Crónicas de una sirena enamorada 1

Cara a cara con Atolón

 

Un ruido en la puerta principal captó la atención de la familia. Guardaron silencio y otros tres o cuatro golpes se volvieron a escuchar. Traimor se acercó sigilosamente a la ventana y vio que se trataba de Joseph.

—Tranquilos, es el marinero—dijo el tritón y abrió la puerta.

 

—Hola Traimor, lamento llegar tan temprano, solo quería saber si están bien.

 

Traimor le contestó que no había de qué preocuparse, invitó al joven a pasar y cerró la puerta. Luego siguió al marinero hasta la sala en la que los demás estaban. La madre de Lumina miraba fijamente al joven mientras que el resto de la familia seguía en silencio.

—¿Eres Joseph, no es así? —decía la mujer esforzándose por ponerse de pie.

—Sí, soy yo.

 

Lumina se acercó a su madre y dijo —Joseph, te presento a Andrómeda, mi madre.

—Ahora veo de donde heredaste tanta belleza.

 

Joseph pidió hablar un momento a solas con la reina de Tritonia. Tenía la necesidad de hacerlo a pesar de estar dominado por el miedo. Caminó junto a la sirena hasta la cocina y allí inició la conversación diciendo: — Seré directo. Sé de dónde viene y quiero que sepa que su secreto está salvo. Además, estoy enamorado de Lumina y no haría nada que pudiera hacerle daño.

A lo que Andrómeda contestó— si sabes mi lugar de procedencia debes saber quién soy y en su defecto quien es mi hija realmente, ¿no es así?

—Usted lo ha dicho— contestó Joseph mirándola a los ojos— lo supe desde el primer día y no me importa, solo quiero protegerla y estar con ella. Sé que usted, Lumina y Stara son sirenas, que son de una familia real y viven en Tritonia.

Dicho esto, el joven guardó silencio. Andrómeda podía ver que algo preocupaba al joven, lentamente se acercó a él y le preguntó — ¿está todo bien?

En el preciso instante en el que el marinero iba a contestar, llegó Lumina y se ubicó al lado de Joseph—¿podemos salir un rato?

Andrómeda no tenía motivos para decirle que no. Les dijo que no se alejaran mucho de la casa y que tuviesen cuidado si alguien se acercaba o actuaba de manera sospechosa. La sirena y el marinero salieron a dar un paseo, llegaron hasta la zona rocosa y allí permanecieron un rato. Lumina se acercó a Joseph y este le dio un abrazo.

—Joseph, ¿Qué clase de hechizo usa la televisión? Aún no comprendo cómo las personas caben en tan poco espacio.

El joven comenzó a reír tiernamente y le explicó la forma en la que la televisión funcionaba. Conversaron por varios minutos, de un momento a otro algo captó la atención de la sirena la cual se quedó distraída mirando al muelle. En ese instante Joseph se inclinó un poco ya que escuchó un burbujeo debajo del agua.

Atolón estaba observando, de la nada dio un salto agarrando al marinero. Lumina creyó que se había caído—¿Joseph? —Dijo buscando a su compañero.

Bajo el agua, el joven vio cara a cara al malvado tritón. Lo quería con vida, para esto lo encerró en una burbuja de aire y nadando velozmente lo llevó hasta su palacio. Lumina se sumergió y notó que algo andaba mal. Salió y caminó a casa de su tía.

—Joseph desapareció—decía desesperada

 

—¿Cómo pasó? —preguntó Raynor.

 

—Por un momento me distraje y sentí que Joseph cayó al agua. Al ver que no salía me sumergí, pero no lo encontré. ¡Tengo mucho miedo!

Mientras tanto en el fondo del océano, Atolón nadaba velozmente llevando a Joseph en la burbuja. En el paso del South Sándwich Trench, se detuvo para hablarle al marinero—eres un ser despreciable, tú jamás tendrás a mi Lumina.

Joseph no pronunció una sola palabra, solo veía al príncipe de la maldad lleno de terror. En ese instante Joseph sentía pánico, sabía que Atolón pronto iba a asesinarlo.

—¿Qué pasa, humano? ¿no puedes hablar? Está bien. Haré que lo hagas en cuanto estemos en mi palacio—comentó y siguió nadando.

Leyniker, un joven soldado de Tritonia, vio al príncipe del pueblo vecino nadando en compañía de un humano. Este nadó sigilosamente hasta el palacio de Ranhir para dar la noticia.

—Majestad, he visto algo sospechoso en los alrededores del pasaje de Drake. Precisamente en South Sándwich Trench. Era el príncipe atolón nadando en nuestras aguas.

—¿Qué? ¿iba solo? — preguntó Ranhir.

 

—¡No señor! Llevaba a un humano.

Ranhir recordó que su hija amaba a un joven de tierra firme y que podía ser el que Atolón llevaba consigo.

—Vigilen la zona. ¡Lira! ¡Thaón! Ustedes quedan a cargo de Tritonia. Viajaré a Australia.

—Pero padre—habló Amaranta —Es un trayecto bastante largo.

—No subestimes a este viejo tritón—se despidió de los presentes y partió a tierra firme.

En Brisbane, la familia de Joseph lo buscaba por todas partes. Su madre estaba desesperada pues el joven marinero no acostumbraba a irse sin despedirse.

Lumina se sentía culpable, ya que fue ella quien dio la idea de salir a pasear. La sirena lloró como nunca, realmente estaba asustada, sentía que la vida del marinero corría peligro.

Caía la noche en Australia, y Ranhir estaba a pocos kilómetros de la costa, pero, había un problema, no sabía el canto de cambio de forma. Allí estuvo unos cinco minutos pensando en cómo haría para llegar a tierra firme.

Más o menos a las dos de la mañana, llevando en sus manos una daga, Lumina salió de casa de Stara y caminó hasta la zona rocosa. Allí, observó la luna y en silencio deseaba que Joseph regresara a casa. De repente, su padre salió a la superficie del agua y llamó su atención —tal vez la bella jovencita quiera ayudarme.




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