Crónicas de un Reino Sellado

Capítulo 23

Haelyn Burnet:

El basilisco vuelve a lanzarse sobre mí.
Me aparto por muy poco. Sus colmillos chocan contra el suelo donde estaba un instante antes y el impacto hace temblar la tierra bajo mis pies.
Corro sin mirar atrás.
No puedo enfrentarlo. Ni siquiera puedo permitirme mirarlo. Un solo descuido y todo habrá terminado.

Encuentro un tronco caído y me dejo caer detrás de él, conteniendo la respiración. Apoyo una mano en el suelo para no perder el equilibrio mientras intento escuchar.
Silencio.

Solo el latido desbocado de mi corazón.
Aprieto las manos con fuerza.
Vamos... vete.

Durante un instante mi cabeza se llena de rostros. Mis padres. Kiara. Noreen. Las tardes tranquilas antes de llegar a este mundo.
Y Zyran. La imagen dura apenas un segundo.
Me asomo con cuidado y no lo veo.

¿Se fue?

El alivio apenas empieza a instalarse cuando algo frío se enrosca alrededor de mi tobillo.
No alcanzo ni a reaccionar. La cola del basilisco me levanta del suelo como si no pesara nada. Un grito se me escapa mientras quedo suspendida en el aire.

Cierro los ojos de inmediato, no pienso darle la oportunidad de cruzar su mirada con la mía.
El mundo empieza a girar. La cola me sacude de un lado a otro y mi espalda golpea el tronco de un árbol. Después una roca.
El aire abandona mis pulmones de golpe. Otro impacto me sacude, esta vez la cabeza. Un dolor agudo me atraviesa el cráneo y todo empieza a perder nitidez.

Escucho el rugido del basilisco. Está cerca. Muy cerca. Aprieto los párpados con más fuerza. No los abras.

El rugido cambia de dirección y enseguida algo enorme golpea el suelo con tanta fuerza que el impacto hace vibrar la tierra bajo mi cuerpo. Un segundo estruendo retumba entre los árboles y, de pronto, las sacudidas cesan. El basilisco emite un sonido diferente, más grave, casi como una advertencia, y por primera vez desde que comenzó todo tengo la sensación de que ya no me está prestando atención.

¿Qué está pasando? Intento abrir los ojos pero solo distingo sombras borrosas moviéndose entre los árboles.

La presión alrededor de mi tobillo desaparece. Empiezo a caer.
No llego a sentir el impacto. La oscuridad termina por envolverlo todo.

✦ ✦ ✦

Parpadeo varias veces antes de conseguir enfocar la vista. El techo de piedra aparece primero y, poco a poco, todo lo demás recupera su forma. Cuando giro la cabeza encuentro a Zyran sentado junto a la cama.Tiene los codos apoyados sobre las rodillas y las manos entrelazadas, pero en cuanto nota que abrí los ojos se incorpora de inmediato. Detrás de él están mis padres y Kiara; ninguno dice una palabra, como si todos hubieran estado esperando exactamente este momento.

—Haelyn —dice Zyran al fin—. ¿Cómo te sientes?

Intento responder.

—Me duele un poco la...

La voz se me corta cuando bajo la vista.
Mi pie está completamente vendado. También los brazos. Intento incorporarme por reflejo, pero una punzada me atraviesa el costado y vuelvo a caer sobre la almohada.

—No te muevas —dice mi padre, acercándose enseguida—. Tienes varias costillas resentidas y el pie necesita tiempo.

Kiara suspira con fuerza.
—Nos diste un susto horrible.

Se sienta a mi lado y me toma la mano.
—Pensé que...

No termina la frase. No hace falta.
Levanto la vista hacia Zyran. Tiene ojeras y el uniforme sigue sucio. No recuerdo haberlo visto así nunca.

—Si no hubiera sido por él... —dice Kiara en voz baja.

Mi madre apoya una mano sobre mi hombro.

—Lo importante es que estás aquí.

Asiento despacio.
—¿Y mi escuadra?

—Están bien —responde Zyran antes que nadie—. Todos regresaron.

El aire sale de mis pulmones lentamente. Cierro los ojos un instante. Al menos ellos sí.
Unas voces llegan desde el exterior. Después aplausos.
Zyran gira un poco la cabeza hacia la ventana.

—Deberían irse.

Mi padre asiente.

—La ceremonia va a empezar.

Frunzo el ceño.
—¿Qué ceremonia?

—La presentación de los nuevos jinetes.

Su respuesta llega con demasiada facilidad.

—Los iniciados presentan a sus Ynhar para registrarlos oficialmente.

Guardo silencio. Desde aquí no puedo verla, pero imagino perfectamente la plaza.

Los nombres. Los aplausos. Las criaturas. Todos juntos. Todos menos yo.

Mi madre acaricia mi mejilla.
—Volveremos enseguida.

Kiara me sonríe con esfuerzo.
—No te escapes mientras tanto.

Consigo devolverle una sonrisa pequeña. Cuando la puerta se cierra detrás de ellos, la habitación queda en silencio. Espero escuchar los pasos de Zyran alejándose. No ocurre.

No necesito mirarlo para saberlo. Los aplausos del exterior vuelven a escucharse. Más fuertes esta vez. Aprieto un poco la sábana entre los dedos.

—¿Te pasa algo? —pregunta.
—No.

Él acerca una silla hasta la cama y se sienta.

—Hae...

Ya sé qué viene.

—No.

Levanta una ceja.

—Ni siquiera sabes qué voy a decir.

—Sí lo sé.

Lo miro por primera vez desde que salieron los demás.

—Vas a decirme que todo estará bien.

Hago una pausa.

—Que aún hay esperanza, que no importa que no me haya vinculado.

Las palabras salen más secas de lo que pretendía.

—Haelyn...

—No —niego despacio—. No quiero escucharlo.

Desde la ventana vuelven a llegar aplausos y voces. Cierro los ojos apenas un instante; no necesito asomarme para imaginar lo que está pasando ahí fuera. Los nuevos jinetes estarán presentando a sus Ynhar, escuchando sus nombres entre vítores mientras yo sigo aquí, inmóvil, con la pierna vendada y la cama ocupando todo mi mundo.

—Ahí fuera están celebrando a los que lo consiguieron.

Bajo la vista hasta mi pierna inmovilizada.
—Y mírame.




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