Haelyn Burnet
El vestido es azul oscuro. Bonito de verdad. De esos que te obligan a admitir, a regañadientes, "esto no me queda nada mal". Se ajusta perfectamente en la parte superior, sin mangas ni tirantes —un milagro, considerando mi historial con corsés traicioneros— y la falda cae larga, demasiado larga, lo suficiente como para recordarme a cada paso que no debo pisarla como una novata.
Pesa más de lo que esperaba. Ese peso me obliga a caminar con una dignidad que no siento del todo, porque por dentro solo pienso en no tropezarme frente a nadie importante.
Los guantes son claros, finos, elegantes... y absolutamente traicioneros. En cuanto me los pongo entiendo que cualquier cosa que toque corre peligro. Aun así, combinan demasiado bien con el vestido como para protestar. Decido aceptar mi destino y fingir que no necesito usar las manos con normalidad.
El collar y los pendientes encajan a la perfección: discretos, delicados, nada exagerados. Los zapatos son negros, casi invisibles bajo la falda. Gracias que eligió unos de tacón bajo; total, nadie los verá. Y no tengo ninguna intención de fingir elegancia mientras mis pies suplican piedad.
Llevo el cabello recogido en un peinado sencillo, sujeto hacia atrás sin esfuerzo aparente. Dos mechones se escapan al frente, uno a cada lado, rozándome las mejillas.
Creo que ya estoy lista.
Las chicas vinieron hace un rato con varias opciones, y cuando les conté que el príncipe ya se había encargado de enviarnos algo a mi hermana y a mí, casi saltaron de emoción.
Unos toques suaves en la puerta me sacan de mis pensamientos.
—Haelyn —dice Noreen desde afuera—. ¿Ya estás lista? Es tarde, deberíamos irnos.
Los nervios me recorren las venas.
—Aún no —miento—. Adelántense, no se preocupen. Las veré allá.
—¿Segura? —pregunta Maelis.
—Sí, no pasa nada.
Hay una breve pausa, luego escucho cómo sus pasos se alejan.
Me quedo sola.
¿Cómo se supone que debo estar tranquila? Sé perfectamente que muchos estarán esperando a que cometa el mínimo error solo por estar vinculada a Zyran. No sé si podré soportar tantas miradas, tanta presión.
Me observo en el espejo y me obligo a mantener la calma. Respiro hondo varias veces. Intento sonreír, pero el gesto sale rígido, falso. Aun así, tomo el perfume que la reina me regaló antes de venir y lo rocío con cuidado. Ahora lo agradezco más que nunca.
Me adelanto hacia la puerta y giro el pomo.
Camino por los pasillos vacíos. Todos están ya en la celebración. Zyran debe estar preguntándose dónde estoy, si estoy considerando no ir. A medida que avanzo, el murmullo de voces se vuelve más fuerte, más cercano.
Cuando llego a la entrada del salón, me escondo detrás de una columna.
El lugar es enorme. Demasiado. Hay más personas de las que puedo contar. El rey y la reina están presentes, junto a nobles y figuras que no reconozco. Busco a Zyran con la mirada y lo encuentro a lo lejos. Pese a todo, deseo que esté cerca de la entrada. Que me vea rápido. Que sea más fácil.
Me enderezo.
Doy pasos firmes hacia el interior.
Tal como imaginé, las miradas se vuelven hacia mí. Todas. El aire parece tensarse. Estoy aterrada, pero no bajo la vista. No ahora.
Zyran se gira.
Nuestros ojos se encuentran, y su expresión cambia al instante: sorpresa, atención absoluta. No lo duda ni un segundo. Camina hacia mí antes de que me adentre del todo en la multitud.
Sonríe.
Toma mi mano y deposita un beso cálido sobre ella. Luego se inclina un poco, sin soltarme, y murmura:
—Sabía que había hecho una buena elección.
Su mirada recorre cada detalle de mí.
—Te ves increíble, Haelyn.
Carraspeo antes de responder.
—Gracias.
Coloca mi mano sobre su brazo con naturalidad, como si fuera lo más normal del mundo, y avanzamos juntos entre la gente hasta llegar frente al rey Eryx y la reina Alyssa.
—Oh, por los dioses —exclama la reina—. Estás hermosa. Hacen una pareja estupenda.
—Sin duda —añade el rey—. Como hechos el uno para el otro.
Me obligo a sonreír y bajo ligeramente la cabeza.
Hablan de Syquin, de nuestra "relación", incluso fantasean con una boda futura. Zyran es quien responde a todo, con soltura, con paciencia. Nota mi incomodidad y, cada vez que puede, redirige la conversación.
—Haelyn irá a reunirse con su familia, ¿verdad? —dice al fin.
—Sí, claro —responde la reina.
Le agradezco con la mirada antes de alejarme.
Busco a mis padres y a mi hermana entre la multitud. Los encuentro conversando con Ethan y Jack. Camino hacia ellos sin perder tiempo.
—¡Haelyn, estás preciosa! —dice Kiara, apretándome las manos como si fuera a escaparme.
—Tú también —le respondo—. En serio.
—Se nota que el príncipe puso empeño —comenta mi madre, observándome.
—Haelyn —interviene Jack, con una sonrisa que no me tranquiliza—. Espero que estés lista.
—¿Lista para qué? —pregunto, ya sospechando lo peor.
—Eres la prometida del príncipe —empieza Ethan—. Esta noche tú deberías—
—Haelyn.
La voz corta el aire. Ni siquiera necesito girarme para saber quién es.
Dylan se acerca, impecable, seguro de sí mismo como siempre. El nudo en mi estómago aparece de inmediato. Jack y Ethan no se mueven de mi lado y, por un segundo ridículo, temo que alguien decida arreglar esto con acero.
—Al fin los encuentro —dice Dylan, mirando alrededor—. ¿Todo bien?
—Todo perfecto —responde mi padre, educado.
Jack y Ethan lo observan con atención. Dylan ni los registra. Solo me mira a mí.
—Te ves... increíble —dice, bajando un poco la voz—. Sin duda, la más hermosa del lugar.
Da un paso hacia mí.
Uno solo.
Suficiente.
—Kiara —digo de repente—, necesito hablar contigo. Ahora.
—¿Ahora? —pregunta, confundida.
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Editado: 26.07.2026