Crónicas de una mestiza Vestigios de mí sangre

Capítulo 5 Rosario

A la mañana siguiente se despertó con música en sus oídos, su música favorita y lo mejor, el despertador de su celular. Era una mañana fresca por lo cual se vistió con jean, zapatillas (las más deportivas que tenía) campera y bufanda. Se ató el cabello en una coleta.

¡Bien! Ya estaba lista para salir en busca de su padre.
Abajo estaban todos teniendo un desayuno rápido, o sea comían y bebían mientras se armaban, Jamie quedo impresionada por las clases de armas que había ¿quién lo hubiera dicho?

—Buenos días Jamie. —Riley la saludó acomodando sus anteojos—. Desayuna algo antes de partir.

Jamie se sentó, se sentía una molestia allí sentada cómodamente mientras los demás estaban trabajando. A todos se los veía muy serios, incluso a la tímida y amable Margaret, quien se estaba armando con una especie de cuchillos.

Christopher entró al comedor ¿¡con más armas!? Nicklaus le seguía somnoliento, Jamie se había olvidado por completo de él, lo miró con una disculpa que ni le fue respondida. Ambos iban armados. Viéndolos así parecía que esto sí que era algo serio, ahora Jamie se sentía algo más nerviosa de lo que había estado cuando se levantó.

—Tranquila, siempre salen en misiones peligrosas y siempre vuelven sanos —La mano de Rebecca se apoyó en su brazo y le dio un apretoncito, había notado su inquietud, Jamie le sonrió, parecía ser la única que no iría, era obvio, era una mujer mayor—. En especial si Christopher va con ellos, es el mejor de todos.

Christopher se le acercó, Jamie dejó su taza en la mesa.

—Toma. —Él le tendió un cuchillo.

—¿Qué es eso? —preguntó recibiéndolo—. ¿Qué quieres que haga con esto?

Christopher la miró como si fuera estúpida.

—Para que te defiendas, es bastante obvio ¿no?

—¿¡Que!? Pero si no se usar armas. —protestó Jamie con toda razón.

—Es una prevención, además el cuchillo prácticamente es muy fácil de usar en distancias cortas, porque solo lo tendrás que usar si llegan a atacarte. —Christopher señaló el arma—. Te enseñe algo de él en las prácticas, deberías recordarlo.

—Pues no, la verdad es que no. —Jamie negó con la cabeza, la mirada que el chico le lanzó no era nada simpática.

—Chris…no todo el mundo tiene buena manos con las armas. —Le reprendió Nicklaus—. Además, dudo que ella pueda manejar algo así de complejo.

Jamie fulminó a Nicklaus con la mirada ¿Por qué todos suponían que ella no podía con nada? Quizá tuviera razón con lo de manejar armas, pero ella podía aprender y ser buena en ello, básicamente no le habían enseñado nada así que no podían culparla por ello.

—¡Bien! ¡En marcha! —ordenó Riley sin dejarle terminar su desayuno.

Se despidieron de Rebecca, como si solo salieran de compras (Jensen bromeaba que lloraba para molestar a su abuela) y salieron al exterior. Había un poco de viento y hacia frio, los dos coches en los que irían estaban aparcados frente a la casa, en los baúles guardaron los bolsos llenos de armas y alguna que no tenían como enfundar.

—Margaret, Rachel y Jensen conmigo —señaló Riley a los chicos—, y el resto en el otro vehículo.

Riley y su equipo subieron al auto negro y arrancaron sin esperarlos.

—Pues, vamos —dijo Cecilia dándole golpecitos al capote del auto Bordo que era el que les quedo para ellos.

Antes de que todos abordaran Christopher silbó fuerte. El inconfundible gañido de un halcón respondió de inmediato y el ave rapaz aterrizo en el brazo extendido que Christopher preparo para él.

—Ahora si estamos listos. —dijo metiéndose en el vehículo.

Iban viajando por la carretera con hermosos paisajes rodeándolos, velocidad moderada, lo único malo era la música a alto volumen, era Cecilia quien conducía, Jamie iba de copiloto. Christopher y Nicklaus susurraban detrás de ellas, Jamie no escuchaba nada de lo que decían ¿Hablarían de ella? El ave se acicalaba en su rincón.

Jamie suspiró y se reclino en el asiento viendo la cola del auto de Riley que iba frente a ellos, le hubiera gustado estar allí y no aquí. El auto aceleró un poco, Jamie esperó que Cecilia no se dejara llevar por el ritmo de la música y los terminara estrellando contra el vehículo de delante.

—Cecilia ¿Podrías bajar la música? —Nicklaus detuvo la conversación con Christopher y miró amenazante a la chica—. No podremos escuchar ni una bocina de camión acercarse.

Cecilia miró al chico por el espejo retrovisor y le sacó la lengua adornada con un piercing, luego siguió meneando la cabeza y cantando en voz alta.

Habían estado viajando más o menos cuatro horas pesadas, por lo que solo se distrajo con los paisajes que pasaban volando y cambiando de apoco a zonas más verdes o secas conforme se acercaban a las rutas, y de repente allí estaba, frente a ella, su ciudad natal.

Y había estado todo el viaje intentando no pensar en nada relacionado con su padre, y le había sido muy difícil ya que se acercaban a su hogar. El corazón le latía a mil y no paraba de morderse el labio inferior, tanto así, que pudo sentir el sabor del hierro cuando rasgo su piel. Se acercaban al peaje con lentitud, había demasiado tráfico, en parte Jamie deseaba que se quedaran así eternamente y no tener que enfrentarse a la dura realidad que les esperaba del otro lado.




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