Crónicas del Miedo

El Descascarado

Desperté al fin –dijo la jovencita. 

Había tenido una horrible pesadilla donde un hombre estaba parado despellejandose. Pero ya por fin he despertado y ya me dieron ganas de ir al baño... realmente fue horrible. –la jovencita adaptó lentamente sus ojos a la oscuridad del cuarto. Montada la cabeza sobre dos gordas almohadas, se sentía cómoda como estaba pero sintió un frío recorrer por su espalda –un momento... ¿por qué no estoy emitiendo sonido mientras hablo?

Cayó en cuenta de la horrible situación. 

Intentó moverse, levantarse, sacudirse y le resultó imposible. –Estoy en el medio otra vez –pensó horrorizada. 

«¿Intentando escapar?» le dijo una voz proveniente de la penumbra. 

La jovencita sintió un escalofrío. Ahora tenía los ojos bien abiertos y viendo bien a quien tenía en frente. Intentó despegar sus propios labios para gritar "¡Auxilio!", pero fue totalmente en vano. –Creí haber despertado, ¿por qué sigo atrapada?

«Qué imprudente... queriendo escapar cuando vengo a enseñarte algo».

El hombre se acercó lo suficiente a la orilla de la cama para que la joven lo observara bien. La joven quiso apartarse en cuanto vio los desorbitados ojos el hombre, con la piel como arrugada, unos inquietantes dientes blancos que le sonreían como si todo estuviese bien y con un brilloso tornillo de acero fijando en el centro de su frente. 

«¿Lo ves bien?, tuve que fijarme este tornillo para evitar que se me cayera la piel, pero no lo necesito más, debo mostrarte algo».

Vamos, cierra los ojos, no prestes atención. ¡Mueve tu brazo! –se dijo la jovencita. La chica intentó volver a cerrar los ojos, a intentar no prestar atención.

«¡Mirame!... mira lo hermoso que es mi rostro». 

La jovencita se vió obligada a abrir un ojo y se arrepintió de haberlo hecho. Con lentitud el hombro oscuro fue girando el tornillo poco a poco, con su congelante sonrisa de lado a lado, emitía pequeñas carcajadas, y con lentitud sacó la punta de lo que quedaba de tornillo. Lo vió y lo depositó en el pecho de la jovencita. 

"¡Auxilio!" –gritaba la jovencita internamente en total inmovilidad – ¡Por favor ayudenme!

El hombre sacó una navaja de sus bolsillos y estirando la piel de su mentón, empezó a cortar. 

Alejate, no existes, eres parte de mi imaginación –le gritaba internamente la jovencita– no eres real. 

«¿A no?... ¿esto te parece real?»

Despegó por completo el trozo de carne de su mentón y lo colocó en la frente de la joven. Ésta sintió la cálida y arrugada piel del hombre en su frente, escurriendo sangre hasta su ojo derecho. 

«A que sí es real. Tengo más para ti».

Cortó una mejilla con rapidez, halando la carne mientras la cortaba. Poniendo los ojos en blanco y sin borrar su blanca sonrisa el hombre seguía cortando, esta vez la otra mejilla, poniendo los trozos gordos encima de la mejilla de la jovencita, llenándola de sangre y calentando su cara con sus feos trozos de piel. 

Por favor... alguien venga a ayudarme. Esto no es verdad. –lloriqueaba por dentro. Las lágrimas comenzaban a emanar de sus ojos , comenzaban a nublar su vista sin poder utilizar un brazo para disiparlas. La jovencita estaba presa del miedo.

«Mira, puro musculo y sangre».

El hombre se puso encima de la jovencita y acercó su despellejado rostro al de ella. «Mira mi sonrisa sin tener mejillas. Me encanta cortarme la cara». El hombre acercó la navaja a la cara de la jovencita y dijo jadeante de emoción retumbando en los pensamientos de la chica: «juro atormentarte hasta el día en que mueras. Me turnaré para visitarte cada noche y descascararme como un huevo cocido ante ti... no más dulces sueños para ti, acostúmbrate». 

 

Así fue como la jovencita de un impulso se levantó de la cama y abrió jadeante los ojos. Respirando con dificultad se sentó en la cama y se tocó el rostro y el pecho. «Ni rastros de sangre, carne y tornillo» –pensó. Otra vez su mente había recreado sus pesadillas en cuarta dimensión, llegando a sentir incluso la calidez de la carne y la sangre en su ojo. Recobró la respiración y miró a su alrededor temerosa de ver alguna sombra en su habitación. «Solo a sido otra parálisis... no hay que preocuparse, solo es mi imaginación».

Se confió la joven esa noche de que los demonios, no duermen bajo su cama... 

 

¿Tú tambien desconfías?... no te recomiendo que los busques a esta hora, ellos te encontrarán a ti.

Buenas noches.




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