CrÓnicas Del NÓmada: El Camino A La Libertad

Capítulo 3: La salida

​Esa noche, mi padre dejó la luz encendida en el estudio. La rendija de luz bajo la puerta de mi cuarto proyectaba una línea amarillenta sobre el suelo. Me quedé mirándola un rato largo, mientras el ventilador del techo giraba, haciendo ese sonido rítmico que me había acompañado toda la vida.

​No sentía nada especial. No había un plan maestro, ni un discurso interior sobre la libertad. Solo tenía una certeza: que si me despertaba al día siguiente en esa misma cama, el ventilador iba a seguir sonando igual, la luz iba a seguir colándose igual, y yo iba a seguir siendo el mismo tipo de sombra.

​Me puse los zapatos. Hacía calor, el tipo de calor pegajoso que se te mete en la ropa. Abrí la ventana, salté al jardín y crucé la verja que daba a la calle. Ni siquiera corrí. Caminé despacio, con las manos en los bolsillos, escuchando el eco de mis propios pasos en el pavimento.

​Cuando me alejé lo suficiente, miré la casa. Las luces seguían encendidas. Todo seguía igual. Me di cuenta de que mi partida no iba a cambiar nada para nadie, excepto para mí. Y eso fue lo más liberador de todo. Empecé a caminar hacia la terminal, sin mirar hacia atrás, simplemente porque me di cuenta de que, si no me movía, me iba a quedar estancado ahí hasta que me secara.



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En el texto hay: drama aventura

Editado: 15.06.2026

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