Crónicas de una mestiza Vestigios de mí sangre

Capítulo 13 Familia parte 2

—¿Creí haberte dicho que no volvieras? —Bruce se tiró hacia atrás en el asiento.

—He venido a charlar contigo, padre –Nicklaus avanzó en la habitación.

Jamie se puso de pie, ¡¿Qué?! ¿Padre? Era verdad ahora estando los dos allí, frente a frente, ella podía ver el parecido. Ya sabía a quién le habían hecho acordar los ojos de Bruce. Nicklaus la miró, había furia en sus ojos azules.

—¿Y a hablar de qué?

—Quiero negociar la liberación de Jamie y de su padre.

—¿Disculpa? –Lambert se puso de pie–. ¿Desde cuándo, si se puede saber, te preocupa una mestiza? Hermanito.

Nicklaus retrocedió un poco cuando Lambert habló, volvió a mirar a su padre –Sé que tú me lo advertiste, pero solo hablémoslo ¿sí?

La verdad era que Nicklaus se veía muy inseguro, y si Jamie podía notarlo su padre también. Ella lo interrogó con la mirada y Nicklaus se la devolvió como diciendo “Déjamelo a mí y espera” Si apenas estaba haciendo que su padre lo considerara ¿qué pretendía? Quería hablar con él pero no creía que la dejaran.

—Váyanse, todos –les echo Bruce–. Quiero hablar a solas con él.

—Okey, padre –Lambert puso una mano detrás de Jamie y la empujó para que avanzara.

—¿¡Que!? No, ¡Nicklaus! –Jamie por un momento se agarró al brazo de Nicklaus, el chico la apartó.

—Jamie por favor, estoy haciendo esto por vos –le susurró dejándola ir.

—No, no, no –La última imagen que tuve de él antes de que se cerrara la puerta era del chico cerrando los puños y mirando fijo a su padre.

—Disculpa, si no nos sacaba así, es seguro que mi padre nos sacaría con los platos, ja, ya sabes a lo que me refiero – Lambert la había guiado escaleras abajo ¿no la devolvería a su celda?

—Sí, parece que tu padre sucumbe fácilmente a la furia – Jamie se aclaró la garganta–. Em, este no es el camino a mi celda, entonces ¿Dónde me llevas?

—Parecía que necesitabas aire, pensaba llevarte al jardín ¿Esta mal? –El chico la miró a los ojos, tenía unos hermosos ojos azules con tonos verdes cuando la luz del sol los reflejaba, se sorprendió cuando los tonos subieron al morado, hacían recordar a un rio corriendo bajo el abrasador sol.

El jardín era hermoso, había una laguna rodeada de sauces llorones y patos coloridos nadando en él. El aroma a jazmines inundaba el ambiente de ensueño, un camino de piedras rodeaba el estanque y finos bancos blancos permitían disfrutar de aquella maravillosa vista.

—Caminar te hará bien antes de volver a esa oscura celda –Lambert la guio hacia la laguna.

—¡Que precioso! –Jamie alzó la vista hacia las ramas de los jóvenes sauces, el dulce aroma la embriago, miró los bancos puestos a intervalos entre árboles.

—Sí, cuando estoy triste suelo venir hacia aquí y miro estas aguas, quietas, la verdad es que tranquilizan la mente.

Su mirada estaba perdida, una fugaz tristeza pasó como una nube por sus ojos. No sabía que decirle, nadie jamás le había dicho algo parecido, aunque quizá era uno de aquellos momentos en los que uno debe solo acompañar y no hablar. Ella tomó su brazo para que supiera que estaba ahí con él y miró hacia la laguna, el sol brillaba reflejándose en las plumas de los patos nadadores, si no recordaba mal los de cabeza verde se llamaban Ánade real y los pequeños coloridos Mandarín, respiro aquel aire tan puro y recordó cuando de pequeña solía ir a mirar los patos del parque con su mamá y cuando su papá no tenía trabajo las acompañaba también, aguanto la respiración, no era un buen momento para caer.

—Yo no sabía que Nicklaus era tu hermano –Jamie habló para dejar atrás aquellos recuerdos. Siguieron caminando–. O sea, ahora noto el parecido, pero cuando te vi no me lo recordaste.

—Lo sé, yo tengo un parecido a mi padre, al igual que mi hermana mayor.

—Rosamond ¿no? –Jamie recordó a la chillona chica de la cena.

—¿¡Qué!? Ay no, Rosamond es mi prima por parte de madre –rio un poco–aunque se podría decir que es como una hermana ya que mi madre la cuido desde que era muy pequeña.

—¿Qué le sucedió a sus padre? –se interesó ella. —Murieron en un accidente, eran los tíos más cercanos.

—Lo siento –se lamentó Jamie, él negó con la cabeza.

—Fue hace mucho tiempo –se aclaró la garganta–. Y ¿Qué de tu familia?

—Hum, pues… –Lambert había desviado el tema a la familia de Jamie seguramente porque aún le dolía aunque fingiera que no–. No tengo tíos de ninguna de las partes–Se detuvo–, Claro, que yo supiera, y mis abuelos paternos viven lejos y solo de vez en cuando vienen para navidad, aunque ya van dos años que no nos visitan. Mi madre murió y mi padre volvió a casarse con una mujer malvada como en los cuentos, y esa es mi historia feliz–Miró a Lambert frunciendo los labios.

—Con que hija única ¿he? –dijo sonriendo–. Amaría serlo.

—¿¡Qué!? Yo siempre quise un hermano, alguien en quien confiar, un amigo para siempre y lo más importante alguien con quien poder compartir todo.

—Créeme, los que los tenemos no los deseamos –sonrió–. Es por experiencia.

—Eso no puede ser, es lo único que alguien desearía –dijo Jamie incrédula.

—Pues… –Ambos rieron. Lambert era agradable y simpático, hablar con él se sentía cómodo, era la primera vez desde que Riley y los otros la habían secuestrado que podía hablar así con alguien.

Jamie miró hacia la casa, ya habían dado vueltas casi toda la laguna, las ventanas reflejaban la luz del sol impidiéndole ver a la gente de dentro.

—¿Nicklaus estará bien? –Lo habían dejado con Bruce y a él no se lo veía muy cuerdo.

—Claro que sí, aunque haya dejado la familia aún le quieren, es el pequeño –suspiró con dolor.

—¿Por qué se fue? –Jamie miró a Lambert a los ojos, algo cruzo por su cara, él desvió la mirada cortando todo contacto con ella.

—No, no puedo decírtelo.

—¿Por qué?

—Porque si lo hago cambiara la imagen que tienes de él y no puedo hacerle eso, es mi hermano aunque haya… –se detuvo–. ¿En serio quieres saber?




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