Crónicas de una muerte anunciada

CAPITULO III Fantasías de una estación perdida

Micaela

Finalmente he cesado de llorar ha pasado quizá poco más de media estación, no hubo respuesta -tampoco es que haya intentado ir tras ella – aunque debo asumir que guardé la esperanza hasta este día, admito que imaginé un escenario dónde aparecía con tremendo ramo de rosas rojas -porque conoce mis gustos- pidiendo perdón por equivocase de elección -cómo si uno pudiera elegir a quién amar- corría hacía mí, me tomaba de la cara y mientras me besaba con fuerza como si el mundo fuera a terminar, cómo si de ese beso dependiera la humanidad para finalmente terminar entre sábanas blancas escribiendo una nueva historia de dos entre caricias, risas y pasión, mientras alcanzo el éxtasis susurre a mis oídos todo el amor que tiene guardado por mí y dibujo besos con mis labios en su lienzo la obra perfecta del amor.

También la imaginé llegando con esa guitarra casi desafinada y un ramo de lirios cantando alguna canción de perdón o recitando ese poema que prometió escribir y que aún no ha terminado supongo que igual y jamás lo hará, en ambos escenarios me imaginé felíz, riendo emocionada, me sentí amada, pero sólo en mi imaginación sucedió, sólo en sueños vendrá, anhelo verla llegar pero no sucederá…

Mich

Cabe mencionar que su noticia me cayó cómo balde de agua fría, en ningún momento mencionó que sentía algo por alguien o “algo por mí” de haberlo sabido me hubiera ahorrado tremendo lio.
Supongo que le di alguna señal confusa dónde se imaginó un mundo de dos, quizá fue ese poema que prometí escribir para ella o mi forma poco común de mostrar interés, es mi amiga o por lo menos eso era hasta hace no sé cuántos días pero, es mi amiga, mi confidente, ella conoce mi primer amor, la primera chica que me gustó, mi primer beso, mi primera vez con una mujer, sabe que detesto los gusanos, que cada qué camino cómo si viniera programada cuento cada paso que doy, que miro a ambos lados al cruzar aunque sólo venga en una dirección la calle, conoce mis miedos más recónditos, mi tristeza y el dolor que no suelto desde que abuela partió, sabe que frunzo el ceño para que nadie se acerque, incluso sabe qué me huelen los pies, que uso la ropa interior al revés, que he llorado a solas por papá, que mi miedo más grande no es casarme sino qué tenga que vivir por el resto de mis días con la mujer equivocada por no saber reconocer el amor aunque lo tenga ante mis ojos, que si, que le tengo un terror descomunal al amor aunque todos mis escritos hablen de el, cómo podría enamorarse de alguien cómo yo, que a todo teme, que por miedo todo deja, que sólo se escribir poesía, que desafina, que apenas y sabe colocar dos o tres partituras, que soy más sueño que realidad, en qué mundo alguien cómo ella que es altamente inteligente, fina, elocuente puede voltear a ver a alguien cómo yo, ¿Qué clase de chiste de pacotilla es éste? ¿Contra quién apostó?

No tenemos ni la más mínima oportunidad ni en ésta vida ni en la próxima, ella pronto terminará la universidad y con ellos viene éxitos, será doctora de renombre y yo, yo que vivo de sueños, que mi éxito tardará un poco más -porque puedo ser inestable pero confío que seré enorme- no podré brindarle lo necesario, cómo le correspondere, a dónde la llevaré?
Ella no puede amar a alguien cómo yo.

Micaela

Mientras abria las ventanas y recogía todo el desastre que dejé mi mirada se clavó en aquella mesa de centro que juntas construimos – me pierdo en cada detalle tuyo, todo me recuerda a ti - yacía sobre ella un aviso, hace muchos días lo debí dejar allí pero lo olvidé.
- Perdí el trabajo –

Cierta dosis de ira y frustración se apoderó de mí, mi rendimiento laboral iba en picada desde qué en mi cabeza no había otra cosa que no fuera esa declaración y las falsas señales o aquello qué nunca fueron señales que solo estaban en mi mente pero, moría porque lo supiera, quise soñar quizá igual que ella en qué en algún momento de nuestras vidas sería para ella algo más que amigas, quise qué lo fuéramos todo y terminamos en la nada.

Rotundamente mi vida dio un giro desde ese día, a poco tiempo de terminar la pasantía y me eché a llorar y beber cómo si mi vida se hubiese arruinado a causa de algo extremadamente malo, intenté llamar, no hay respuesta, estaba a meses del éxito y me permiti fallar.

Hoy me desperté con cierta dosis -que supongo el dolor de la realidad me inyectó – de sarcasmos puro ardiendo en mis venas, nunca me he sentido más que nadie por nada del mundo pero por dios, me estoy dejando morir por una chica que no sabe realmente lo que quiere? Que si bien creo firmemente que logrará cosas grandes, sus niveles de madurez están por debajo de los míos, voy a ser doctora muy pronto, no según con certeza si perdí la pasantía o aún puedo recuperarme.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.