CrÓnicas Del NÓmada: El Camino A La Libertad

Capítulo 2: El mapa de los sueños ajenos

El sueño me alcanzó tarde, arrastrado por el vaivén rítmico del autobús y el zumbido constante de los neumáticos sobre el asfalto gastado. Cuando desperté, la cabina estaba sumida en una penumbra azulada, solo interrumpida por la luz intermitente del tablero del chofer. A mi lado, una mujer mayor dormía con la cabeza apoyada contra el vidrio, su respiración tan pausada que parecía mimetizarse con el latido del motor.

​Saqué mi libreta de la mochila, sintiendo el tacto del papel bajo mis dedos. En la primera página, mi padre había escrito, con su letra rígida y perfecta, una lista de "objetivos" para mi futuro. Ingeniero, me decía, o administrador de alguna empresa que él conocía. Nunca se detuvo a preguntar si yo siquiera sabía cómo manejar el estrés de una oficina, o si me asfixiaba el solo hecho de imaginarme encerrado entre cuatro paredes grisáceas hasta que el tiempo se me agotara.

​Arranqué esa hoja. No la rompí con rabia, sino con una lentitud casi religiosa. La hice una pequeña bola y la dejé caer al suelo del pasillo, ocultándola bajo el asiento. El espacio en blanco que quedó en la libreta me devolvió la mirada, limpio, virgen, aterrador.

​Afuera, la oscuridad era absoluta. Ni luces de pueblos, ni señales de vida; solo la inmensidad de un país que empezaba a mostrarme lo pequeño que era. Por primera vez, no me importó el destino. La libertad no era llegar a algún lugar específico; era simplemente el hecho de que, en ese momento, nadie sabía dónde estaba. Y esa soledad, lejos de asustarme, se sentía como el aire más puro que había respirado en mis diecisiete años.



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En el texto hay: drama aventura

Editado: 15.06.2026

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