Al final solo tuvieron que esperar unos diez minutos, cuando Rosamond dijo que estaban listos para partir Jamie no pudo evitar relajarse y sentirse triunfante. Al fin lo lograrían, aunque primero debían estar fuera de allí.
Con un chasqueó de dedos la habitación se esfumo y se encontraron en una pista de aterrizaje. Las baldosas suaves y rosadas fueron sustituidas por asfalto.
—Muy bien tomaremos un avión para salir de este paraíso de ensueño y dejarlo atrás —dijo Rosamond señalando un reluciente avión blanco de rayas gris que llegaba hasta la cola, allí había un gran símbolo: [*°6]
—Espera ¿Creí que ya habíamos salido de la ilusión? — Jamie se quedó boquiabierta ¿En serio aún se encontraban allí? Su ingenua ilusión comenzó a desvanecerse.
—Que va —dijo Nicklaus—, No lo es, es parte del territorio de mi padre y Rosamond lo llama así, ya estamos fuera, en Bolivia.
—Pero no se parece a Bolivia —Jamie miró a los alrededores, el paisaje era muy boscoso y verde, estaban en la cima de una montaña con una planicie artificial para que el avión aterrizara. Aún podía recordar cuando su padre y ella habían vacacionado en Bolivia y así sí que no la recordaba.
—¿Recuerdas la mansión Murrison? —Jamie asintió, Nicklaus continuo:— Esto es parecido, la vegetación se mantiene con magia, aunque en el caso de mi familia es exagerado porque nuestro poder es mayor. Antiguamente era una bendición tener brujos en las tribus porque en tiempos de hambruna siempre se podía recurrir a su poder.
Luego de aquella breve conversación se habían subido al avión, cuando se elevaron en el aire y la tierra quedaba cada vez más lejana los tres ex prisioneros se pudieron relajar.
Volverían a sus vidas ordinarias y se encontrarían con Christopher…sintió una inquietud en su corazón, tenía tantas ganas de verlo y hablar con él, extrañaba…¿Extrañaba? ¿Qué exactamente? Se avergonzó un poquito, esperaba no haberse puesto colorada ¿qué extrañaba, que le corrigiera de mal manera, que la tratara de tonta?
—Te matare —dijo repentinamente Nicklaus.
—¿Disculpa? —Jamie se quedó pasmada.
—Por llamarme Nick ¿recuerdas? —Parecía de verdad muy molesto.
—Lo siento ¿prefieres Klaus? —Él la remató con la mirada, supuso que eso era un no.
—Jamie, querida —Habló su padre—. En su cultura está mal decir el nombre abreviado de alguien si no estás casado con él —dijo señalando a Nicklaus.
—Ah, pues…disculpa —Los brujos tenían unas cuantas reglas estúpidas, aunque pensándolo bien hasta hacia unos siglos atrás las personas no se tuteaban. ¡Ah! ¿Por eso Christopher se había enojado cuando ella lo llama Chris? Supuso que debía disculparse cuando lo volviera a ver, y por las dudas de cometer otro error le pediría que le contara todo sobre los brujos, al fin y al cabo ella era mestiza ¿no? Y aquellas personas eran la sangre de su madre, debía conocerlos más.
¿Qué estarían haciendo los demás? ¿Los estarían buscando? Si, seguramente. Karina estaría feliz de ver a su padre, ella lo miró ¿y él? Jamie no se podía ver capaz de amar a alguien después de que su media naranja hubiera muerto, ¿Cómo podía hacerlo su padre? Durante mucho tiempo pensó que él ya se había olvidado de su esposa, su madre, pero ahora se dio cuenta de que no, él aún la amaba, y seguro que evitaba habla de ella porque sus recuerdos aún eran muy vividos. Jamie se apoyó en el hombro de su padre abrazándolo, había sido estúpida y cruel con él cuando no se lo merecía.
Jamie despertó con la risita de Rosamond, la chica hablaba con alguien por el comunicador riendo tontamente.
—Dile al piloto que tenga cuidado, adiós —se despidió.
—¿Cuánto he dormido? —bostezó Jamie.
—Ah, hija despertaste —su padre le sonrió—. El copiloto dice que estamos por llegar.
—¿En serio? ¡Qué bien! —Jamie se desperezó, tenía la espalda agarrotada de estar durmiendo sentada. Nicklaus se veía impaciente, estaba mirando por la ventana detrás del padre de Jamie, aún tenía la pistola en su regazo ¿acaso no confiaba en que los llevaría hasta los demás? Jamie miró a Rosamond sentada al lado de su primo, estaba tontamente feliz, no parecía que estuviera engañándolos. Pero con aquella familia era todo posible. La otra chica se captó que la estaban mirando.
—¿A quién le has enviado la carta? —preguntó Jamie.
—A Christopher —respondió la bruja, sincera.
—Ah —Jamie se relajó, seria él quien estaría esperándolos entonces. Seguro estaría molesto con ella por ser tan descuidada, pensarlo le hizo sacar una sonrisa que Rosamond vio.
—¿Estas casada Jamie Bartram?
—¿Eh? No —¿A que venía esa pregunta?
—¿Sabes? Nicklaus si —Rosamond abrazo a su primo.
—¿En serio? ¿No es demasiado joven? —Jamie se sorprendió pero de inmediato recordó lo que Margaret le había contado “Cuando un brujo va a nacer se elige con quien se casara y se hace un pacto entre familias” ¿Entonces todos los brujos estaban casados? Acababa de darse cuenta de algo, Christopher…¿También?
—…¿Y ya se besaron? —estaba preguntando Rosamond a Nicklaus en ese momento.
—Rosamond —Nicklaus la amonestó poniéndose rojo de vergüenza, Jamie no creyó nunca que el chico tuviera algo de vergüenza. La vida podía sorprenderte, y algunas veces no para bueno.