Crónicas de un Reino Sellado

Capítulo 14

Haelyn Burnet

Después de terminar con la instructora Sarah, nos dirigimos todos al comedor para almorzar. Como ya empieza a ser costumbre, nos sentamos juntos. Kiara estaba hablando con los miembros de su escuadra, pero le hago una seña para que se acerque un rato y, tras despedirse de ellos, se une a nosotros.

La comida no es tan buena como la del castillo, pero no está nada mal. Al final, sigue siendo parte del "prestigioso castillo del rey Eryx". Aun así, no puedo evitar que una idea me ronde la cabeza. Apenas se habla del hermano del rey, y mucho menos de su castillo. Lo que me resulta aún más extraño es que su territorio también se llame Thandor. Tengo entendido que está cerca, lo suficiente como para que su presencia se notara más. Son familia, después de todo.

La incomodidad vuelve a instalarse en mi pecho al recordar la conversación que tuve con Zyran días atrás y el leve cambio en su voz cuando le pregunté si tenía más familia.

—Aún no hemos terminado —se queja Maelis, empujando el plato—. Nos queda el duelo diario esta tarde.

—Cierto —dice Soren antes de dar otro bocado—, pero es solo uno. No debería durar mucho.

—Espero que no me toque —murmuro, más para mí que para los demás.

—Tranquila —me anima Kiara—. Es algo bastante aleatorio. No tendrás tan mala suerte.

—Ese es exactamente mi problema.

—No te hagas —dice Soren mirándome—. Hoy me diste pelea en el entrenamiento.

—Eso no significa nada.

—Bueno, ya —interrumpe Riven—. Dejen de pensar en eso. Deberían estar emocionados por esta noche.

—¡Sí! —exclama Noreen, iluminándose—. Lo había olvidado por completo.

Kiara y yo nos miramos, igual de confundidas.

—¿Olvidar qué? —pregunta ella.

—Recuerden que ellas no conocen las costumbres de aquí —aclara Iria con tono serio.

—¿Alguien quiere hacer los honores? —pregunta Soren.

Kael está a punto de hablar, pero Noreen se le adelanta, hablando tan rápido como siempre.

—Esta noche es la fiesta —dice sonriendo—. Inicio de año, celebración de una nueva generación de guerreros. Lo típico.

—Entiendo.

—Es el mejor momento para las chicas —añade Maelis—. Podemos usar nuestro mejor vestido y, con suerte, captar la atención de alguno de los amigos de tu príncipe.

Soren y Kael suspiran casi al mismo tiempo.

Kiara no puede evitar reír.

—¿Y tú, Iria? —le pregunto—. ¿No te apetece llamar la atención de algún chico guapo?

—Vine aquí a entrenar —responde cortante—, no a enamorarme ni a perder el tiempo.

—Vale, perdón —digo alzando las manos.

—Entonces, Haelyn —dice Maelis—, ya tienes un vestido para esta noche, ¿no? Seguro que la reina eligió algo precioso para ti.

La incomodidad me golpea de inmediato.

—No exactamente —respondo, un poco avergonzada.

—¿Cómo que no? —pregunta Noreen.

—No sabíamos nada —responde Kiara por mí—. No tenemos vestidos ni nada parecido.

Todas las miradas se posan sobre nosotras, incluso la de Iria.

—Supongo que, como no somos de este mundo, no iremos a la fiesta —suelto sin pensar demasiado.

—Por supuesto que irán —dice Iria—. Estudian aquí como todos los demás. Ya veremos cómo solucionarlo.

—Sí —confirma Noreen—. No se preocupen.

En ese momento veo a nuestros padres acercarse. Kiara y yo nos levantamos casi por instinto.

—Volvemos enseguida —le digo al grupo.

Ellos asienten.

—Nos vemos —dice Kael.

Encontramos una mesa vacía y nos sentamos los cuatro juntos.

—¿Qué tal el primer día? —pregunta papá.

—Bien —responde Kiara—. Ningún hueso roto.

—Por ahora —añado.

—Sí, aún queda el duelo diario esta tarde —dice mamá.

—Espero que no les toque a ninguna de ustedes —murmura papá, con una tristeza que no intenta ocultar.

Les tomo la mano, y Kiara repite el gesto.

—¿Y ustedes? —pregunto—. ¿Cómo les está yendo?

—A tu padre le va genial —dice mamá—. Ya sabes que fue profesor de esgrima antes de... todo esto. Se le da muy bien, sobre todo con la espada.

Papá alza las cejas, orgulloso, y Kiara y yo reímos.

—Ella no se queda atrás —añade—. También la usa bien. No tanto como yo, claro, pero...

Kiara y yo estallamos en carcajadas. Extrañaba estos momentos más de lo que pensaba.

—Kiara también es muy buena con su mini espada —digo sonriendo—. Y está entrenando para usarla junto al arco.

—Exacto —confirma ella—. Ethan me dijo que me ayudaría a manejar ambos mejor.

Nuestros padres se quedan en silencio por un instante antes de continuar

—Pero a ti también te va bien, Haelyn —dice mi padre—. El día del duelo de iniciación me sorprendiste. Al final, ese hombre fue injusto, pero aun así llevabas la ventaja.

No puedo evitar sonreír.

—Gracias, papá.

—Por cierto —interviene Kiara, cambiando de tema con demasiada rapidez—, ¿sabían que esta noche hay una especie de fiesta? Nosotras no teníamos idea y no tenemos ropa para algo así, así que supongo que ustedes tampo—

—Oh, sí —la interrumpe mi madre—. Nos informaron hoy mismo.

—¿Qué? —pregunto, parpadeando.

—Un hombre vino a avisarnos —continúa mi padre—. Dijo que habían dejado algo apropiado en nuestras habitaciones para esta noche. Cortesía del príncipe. ¿A ustedes no?

Kiara y yo nos miramos al instante.

—No —responde ella—. Pero si es así, supongo que no tardarán en traernos algo, ¿verdad, Haelyn?

—Yo qué voy a saber.

—Vamos —insiste, alzando una ceja—. Eres la prometida del príncipe. Pregúntale y ya.

—Estás loca —murmuro—. Por supuesto que no le voy a preguntar. Si no dejan nada, no voy y punto. Y tú deberías hacer lo mismo.

Kiara rueda los ojos, resignada.

Levanto la vista buscando a Dylan entre las mesas, pero no lo encuentro.

—¿Saben algo de Dylan? —pregunto.

—No —responde mi madre—. Creo que lo vi salir hace un rato con un chico.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.