Ella se había levantado en medio de la noche, con ganas de ir al baño, así que fue en busca de su mamá, la cual no se encontraba en su habitación. Pudo ver que la luz de la cocina estaba encendida, seguro estaba allí.
Cuando llegó a la puerta arrastrando sus piececitos escuchó a su madre gritar enfurecida, por lo que se quedó asomándose apenas.
—¡Te dije que no vinieras! –su mamá estaba con los brazos cruzados parada cerca de la mesada, lo único al alcance de la visión de Jamie—. Finn.
—No me culpes, quería verte. —Una profunda voz masculina contestó, no era la de su padre—. Con todo lo que está pasando…
—No sigas.
—¿Mamá? —llamó Jamie asustada de interrumpir pero sin poder evitar llamarla.
—¡Jamie! —dijo su mamá sorprendida—. ¿Qué quieres?
Su madre se agachó, Jamie corrió a sus brazos abiertos sintiéndose segura, quiso mirarla pero por una extraña razón no le podía ver la cara, tanto que sintió el llanto en su garganta.
—¿Es tu hija? —Jamie miró al hombre sentado en la tenue oscuridad, lo único que le quedo en sus recuerdos era su mirada.
Dolido y Enojado.
Los ojos de Jamie se abrieron abruptamente. Lo primero en lo que pensó fue en “mamá” y lo segundo fue en los ojos de ese hombre, unos ojos que le parecían familiares. El recuerdo le vino de golpe, normalmente los recuerdos que tenía de sus cuatro años eran solo flash, pero pudo recordar con perfección esa noche, casi todo. Se había asustado de aquel hombre, pero a su madre solo le causaba ira, nunca había gritado como lo había hecho aquella noche.
Dolor y Enojo.
Se sentó en la cama, el horario de su celular marcaba las 08:30. Habían vuelto del viaje y ella se había arrastrado hasta su habitación, estaba tan cansada que se había dormido en el acto y no había sabido nada más desde ahí. Se arregló un poco y bajó, aún le dolía la cabeza, lo mismo con el brazo, según le dijeron se lo había aplastado cuando el auto casi es volcado.
—Buenas noches, Jamie. —Riley estaba en el comedor junto a Karina, Christopher y Nicklaus—. Estábamos esperándote, toma, cena algo. Jamie se sentó y recibió el plato (el cual olía exquisito) de guiso, con agradecimiento.
—¿Por qué siguen a Jamie? –preguntó Karina.
—Sí, exacto. –Jamie dejó la cuchara despacio—, al final nunca me contestas.
—Es que no sé. –Riley encogió los hombros—. En serio no sé nada.
—Luchas con todos esos demonios y ¿no sabes nada? — Jamie no podía creerle.
—Por muy increíble que te parezca, Riley no es adivino. — le dijo Christopher—, es solo un humano, mucho mas no puede hacer.
—Gracias Christopher por la explicación, pero la última parte no era necesaria, en serio. —Riley suspiró.
Jamie siguió comiendo un poco avergonzada, le parecía raro que al sarcástico de Nicklaus no se le ocurriera nada que decir. Ella lo miró con disimulo, el chico parecía cansado, y como si percibiera alguna clase de señal levantó la mirada y sus ojos se encontraron. A él no se le escapaba nada.
No sabía porque, pero Nicklaus le incomodaba, y sumando que no había forma de mirarlo sin que se diera cuenta, parecía tener los sentidos muy agudizados.
—¿Cómo está tu brazo Jamie? –preguntó Riley intentando desviar la atención de ambos.
—Aún duele. —respondió mirando a Christopher al recordar el accidente del auto y la casa, el chico tenía vendas en las manos y rasguños en el cuello, no los había visto antes pero debían ser de la explosión. Él la había tomado en brazos para sacarla de allí, sintió un puro agradecimiento en el corazón y no se lo había agradecido así que…—, Muchas gracias Christopher, por salvarme en el accidente.
—No hay de qué. —Christopher evitó su mirada, siempre mantenía las distancias y si hablaba nunca la miraba directamente, también eludía tocar a la gente, quien solo parecía poder acercársele mas era Nicklaus, o quizá solo era que él era muy invasivo, desde su persona hasta su personalidad. Ahí de vuelta, esa mirada de odio que le lanzaba ¿Por qué le tenía tanto odio? Ella le devolvió la mirada desafiante.
—Me voy a acostar. —Nicklaus se puso de pie con brusquedad y Riley se sobresaltó—. Estoy cansado.
Se fue, no sin antes pasar su mano por el respaldo de las sillas, de Christopher y las que le seguían, Nicklaus era tan agrandado que seguro pensaba que todo le pertenecía, Jamie tenía las absurdas ganas de sacarle la lengua como si fueran niños peleando.
—¿Cómo rescataremos a mi padre? —Jamie miró a Riley intentando ignorar a Nicklaus.
—¿Cómo? Con ayuda. —dijo Riley colocándose bien los lentes en un gesto tan repetitivo que Jamie empezaba a ponerse nerviosa—. Mira, la cosa es que no sabemos quiénes están tras de ti y tu familia, hemos estado pensando en ir a consultar a una familia de Brujos, ellos tienen redes de información en todos lados, es muy raro que se les escape algo por pequeño que sea. El riesgo es que pueden ser nuestros amigos como nuestros enemigos.
—¿Entonces qué es lo que haremos?
—Iremos a consultar, nunca está de más. —suspiró de cansancio y frunció el ceño pensativo—. Al menos hacer el intentó.