¿Habían muerto? Jamie casi tenía miedo de abrir los ojos y encontrarse con la nada. Poco a poco los fue abriendo y a través de sus pestañas vio luz.
¿Luz? En ese tenebroso mundo la única luz había sido el destello rojo del arma de Nicklaus, pero aquella luz era blanca y el olor podrido del pantano se había esfumado para dar paso al fresco olor del perfume ambiental.
Jamie levantó la cabeza con los ojos abiertos por completo. El suelo era de baldosas, rosadas y frías, no de barro y hojas podridas llenas de gusanos, había paredes pintadas de rosa y purpura claro, llena de estanterías con peluches y muñecas de cerámica. Aliviada pudo respirar sin la pesada niebla.
—¿Saben? Nunca me gusto que Lambert hiciera cosas sin consultarle a los tíos —Jamie se volteó hacia donde la voz había hablado, allí, sentada a una mesa redonda con un juego de té y un peluche de conejo en las manos estaba Rosamond. Fijó sus ojos azules en ellos—. Tampoco me gustan las niñas sucias.
Jamie miró su vestido horriblemente embarrado y se avergonzó. Rosamond tiró el peluche y se puso de pie. Un escalofrío recorrió a Jamie, esa chica incluso daba más miedo que Lambert. La habitación estaba repleta y completa de peluches, había una casita para muñecas, incluso un mini auto rosa. Y en los sillones de terciopelo reposaban peluches de tamaño humano.
—¿Qué es lo que quieres Rosamond? —Nicklaus fue quien habló, el chico parecía más relajado al menos.
—Nada —La chica volvió a la mesita redonda—. ¿Quieren té?—ofreció y sin esperar respuesta comenzó a servirles. Nicklaus miró hacia atrás a las paredes, hacia la dirección por la que deberían haber pasado—. No te preocupes, él no puede venir aquí, no desde que me rompió las muñecas.
Nicklaus sin vacilar fue hasta la mesa y se sentó.
—Ustedes también —Jamie y su padre se miraron y copiaron a Nicklaus. Rosamond servía el té sin mirarlos—. Una para ti, otra para ti y para el anciano.
—Anciano —susurró su padre tomando la taza que Rosamond le ofrecía. En medio de la mesa había una bandeja con galletas y bizcochitos pequeños. Encima de la mesa también había muñecos. Jamie se dio cuenta que eran una réplica de Rosamond y Jared, ambos sonrientes y tomados de las manos, en tamaño de muñecas de torta.
—La verdad era que necesitaba alguien con quien hablar —Rosamond tomó un sorbo de té, las tazas estaban decoradas con símbolos: [*°4] en relieve dorado—. Jared está ocupándose de un asunto y no puede tomar el té conmigo.
—¿No es un poco tarde para el té? —dijo Nicklaus mirando dentro de la taza.
—La hora del té es cuando yo quiero —dijo Rosamond caprichosamente. Era extraño estar ahí cómodos cuando hace nada más que ocho minutos atrás estaban corriendo por sus vidas. Además que Nicklaus estaba cómodo y relajado, nada que ver con antes cuando estaban con Lambert.
Rosamond canturreaba mientras comía un biscocho.
—Insoportable ¿No? —dijo mirando a Jamie—. Siempre es así, no para de molestarme. Ni a mi Jared. Y desde que te fuiste —esto a Nicklaus—. Ha intensificado sus ataques hacia mí.
Resoplo. Era muy confusa, Jamie supuso que se refería a Lambert ¿no? Se comportaba como una niña aunque no debía tener más que Jamie, y además de secuestrarlos no estaba claro si los estaba ayudando o que. Lo único que Jamie no quería era que en cuanto se aburriera de ellos los tirara de vuelta al bosque.
—Esta reunión necesita un poco de música —Chasqueó los dedos y al instante broto música, Jamie ni siquiera sabía de donde salía ¿acaso de la nada? Tampoco tenía claro si se encontraban dentro de la casa o en ningún lugar. Cuando llegara a casa renunciaría a los mapas, ya que al parecer de ahora en adelante no le servirían…eso es si volvían. Jamie se sentía muy lejos de casa. Rosamond continuo: —¿Acaso les ha robado la voz?
—Prima ¿te puedo pedir algo? —Nicklaus se inclinó hacia delante, tenía las manos debajo de la mesa y Jamie al estar sentada a su lado pudo ver que las apretaba nervioso. Con qué estaba nervioso, al parecer con Rosamond lo podía disimular mejor que con Lambert.
Rosamond hizo un gesto exagerado con la boca pensando y dudando como si se tratara de un dibujo animado—. Depende lo que quieras.
Las manos en su regazo se apretaron más, hasta el punto de quedar blancas—. ¿Nos ayudarías a salir de aquí?
¡Bien! Directo, Jamie quería salir de allí pronto.
—No —La respuesta desanimo a todos, se ve que fue muy evidente porque Rosamond hizo un gesto de lastima—. No es que no quiera, pero los tíos me mataran y yo no quiero eso, tu tampoco ¿verdad?
—Claro que no Rosamond, pero si nosotros no huimos Lambert nos matara, a nosotros —Nicklaus los señaló y Jamie y su padre asintieron.
—Eso no va a pasar, porque se me ocurrió una cosa —dijo riendo como una niña traviesa.
—¿El qué? —preguntó vacilante Nicklaus.
—Si se quedan aquí, en mi habitación, él no los podrá encontrar y no los matara.
—¿¡QUE!? —dijeron los tres al mismo tiempo.
Riley aún estaba tratando de asimilar lo que Christopher le había dicho. Mientras el susodicho chico parecía impaciente, algo muy raro en él.
—Papá —Jensen se acercó a Riley y lo miró con seriedad a los ojos—. Jamie puede estar sufriendo, hay que darse prisa. Debemos seguir buscando no podemos confiar plenamente en ese mensaje.