Crónicas de una mestiza Vestigios de mí sangre

Capítulo 11 Ley rota, ley cumplida

—Co...¿Cómo me encontraron? —Todos se encontraban reunidos alrededor de Julián Murrison, quien no paraba de saltar de uno a otro con sus aterrados ojos.

—Pues la verdad es que eso no lo sé —Riley miró a Christopher al decirlo—. Pero deberías agradecer a esa señora…—Señaló a los mujer del puesto—, de que supiéramos quien eras.

La mujer los miró con odio, se dio la vuelta y se alejó, Murrison tragó saliva.

—Yo…yo les daré dinero, lo que quieran —Parecía estar a punto de desmayarse—. Solo…solo déjenme ir.

—¿Lo que sea que queramos? —Riley parecía considerarlo. Julián asintió pálido como un fantasma—. ¿Qué sucedió con tu familia? Desaparecieron ¿lo hicieron a propósito o alguien los hizo desaparecer? si es el caso ¿los traicionaste? o ¿alguien más lo hizo?

—¿¡Que!? ¿De qué habla? —El chico realmente parecía sincero, Rachel y Riley se miraron con complicidad, el chico no sabía nada.

—Creo que ha sido una pérdida de tiempo el haber venido acá —dijo Jensen fulminando a Christopher con la mirada.

—No —Christopher soltó a Julián ya que Riley también lo sostenía—. Él dijo que ¿cómo lo encontramos? y si a su familia no le paso nada, entonces significa que ellos mismos lo hicieron, desaparecieron, están huyendo ¿no?

—¿¡Que!? No, no puedes sacar eso solo por algo que dije asustado —Julián estaba nervioso, eso era bastante evidente, y conociendo a Christopher era probable que tuviera razón.

—Dime —Christopher se agachó para estar a la altura del chico Murrison—. ¿De quién escapan? presiento que de personas muy poderosas si sus escudos no les sirven para protegerse.

Estaban tan concentrados en el interrogatorio que si Christopher no hubiera mirada hacia la multitud no se hubieran percatado del bullicio.

—¡Córranse! —Los gritos provenían del otro lado de la multitud.

—¿Qué sucede? —Rachel cazó a una mujer que huía con cara despavorida.

—Los guardias del Jurado —Se fue zafándose del agarre de Rachel sin más, desapareciendo entre la multitud.

—¿Qué sucede? —preguntó Riley poniéndose de pie al ver la cara que tenía Rachel y con razón.

—Guardias del Jurado —contestó ella intentando hacerse oír, pero evitando gritar. El mismo pavor ocupo la cara de Riley.

—Jajaja —rio Julián Murrison—. Les han denunciado y ahora me rescataran de sus manos.

Todos lo miraron, en sus miradas había incredulidad y triunfo, el chico se dio cuenta que había metido la pata y se puso pálido.

—Bien, vamos —dijo Riley poniéndolo de pie con la ayuda de Christopher—. Gracias por el avisó, se me había olvidado.

La puerta estaba demasiado lejos, pero si se dejaban arrastrar por la multitud de delincuentes podrían salir e incluso los podrían usar para camuflarse hasta estar en puerto seguro.

—¡AQUÍ ESTOY! —Contra todo pronóstico Julián gritó.

—¡Allí! ¡Allí! –La gente que los rodeaba comenzó a alejarse, no querían tener nada que ver con ellos, los “criminales” a los que buscaban. Del otro lado pudieron ver a la misma señora señalándolos con furia.

—¡MIERDA! —exclamó Cecilia sacando otra arma de su cinturón—. Lo mejor hubiera sido noquearla con un buen golpe.

Los guardias se acercaban corriendo hacia ellos.

—¡Vamos! ¡Vamos! —Riley se apresuró hacia la puerta arrastrando a Julián, quien intentaba resistirse.

—¡Empújenlo! —Rachel lo ayudó, Margaret y Jensen le siguieron, el chico se vio arrastrado por una fuerza mayor.

—¡Nooo! ¡María! —gritó intentando inútilmente alcanzar a la mujer quien ni se encontraba al alcance. Rachel pensó en medio del caos “Con que ese es su nombre” se satisfizo el saber el nombre de esa mujer que les trajo muchos problemas.

Los guardias aún daban vueltas buscándolos. Ellos estaban escondidos, habían podido salir del mercado pero no del territorio. Por fin Julián Murrison se había desmayado, eso dificulto la huida y era por eso que se habían ocultado entre unos escombros oscuros y malolientes.

—¡Encuéntrenlos! —Desde allí se podía ver al capitán del equipo dando órdenes.

—¡Maldición! —susurró Riley—. ¿Cuántas horas estaremos aquí?

—Ja —Cecilia apuntó a Riley con la punta de su navaja—, Si no tuvieras esas estúpidas reglas esto no hubiera pasado.

—¿Estúpidas? esas reglas son para que no maten a nadie. —Solo la iba a noquear —dijo Cecilia un poco demasiado fuerte.

—Shh —advirtió Rachel, el capitán se acercaba junto a uno de sus oficiales. Todos los ocultos apretaron sus armas, los guardias llegaron hasta allí, por suerte y desgracia se apoyaron en los muros derrumbados. Aún no los habían escuchado, gracias a Dios.

—Parece que no obtienen nada —escupió—El brujo tuerto ¿Crees que realmente sea él?

—Parece ser, Capitán.

—Si llegara a ser él ¿Sabes el dineral que obtendremos? — rio con codicia. Un brujo tuerto. No era necesario que nadie dijera nada, todos sabían que hablaban de Christopher. Tenía un precio por su cabeza y nadie dudaría en denunciarlo.




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