Crónicas de un Reino Sellado

Capítulo 16

Haelyn Burnet

Después de un rato conversando, decido levantarme para buscar a Dylan. No quiero que haga algo indebido solo porque me vio con Zyran. Lo conozco lo suficiente como para saber que su silencio no es calma, sino contención. Y lo entiendo. Es lógico que esté molesto después de vernos tan cercanos.

Aun así, la duda se me instala en el pecho: ¿estoy haciendo lo correcto o solo estoy aprendiendo a lastimar sin darme cuenta?

Me abro paso entre la multitud con cuidado, esquivando vestidos y copas, cuando alguien se interpone frente a mí.

Es un chico alto, pelinegro, de complexión fuerte. Su postura es relajada, pero hay algo calculado en su sonrisa.

—Hola —saluda con ligereza.

—Hola —respondo, por inercia.

—Tú eres Haelyn Burnet, ¿no?

—Así es.

—La prometida del príncipe —añade—. Bailaste con él hace unos minutos.

Asiento, sin tener del todo claro por qué me está hablando ni qué espera de mí.

—Perdona, no me he presentado —dice, haciendo una pequeña reverencia—. Soy James Thandor.

Frunzo el ceño, desconcertada.

—El primo de tu querido príncipe. Hijo de Osiris, el hermano del rey Eryx.

Ah.

—Así que ustedes pertenecen al otro castillo de Thandor —comento—. He oído hablar de ustedes

Hago una breve pausa.

—Entonces tú eres el príncipe James.

—Me halaga, señorita Burnet.

—Solo estoy siendo realista.

Su sonrisa se ladea, divertida.

—Claro... Oye, me dijeron que tú y tu familia vienen de otro "mundo".

Hace el gesto de comillas con los dedos mientras ríe.

—Así es, aunque no lo creas.

—Nunca dije que no lo creyera —responde—. Lo que sí me impresionó fue saber que lograste romper el yelmo de mi primo.

—Sí... bueno —admito—. A mí también.

James suelta una carcajada ligera, casi encantadora.

Hasta ahora no parece una mala persona, pero apenas hemos cruzado unas cuantas frases. Además, Zyran nunca habla de ellos, y cuando lo hace, su tono se vuelve distante. Eso me basta para mantenerme alerta.

—Imagino que debes sentir mucha presión —continúa—. Ya sabes, la prometida del príncipe debe estar a su altura. Alguien competente.

Nunca lo había pensado de esa forma, pero las palabras pesan más de lo que esperaba.

—Y debe ser aún más difícil viniendo de otra parte —añade, acercándose apenas—. Sin conocer bien cómo funciona nuestro mundo.

Baja un poco la voz.

—La gente aquí puede ser bastante hipócrita. Te sonríen, pero en realidad piensan que no eres suficiente.

Me quedo quieta.

—Quiero decir —prosigue—, ¿sabes cuántas chicas estaban esperando este momento para conquistarlo? Y de pronto llega alguien que ni siquiera pertenece a este mundo y les arrebata la oportunidad. Imagino que debe ser complicado lidiar con todo eso.

No respondo. Analizo cada palabra.

Y, aunque me duela admitirlo, parte de mí piensa que tiene razón. Soy inexperta. Ignorante, incluso, comparada con tantas chicas que crecieron preparándose para este lugar.

—Oye, no te lo digo para hacerte sentir mal —sonríe, pero no le llega a los ojos—. Solo para que te cuides.

Inclina la cabeza.

—Aunque tienes a Zyran cuidándote. Siempre prefirió las cosas raras desde pequeño. Supongo que eso no ha cambiado.

La incomodidad me golpea como una punzada en el estómago.

—¿Qué pasa? —pregunta—. ¿Dije algo que te molestara?

Antes de que pueda responder, una mano rodea mi cintura con delicadeza.

Me giro y me encuentro con los ojos de Zyran.

—¿Ocurre algo? —pregunta, con una calma que no engaña.

No permito que se note lo que siento.

—Todo está bien —respondo, forzando una sonrisa.

Zyran no me quita la mirada.

—Y tú —dice entonces—, déjala en paz.

—Tranquilo, primo —ríe James—. Solo la estaba saludando, ¿verdad?

—Claro —contesto.

—Te has vuelto un poco desconfiado —añade—. No los molesto más, tórtolitos.

Se gira hacia mí.

—Nos vemos después, Haelyn.

Me guiña un ojo antes de perderse entre la multitud

Zyran me observa con atención, como si intentara leer algo que me esfuerzo por ocultar.

—¿Te ha molestado? —pregunta, en voz baja.

Niego con la cabeza de inmediato.

—No.

—Haelyn —insiste—, dime si hizo algo que...

—Ya te he dicho que no —lo interrumpo, más brusca de lo que pretendía—. Déjame en paz.

Intento darme la vuelta, pero no me lo permite. Sus dedos rodean mi mano con firmeza, no como una orden, sino como una súplica. Sin decir nada más, me guía fuera del salón. Algunas miradas se clavan en nosotros, curiosas, expectantes, pero nadie interviene.

Me conduce detrás de unas columnas altas, lejos de la música y del murmullo constante. Aquí el aire se siente distinto. Más quieto. Más seguro.

—Haelyn —dice al fin—, yo lo conozco.

Hace una pausa, como si estuviera eligiendo con cuidado cada palabra.

—No te había hablado de esto porque no me gusta removerlo, pero no tenemos buena relación con ellos. Mi tío siempre ha tenido rivalidades con mi padre. Tan profundas que mi abuelo terminó construyendo dos castillos, uno para cada hijo.

Aprieta la mandíbula.

—Y al parecer, eso es algo que Osiris le enseñó muy bien a su hijo.

—¿Por qué? —pregunto, genuinamente confundida.

—Supongo que porque, aunque seamos parte del mismo reino, nosotros estamos mejor preparados —responde—. En combate, en estrategia... y fuimos clave en la construcción de Syquin.

Niega con la cabeza.

—No lo sé con exactitud. Solo sé que James siempre ha sido ególatra.

Asiento, cruzándome de brazos, como si eso pudiera protegerme de lo que viene después.

—Por favor —añade—, no quiero que te haga pensar cosas que no son.

Me mira fijamente.

—Dime qué te dijo. Conociéndolo, seguro encontró la forma de hacerte sentir mal.




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