Crónicas de un Reino Sellado

Capítulo 21

Haelyn Burnet

Después de muchas horas de camino, por fin llegamos a nuestro destino.
Estamos en el reino de Thandor, gobernado por el rey Osiris. Es el territorio más cercano al bosque de Torah, así que todos los iniciados hemos sido trasladados aquí para la última etapa antes de entrar. Solo algunos profesores nos acompañan. Como era de esperarse, Zyran y sus amigos no se quedaron atrás; él insiste en mantenerse lo más cerca posible de mí. Aun así, no le está permitido cruzar el bosque. Solo nosotros iremos. Es parte de la tradición: el vínculo debe hacerse en soledad.

Termino de alistarme y camino hacia donde se reúnen los demás. No doy más de unos pasos cuando alguien toma mi mano.

—Haelyn —dice Zyran, con esa seriedad que solo aparece cuando está preocupado—. Ten mucho cuidado, ¿sí? Necesito que regreses conmigo.

—Haré lo mejor que pueda.

Su mano sube hasta mi mejilla y la acaricia con suavidad antes de atraerme hacia él. Estamos rodeados de gente, pero no me aparto. Le devuelvo el abrazo sin pensarlo.

—Nos vemos —murmuro antes de separarme.

Subo al carruaje. Somos tantos que han preparado varios. Me toca con mis padres, mi hermana Kiara y Noreen.
Apenas nos acomodamos, mi padre rompe el silencio.

—Haelyn, ¿recuerdas que queríamos hablar contigo?

—No habíamos encontrado el momento —añade mi madre—. Y ahora estamos aquí... y Noreen es prácticamente parte de la familia.

Noreen sonríe con discreción.

—¿Qué sucede? —pregunto, aunque tengo una ligera sospecha.

Mi madre intercambia una mirada con mi padre antes de continuar.

—Queremos saber qué pasa con Zyran. Porque ya no parece desagradarte tanto... más bien todo lo contrario.

—Y esto viene de antes del problema con Dylan —agrega mi padre—. Tu actitud cambió mucho antes.

Guardo silencio un instante, organizando mis pensamientos.

—Pues... —empiezo despacio— supongo que Zyran me gusta.

Kiara suelta una pequeña risa.

—Hasta que por fin lo admites.

Siento el calor subir a mis mejillas.

—Sé que suena extraño, pero no es como yo pensaba. Es bueno conmigo. Sí, es un poco posesivo, y al principio actuó raro... pero nunca cruzó un límite. Nunca, hasta que yo lo permití. Me cuida, está pendiente de mí todo el tiempo. Y sé que la primera impresión no fue la mejor, pero también viene de un lugar distinto, con otras creencias. Lo del vínculo, los yelmos, el amor predestinado aquí... todo eso pesa. Quizás deberíamos entenderlo desde ahí.

Cuando termino, el carruaje está en silencio.
Mi padre me observa con una expresión que mezcla sorpresa y comprensión.

—Haelyn —dice finalmente—. Eso no es que te guste.

—Estás enamorada —añade mi madre con una sonrisa suave.

Me cubro el rostro con las manos y me dejo caer sobre el hombro de Noreen.

—Perdónenme... no planeaba que fuera así.

—Hae, no tienes que disculparte —dice Kiara, divertida—. ¿Por qué reaccionas como si hubieras cometido un crimen?

Levanto la cabeza.

—Porque no esperaba sentir esto.

Mi madre toma mi mano.

—Estamos felices de que te sientas así. Si él cumple tus expectativas y tú estás tranquila, entonces nosotros también lo estamos.

—Siempre elegiremos tu felicidad —afirma mi padre.

Algo dentro de mí se afloja.

—Gracias.

Noreen aprieta mi mano y me dedica una sonrisa cómplice. Se la devuelvo.
Después de eso cambiamos de tema. Es inevitable. No podemos olvidar por qué estamos aquí.

Nos han dicho que, una vez logremos vincularnos con un Ynhar, debemos regresar al jardín trasero del castillo. Allí nos reuniremos todos.
O al menos, todos los que sobrevivamos.
Al llegar al bosque nos separan por escuadras para adentrarnos. Intento mantener la calma, pero tengo los nervios tensos desde que cruzamos la entrada.

Avanzamos despacio entre los árboles. La tierra cruje bajo nuestras botas y todos tratamos de hacer el menor ruido posible.

—Ya quiero que esto termine —murmura Maelis.

—Pues acaba de empezar —responde Iria sin mirarla.

Seguimos caminando. El bosque es más denso de lo que imaginaba y la luz apenas atraviesa las ramas.
De repente escuchamos ruidos en otra parte del bosque. Algo grande moviéndose entre los árboles.
Nos detenemos.

—Dios... no quiero imaginar lo que les estará pasando a los demás ahora mismo —dice Noreen en voz baja.

—Silencio —interviene Riven—. Escuchen.

Todos contenemos la respiración. Zancadas. Pesadas. Lentas. Cada vez más cerca.
Nos agrupamos formando un círculo para cubrir todas las direcciones.

Un grifo aparece entre los árboles. Es enorme. Más alto de lo que esperaba. Sus alas se pliegan a los lados mientras nos observa con atención.

—No se muevan —dice Soren—. Manténganse tranquilos.

El grifo gira la cabeza, estudiándonos uno por uno. Da un par de pasos hacia nosotros.
Nadie respira. De pronto sus ojos se detienen en mí.

Y entonces todo cambia. El animal emite un sonido gutural y se lanza hacia nosotros.

—¡Corran! —grita alguien.

Salto hacia un lado para evitarlo, pero mi pie pisa terreno suelto. Antes de poder reaccionar, el suelo desaparece bajo mí.
Caigo.
Ruedo cuesta abajo, golpeándome contra tierra y piedras. Intento detenerme, pero la pendiente es demasiado empinada.

Doy vueltas hasta que finalmente llego al fondo.
Me quedo unos segundos en el suelo, tratando de recuperar el aire.
Cuando consigo levantarme, todo mi cuerpo protesta. Genial. Apenas empezamos y ya estoy hecha polvo.
Y sola. Miro alrededor. No hay rastro de mi escuadra.

Empiezo a caminar entre los árboles, intentando orientarme. Entonces escucho un rugido grave y profundo. Muy parecido al de un león.
Recuerdo el libro. Quimera. Alguien en este bosque probablemente está teniendo un muy mal día.




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