Crónicas de una mestiza Vestigios de mí sangre

Capítulo 4 Aquel chico de ojos azules

Había pasado una semana desde que llegó, por las mañanas practicaba con Christopher y por las tardes tomaba clases de Demonología con Rachel, ambos eran un poco duros con ella, por suerte de vez en cuando Margaret la acompañaba en sus mañanas de ejercicios.

—Me parece que necesitare un poco de práctica, así no pierdo mis habilidades —Le guiño un ojo en complicidad, Jamie se lo agradeció. Margaret era muy flexible, Jamie la admiro. Christopher no dijo nada y siguió con las prácticas como si nada.

Y Riley… bueno, Riley le había estado evitando, o eso creía Jamie, se iba muy temprano y llegaba a las apuradas sin “tiempo’’ para hablar con ella. Estaba en su poder intercederlo. Por ende cuando pudo se acercó a la cocina en donde estaba Rachel barriendo.

—Hola —Jamie se froto las manos—. ¿A qué hora sale Riley de aquí? Me dijo que hablaría conmigo antes de salir pero se le olvido decirme el horario.

—A las cinco —Rachel le dirigió una mirada rara ¿acaso era muy obvio? “Tranquilízate’’ pensó Jamie sin desenmascararse.

—Adiós —Jamie casi se marchó pero lo pensó mejor—. ¿En dónde está Jensen?

—Afuera, limpiando el patio.

Y efectivamente allí estaba Jensen, con un rastrillo en las manos y cara de pocos amigos, rastrillando blandenguemente las hojas secas.

—Ey, Jensen —Jamie se acercó con inocencia a él.

—Jamie —Jensen dejó lo que estaba haciendo con mucho alivio—. ¿Qué sucede?

—¿Podrías prestarme un despertador? Lo necesito para mañana por la mañana.

—Claro, como no —Fácil, eso sí que fue fácil.

La habitación de Jensen era un desastre, llena de comic y revistas por el suelo, las paredes llenas de poster de juegos y películas, había ropa en el suelo, sobre la cama y asomando por los cajones, zapatillas aquí y allí. La televisión (muy antigua) estaba encendida con un videojuego en pausa.

Jensen estaba hurgando por entre la basura que tenía en su escritorio, tiraba papeles arrugados por los borde, tareas probablemente. Jamie miró la cama hecha un desastre, no pensaba sentarse allí a esperar, se acercó porque vio algo interesante; un celular, con un buen golpe en la pantalla pero uno.

—Deja sino, podrías prestarme el celular. —El corazón de Jamie latía a un ritmo acelerado. Esperaba…

—Jamie, no soy tonto. —Se volteó a verla—. No voy a darte mi celular, se lo que pretendes.

—Perdón. —Jamie se decepciono a pesar de que jamás lo había planeado a propósito.

—Te entiendo, pero me gustaría que confiaras más en nosotros –habló Jensen bajito como si eso le hiriera. Jamie no sabía que decir, pensando que todos la veían como una desagradecida—. ¡Ah! ¡Aquí esta! Sacó triunfante al pobre aparato de entre la basura, sostuvo el reloj en lo alto como si se tratara de una reliquia.

—Gracias —Jamie lo recibió sin quejas.

—Creo que aún tiene pilas.
“Creo’’ Jamie solo sonrió. Ahora sí, ya podía interceder. Planes en marcha. Esa noche Jamie rio macabramente, Riley tendría una sorpresa por la mañana.

Jamie despertó con el primer tono del despertador y se levantó, estaba un poco inquieta porque cuando anoche se había ido a acostar Riley aún no había vuelto, pero rezaba que lo hubiera hecho. Abrió la puerta de su habitación y se quedó paralizada escuchando la lejana voz de Riley y el sonido de un vehículo en marcha, salió de su estupor y corrió escaleras abajó.

—¡Riley! —gritó Jamie sabiendo que el hombre ya se encontraba lejos de allí.

—¿¡Qué!?

—Oye, oye ¿No te habías ido? —Jamie se apoyó en la pared para recuperar el aire.

—No, acabo de llegar. —Riley terminó de quitarse el grueso abrigo de lana—. En todo caso ¿Por qué me buscabas si pensaste que me fui?

—Tenemos que hablar, me has estado evitando y quiero que contestes bien a mis preguntas. —Jamie se enderezó.

—Ya te he contestado y además quiero descansar, ha sido una noche agotadora. —Fue hasta el sillón y se dejó caer.

—Quiero hablar con mi papá, si no contestas mis preguntas al menos déjame comunicarme con él. —Jamie.

—Él se quitó los lentes y se restregó el puente de la nariz cansado—. No podemos arriesgarnos, nos vigilan muy probablemente, si llegan a agarrarlo…

—Acepto incluso si tú le mandas un mensaje haciéndole saber que estoy bien. Riley la observó con una expresión de lastima en los ojos.

—No puedo, tu padre podría salir involucrado en esto.

—¡Pero él ya está involucrado! ¿No es cierto? ¡Él sabía que mi mamá era una bruja, él sabía de todo esto y nunca me dijo nada! —Gritó ella, se sintió como si allí estuviera su padre, frente a ella, ahora estaba más aliviada, quería echárselo todo a la cara, quería exigirle respuestas—. Quiero saber sobre mí.

—Jamie…espera —Riley suspiró—. Un día si no es tu padre, yo te lo contare.

—¿Y cuándo va a ser eso? ¿Cuándo mi papá se olvide de mí?

Riley frunció los labios y desvió la mirada, ambos se quedaron en un silencio incómodo. No quería que esa fuera la realidad.




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