca —sonríe.
—Cuídense mucho, mis niñas —interviene papá.
—Ustedes también, por favor —responde Kiara con seriedad.
Dudo un instante antes de preguntar:
—¿Saben algo de Dylan?
—Lo vi hace un rato —dice Kiara—. Creo que lo asignaron al sector dos.
Un nudo se forma en mi pecho.
—Está solo... debe sentirse fatal.
Mis padres asienten en silencio.
Entonces lo veo.
Zyran está a unos metros, hablando con Ethan y Jack. Una idea me atraviesa la mente, punzante, imposible de ignorar.
—Los veo después.
No espero respuesta. Camino decidida hasta él.
—Hola, Haelyn —saluda Jack con entusiasmo.
—Hola —respondo, también a Ethan.
—¿Qué se le ofrece a mi fu...?
—Sé que fuiste tú —lo interrumpo, sin rodeos—. Eres el príncipe. Tienes influencia. Mueves las piezas como quieres.
Zyran arquea una ceja, sorprendido solo por un segundo.
—Eso es cierto —admite—, pero ¿a qué viene todo esto?
—Separaste a Dylan de todos los que conoce. Acepto que lo mantengas lejos de mí, pero podrías haberlo dejado con mis padres. Al menos no estaría solo.
—Estás confundida, señorita Burnet —dice con calma—. Eso ha sido simple casualidad.
—¿Y se supone que debo creerte?
—Es curioso que desconfíes tanto de tu futuro esposo —responde, con una ironía que me crispa los nervios.
—Bueno... —Ethan carraspea—. Nosotros nos vamos.
—No es necesario —digo sin pensar—. Pueden quedarse.
—El imbécil estará bien —interviene Zyran—. No te preocupes tanto por él.
—A veces eres injusto —suelto.
Zyran avanza despacio hasta quedar lo suficientemente cerca como para que solo yo lo escuche.
—Ya te dije que estará bien —dice en voz baja—. Eso es lo único que debería importarte. No quiero que te intereses ni te preocupes por él. ¿Entendido?
—Eres un...
—Chicos —interrumpe Jack—. Todos están mirando. El primer duelo está a punto de comenzar.
Al girarme, confirmo lo evidente: varias miradas están clavadas en nosotros. Siempre será cuando me acerque a Zyran. Tomo distancia de inmediato.
—Nunca me explicaste los duelos de iniciación —le reprocho.
—Fue un detalle que olvidé mencionar —responde sin mirarme.
Ahora resulta que está molesto. Increíble.
—Tranquila —me dice Ethan—. Solo sirve para que los instructores evalúen habilidades. No define nada.
No sé si eso me tranquiliza.
Veo a Riven acercarse, pero se detiene al notar que estoy junto a Zyran. Me aparto y voy hacia él.
—¿Sucede algo?
—Solo quería presentarte al resto de la escuadra.
—Claro, vamos.
Antes de irme, miro atrás. Zyran observa la escena con disimulo, como si nada, pero sé que está atento.
Junto a Noreen nos esperan dos chicos y dos chicas más.
—Hola, yo soy...
—Haelyn Burnet —me interrumpe una de ellas—. Hemos oído hablar de ti.
Me extiende la mano.
—Iria Solenne.
—Maelis Thorne —se presenta la otra chica.
—Kael Rhyne —dice el chico rubio.
—Soren Hale.
Riven y yo somos los únicos sin yelmo.
—Así que esta es la escuadra tres —dice Noreen.
—Estamos completos —añade Riven.
Un grito de dolor corta la conversación.
Nos acercamos lo suficiente para ver el duelo. Uno de los combatientes está en el suelo, sujetándose el hombro en un ángulo imposible.
—¡Tiempo!
El mismo hombre de esta mañana anuncia el final del combate. El duelo dura diez minutos; quien quede más vulnerable al final, pierde.
—Riagon Gon contra Riven Valdyr.
Mi mirada vuela hacia Riven. No parece sorprendido. Tampoco asustado.
Un hombre robusto entra a la arena, armado con lanza y escudo.
Busco a Zyran entre la multitud. Está observando con atención absoluta, como si evaluara cada posibilidad.
Riven se adelanta. Ajusta las espadas en su espalda.
El instructor da la señal.Y el duelo comienza.
Riagon ataca primero, directo, sin rodeos. La lanza corta el aire con violencia y Riven apenas logra esquivarla, rodando por la arena. Contengo el aliento.
Riven se reincorpora con rapidez, demasiado para alguien que se supone nervioso. Avanza con cautela, girando en torno a su oponente, buscando un punto débil. Riagon embiste de nuevo, el escudo golpea el suelo, levantando polvo, y por un segundo temo que Riven quede atrapado.
Pero no.
Riven se desliza hacia un costado y una de sus espadas roza la pierna del hombre. No es un corte profundo, pero Riagon gruñe, molesto. La multitud murmura.
El hombre responde con fuerza bruta. La lanza impacta contra el arma de Riven y el choque resuena hasta donde estoy. Veo a Riven retroceder..
Mi estómago se encoge cuando Riagon logra empujarlo contra la arena. El escudo baja con brutalidad, demasiado cerca de su cabeza.
—Levántate... —murmuro sin darme cuenta.
Riven gira en el último instante, usa el impulso del golpe y se libera. Se pone en pie con la respiración agitada, pero sus ojos siguen enfocados, fríos.
Ataca.
Ambas espadas se mueven con precisión, rápidas, calculadas. Riagon pierde equilibrio por un segundo, el suficiente para que Riven lo desarme con un giro limpio. La lanza cae al suelo.
—¡Tiempo!
El instructor alza la voz.
Riagon queda de rodillas, jadeando. Riven se mantiene en pie.
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Editado: 26.07.2026