—Mira, lo siento Christopher —Riley no paraba de disculparse.
Después de que se fueran, Riley salió detrás de ellos (con el auto prestado de un vecino), habían ido casi todos, salvo Karina y Rebecca. Y en aquel momento se encontraban caminando en una multitud bastante colorinche. Era un lugar que Rachel no conocía, pero por la forma en que Christopher se movía, él sí.
—Sé que posiblemente no me creas, pero enserio lo siento —Volvió a repetir, había estado con eso desde que los habían alcanzado. Riley se volvió hacia Margaret—. Y tú no deberías haber venido, le prometí a tu padre que te mantendría a salvo, no me hagas romper esa promesa.
—Uff, Riley —Margaret se detuvo—. ¿Sabes? soy muy capaz, sé que a mi padre y veo que a ti también les cuesta admitirlo, pero es lo que es.
Con mucha dignidad pasó entre Christopher y Riley adentrándose entre la multitud.
—¿Qué? ¿Ahora se revelan? —dijo Riley señalando atónito a la lejana Margaret—. ¿Y vos, Christopher? ¿No planeas decir nada?
—No tengo nada que decir —respondió Christopher impertérrito.
—Y para colmo ¿Qué hacemos aquí? —preguntó Riley molesto con la actual situación. Christopher siguió su camino así que Rachel se vio obligada a contestarle.
—No tengo ni idea, él nos hizo venir hasta aquí —Miró a sus alrededores—, y ya así ¿Qué es este lugar? No pareces muy sorprendido ¿Lo conoces?
Riley se acomodó los lentes, luego el pullover antes de contestar —Es un lugar en el que no debería estar…Bueno no deberíamos estar, ninguno, menos Christopher.
—¿Por? —Rachel miró la multitud con más respeto, dado el tono que Riley estaba usando hablaba muy enserio.
—Aquí se reúne todo tipo de gente; Ladrones, asesinos, sicarios y vendedores de información, así como traficantes, y sobre todo es un sitio en donde prevalece lo sobrenatural y su lado negro si le llamamos de alguna forma.
—Entonces hablamos de algo parecido al mercado negro ¿no?
—En realidad se lo llama Bunker, solo los enterados saben en dónde está.
—¿Ya habías estado aquí? —susurró Rachel con curiosidad.
—Nop, solo había escuchado de él—suspiró mirando a Christopher por delante de ellos—. Pero él sí que lo conocía.
Caminaron en silencio luego de eso. Todo era ahogante, las personas la empujaban y luego la miraban mal, otros la aplastaban y ni le pedían perdón ¿Cómo podía Christopher que no le gustaban las personas estar entre esa multitud?
Cuando logro localizarlo supo porque, todos se apartaban a su paso.
Mientras Rachel intentaba evadir a un vendedor de sustancias extrañas chocó contra un enorme hombre obeso.
—Disculpe —dijo ella con la intención de pasar y seguir su camino, el hombre no se movió—. He dicho que lo siento ¿me dejara pasar?
El hombre le contestó con un gruñido lleno de saliva y un aliento de pudrición, ¿Qué significaba? ¿Qué la perdonaba o no? Algo tiró bruscamente de él hacia atrás, tenía una cadena alrededor del cuello, alguien lo apartó. La mente de Rachel vacilo, no pudo evitar recordar lo que los chicos le habían contado, el gigante que había atacado a Jamie. No se entretuvo más allí y lo más veloz que pudo, lo pasó, los demás ya se habían ido.
—¡Riley! ¡Christopher! —Los llamó dando vueltas y vueltas aún sin verlos, desesperada en aquel lugar que le era totalmente desconocido. Varias miradas extrañas se posaron sobre ella, los susurros y los olores no arreglaban la situación en la que estaba.
Intentó relajarse, no le gustaba admitirlo, pero se había perdido.
Estuvo una hora dando vueltas y preguntando a varias personas (aquellas que veía menos sospechosas) por sus amigos, nadie los había “visto” o a cambio de la información querían dinero.
Cansada y desanimada se apoyó en una columna, siendo consciente de que su espalda era vulnerable en aquella multitud. Más gente ya comenzaba a mirarla rara, notaban que no encajaba allí para nada, no faltaría mucho para que alguien se le acercara en busca de respuestas.
Lamentablemente la batería de su celular se había descargado por completo durante el largo viaje hasta allí y las esperanzas comenzaban a perderse, si no los encontraba debía tomar una decisión, sea cual sea… Un gritó resonó alto entre la multitud ambulante, un gritó femenino. Margaret sin duda…
En cuanto lo escuchó salió corriendo, gracias a su arduo entrenamiento pudo orientarse hacia él.
—¡Con permiso! —Rachel se abrió paso entre la gente apiñada.
—¡Suéltala! –El desgarrador gritó de Jensen le llegó a los oídos activando más su fuerza, estaban en peligro—. ¡HE DICHO QUE LA SUELTES!
Y con razón la desesperación, cuando los visualizó vio algo terrible, Margaret estaba en el aire, colgando de cabeza, por mucho que intentara soltarse agitándose e intentando llegar a la soga de sus pies no lo lograba, Jensen desesperado intentaba con todas sus fuerzas hacer que unos cuatro hombres adultos la soltaran. Los hombres se reían, viéndolos desesperar, uno de ellos sostenía la cuerda que pasaba sobre una viga del techo.
—¡¡Hey, hey!! ¿¡¡Que hacen!!? —Rachel se interpuso, quitando a Jensen del alcance de los hombres.