—Tengo fe, ayuda mi incredulidad.
Salmo 23: Jehová es mi pastor.
Todo va a estar bien, Dios es bueno y todo el tiempo es bueno...
Antes de continuar, les comparto unas fotos de cómo estaba y cómo estoy ahora; no son grotescas, pero sí se ve la diferencia.
Acá, cuando estaba con un peso de 37 kilos, con insomnios, pánico escénico y casi no comía, más que todo por miedo a los demonios. Estaba celebrando mi cumpleaños 21, me parece. Estaba aterrada y, obvio, ya con el problema del mundo espiritual.

Actualmente, veo el milagro de Cristo, el que puede hacer lo imposible posible. Testimonio vivo 2019-2026: porque estando viva estuve muerta, y estando muerta estuve viva. Toda la honra y la gloria a Cristo.

—Flashback: Un 2023, 2025 y 2026, épocas extrañas, turbias y duras, pero Dios siempre estuvo ahí...
Lo que ahora puedo ver no es para siempre, y el desierto en el que estoy no es para muerte.
Mi destino está escrito en la palma de su mano, Él de mí no se ha olvidado.
No, no, no moriré; sé que viviré.
Sobre mí hay una promesa y su palabra me preserva.
Cantaba Daniela a todo pulmón mientras las lágrimas caían.
Estaba tan segura de esa hermosa letra.
Alguien debe creer que su destino estaba escrito desde la eternidad; Él ya tenía un plan para ti.
Seguía cantando mientras hacía su devocional.
¿Por qué Daniel no se quedó en el pozo? ¿Por qué José no se quedó en la cárcel? ¿Por qué mi Jesús no se quedó en la tumba? Mi victoria en Él está segura —dijo a gran voz, sonriendo y secándose las lágrimas.
—Querido diario... Hoy, después de muchos años, meses, días y horas más, seguiré firme en Cristo, siendo una cristiana de verdad y de buen testimonio, luz en medio de la oscuridad, guerreando fuertemente porque esta guerra se gana doblando rodillas y sometiendo la carne a la obediencia de Cristo.
Estoy segura de que aún faltan esas piscas grotescas y algo perturbadoras; pronto, y lo digo con mucha fe, se irán de mi vida, de mi familia, de mi casa y de todo, porque hay una promesa ardiendo.
¡Santo, amén!
Lo creo, lo declaro, lo decreto.
Aleluya, sé que mi Padre Celestial cumplirá a su debido tiempo lo que ha dicho sobre mi vida, y a pesar de que esos bichos la mayoría no se han rendido y soltado, yo tampoco les daré el lujo de ganar.
NO MORIRÉ, SÉ QUE VIVIRÉ, SOBRE MÍ HAY UNA PROMESA, SU PALABRA ME PRESERVA.
No, no, no moriré, no, no, no moriré, no, no, no moriré, no, no, no moriré, no moriré.
Postdata: Muchos no comprenden lo que realmente significa sentirse destrozado por el adversario, ni el vacío aterrador que se siente cuando Dios retira Su protección y te enfrentas al juicio de tu familia, amigos y la iglesia.
Cuando caes tan bajo, te rompes en mil pedazos; llegas a desear la muerte o, incluso, nunca haber nacido para no haber cometido aquel pecado.
Hay una canción de worship llamada "Cadenas Romper" que proclama: “Hay poder en el nombre de Cristo”.
Yo lo creí desde el día de mi mayor encuentro espiritual.
En aquel momento, vi a Jehová: un ser majestuoso que alcanzaba el techo de mi sala, vestido con un traje blanco y un rostro resplandeciente.
Frente a Él estaba otro ser —probablemente el diablo o la muerte—, vestido de negro, con ojos rojos y una estatura imponente, quien gritaba con voz estruendosa:
“¡No te salvarás! ¡Tu tiempo se acabó! ¡Irás al infierno!”.
Sin embargo, mi Cristo, en un acto de amor inmerecido, apareció justo a tiempo y sentenció:
“¡Alto, Satanás! No puedes llevarte su alma; ella me pertenece. No importa su pecado, yo la perdono. Si acaso, solo podrás tocar su carne”.
Tras un estruendo aterrador, aquel ser perverso se marchó.
Dios entonces me habló:
“Vuelve a casa ahora, o será muy tarde”.
Con todas mis fuerzas, grité:
“¡No más, Satanás! Ya no mandas en mi vida. Hoy me levanto en el nombre de Cristo”.
Horas más tarde desperté debilitada.
Tras años en ese estado de oscuridad, finalmente me bañé, comí y comencé mi devocional a solas, día tras día, hasta llegar al 2026, mi punto de quiebre.
En este trayecto conocí a muchas personas y Dios me dio la oportunidad de compartir trazos de mi vida como testimonio y predicar en redes sociales sobre Sus proezas.
Pude disfrutar a mis abuelos antes de perderlos, perdonar y sanar.
Logré concluir mis estudios en Secretariado, Turismo, Alimentos y Bebidas, así como alcanzar niveles avanzados de inglés y francés.
Salí del ocultismo, un mundo de falsas luces y legiones que casi me consume por la falta de discernimiento.
Viví procesos psiquiátricos intensos, estuve bajo el cuidado de psicólogos y trabajadores sociales durante casi siete años, e incluso estuve a punto de ser internada en el Hospital Psiquiátrico de Pavas, en Costa Rica.
Pero Dios me llamó en medio de la tribulación.
Él me sanó, me restauró, me libertó y me salvó de un infierno físico, espiritual y mental.
Si Dios lo hizo conmigo, puede hacerlo contigo.
El cierre definitivo ocurrió en un campamento de "Palabra de Vida".
Allí conocí a un pastor extranjero llamado Steve.
Tras compartir mi historia y orar, en su última participación sentí un fuego ardiente en mi interior.
Entendí que no era el lugar, ni la gente, ni yo: era Dios.
Él no me había olvidado; yo no iba a morir ahí.
Días después, me dieron el alta definitiva en psiquiatría e inicialmente en el área de trabajo social.
Sé con total certeza que pronto recibiré también el alta en psicología, pues los médicos han tenido que rendirse ante la evidencia del Dios de los imposibles.
Es hermoso ver cómo Dios cuida de sus escogidos.
Nunca callaré lo que Él ha hecho y sigue haciendo en mí.
¡Amén! ¡Aleluya! Santo y grande es Jehová.