El Bolsón, provincia de Rio Negro
La residencia de los Murrison se encontraba en un sitio muy complicado para entrar con el vehículo: primero los recibieron campos y campos con animales pastando y mirándolos acusadoramente, luego se internaron en un camino rodeado de árboles amenazantes, crujían y se balanceaban a su paso.
—Espeluznante, espero que no se nos caigan encima. — dijo Rachel mirándolos por la ventana del copiloto.
—Ya veremos. —susurró Riley un poco inquieto.
Cuando por fin salieron de entre los árboles no se aliviaron ni un poco, ya que debían pasar por un viejo puente de concreto, se lo veía bastante agrietado…Jamie esperaba que no se echara abajo cuando le pasaran con el auto por encima, el miedo se le fue cuando lo cruzaron, se encontraban en el paraíso.
Un hermoso campo verde, un camino con sauces llorones a los costados (estos verdes y vigorosos) y el cantó de las aves, como en un cuento de hadas.
—Es precioso. —admitió Jamie admirando el paisaje.
—Es falso. —dijo Nicklaus rompiendo la ilusión.
La enorme casa estaba al final del camino, nadie salió a recibirlos cuando detuvieron el auto, todos se apearon, hacia frio pese al aspecto que trasmitía calidez, Jamie se acomodó el cuello de la campera temblando. Las copas de los árboles se balanceaban tímidamente con el viento.
Riley se había encaminado hacia la casa y parado frente a la puerta, volvió rápido sobre sus pasos. Lucia preocupado.
—La puerta está abierta. —dijo levantando la tapa del baúl—. Me parecía extraño que no hubiera protección.
Todos miraron a sus alrededores, ahora sentían la amenaza de ojos observándolos.
—Ve —Nicklaus sacó al ave del vehículo y le ordenó volar, el animal extendió sus magníficas alas y se elevó veloz—, él nos dirá si ve algo.
—Perfecto. Chicos vengan —Riley tenía el bolso abierto—, tomen las armas, iremos a investigar.
Todos se armaron rápidamente, Jamie, quien no sabía manejar ninguna, tomó cualquiera, total ¿Qué más daba? Sería igual de inútil con cualquiera.
—¿No sería más fácil usar armas de fuego? —preguntó Jamie al recordar que no vio ni una sola en la armería.
—Jajaja, sabes lo que es bendecir bala por bala. —rio Cecilia exagerada.
—¿Ben…bendecir?—Jamie la miró sin comprender.
—Sí, para que un arma funcione contra los Demonios se debe bendecir durante su forjamiento. —Rachel pasó el dedo índice por la hoja del arma que sostenía—. O sea, lo hace alguien que está calificado para hacerlo luego se vende a un muy buen precio.
—Ah, —Jamie miró el cuchillo con respeto, sería mejor no romperlo o si no, no sabía cómo pagarlo.
Cuando estuvieron listos subieron las escaleras principales y se posicionaron muy profesionales, Jamie solo se puso al lado de Rachel, ya que no sabía qué hacer.
Riley tomó aire y abrió la puerta, dentro había silencio.
—¡Hola! —La voz de Riley sonó fuerte en aquel silencio, nadie contestó. La sala principal estaba oscura, había zapatos llenos de barro en la entrada y paraguas secándose en un jarrón. El salón estaba igual de vació, había una lamparita encendida en una cómoda, unos metros más allá, en el sillón había una manta, chorreada alcanzando el suelo, frente al sofá había una mesita con una taza de café y un libro abierto, por el aspecto (una película fina de polvo cubría la superficie) estaba allí hacia mucho.
Rachel corrió las cortinas que habían permanecido cerradas dando un aspecto más deprimente al lugar, la luz del día entró iluminando todo, incluso las motas de polvo que levantaban ellos.
—Es extraño —dijo Rachel mirando todo—. Es como si se hubieran ido en medio del día y abandonado todo tal cual estaba.
—Es verdad —Riley tocó la taza, el movimiento ruidoso que estaban haciendo tranquilizo un poco a todos que ya tenían los nervios de punta—. Esta helada, debe ser de hace varios días.
Con la punta del cuchillo rescato una polilla ahogada del café.
—¿Qué es lo que habrá pasado? —Jensen tragó saliva.
—Quizá huían de algo. —Cecilia apuntó hacia la cocina, todos se asomaron, las puertas de la alacena estaban abiertas y todo lo que debía estar en su interior estaba revuelto. Había un frasco roto en el suelo.
—Si les atacaron quizá encontremos algo que nos lo confirme. —Aunque Riley no dijo “cuerpo” Jamie sabía que era eso a los que se refería, le dio escalofríos—. Nos dividiremos para buscar, Jensen con Rachel, Nicklaus y Jamie…
Tanto Rachel como Nicklaus se quejaron, ni lugar a Jamie le dejaron para protestar.
—Y Cecilia conmigo —Riley hizo caso omiso de las protestas—, Nicklaus te quedas con el segundo piso, Rachel tú con este, Cecilia y yo revisaremos las caballerizas y los alrededores, suerte.
Todos se distribuyeron acordes los mandatos de Riley, Jamie suspiró.
—Vamos —Nicklaus subió las escaleras sin mirarla. El segundo piso estaba igual, había puertas cerradas y otras abiertas, camas perfectamente armadas y otras que parecían abandonadas a medio armar—. Yo revisare las habitaciones de esta hilera, tú las otra.