CrÓnicas Del NÓmada: El Camino A La Libertad

Capítulo 4: La terminal de los extraños

​La terminal era un hervidero de gente que, a diferencia de mí, sí sabía a dónde iba. Había familias cargadas de maletas, vendedores de café pregonando su mercancía y el eco metálico de los anuncios por altavoz que me resultaban incomprensibles. Estar ahí, en medio de aquel caos, me hizo sentir por primera vez el peso del vacío. Ya no era el silencio de mi cuarto; era un ruido que no me incluía.

​Me acerqué a la taquilla, no porque tuviera un destino en mente, sino porque la inercia me obligaba a comprar un boleto. El hombre tras el cristal me miró con desinterés, esperando una respuesta que yo no tenía.

​—¿A dónde quiere ir? —preguntó.

​Me quedé en silencio un segundo, mirando el mapa despintado que colgaba a sus espaldas. Un punto cualquiera. Un nombre que no me trajera recuerdos de la oficina de mi padre o de las calles donde solía ser "el hijo de".

​—Al final de la línea —dije.

​El hombre soltó una carcajada seca, apenas una contracción de hombros, y me entregó el boleto más barato. Me senté en una banca de plástico frío a esperar. A mi lado, una joven con una guitarra en la espalda leía un libro desgastado. No me miró, ni yo a ella, pero estar sentado a centímetros de un desconocido sin que ninguno de los dos tuviera que rendir cuentas al otro me pareció un lujo extraño.

​Cuando el autobús finalmente se anunció, me puse de pie. Al caminar hacia el andén, pasé frente a un espejo en la pared de la terminal. Por un segundo, dudé. El chico que devolvía la mirada parecía el mismo, pero había algo en la forma en que sostenía la mochila, una soltura nueva en los hombros, que me resultó ajena. Ya no era el proyecto de nadie. Era solo un pasajero más, con un billete de ida hacia ninguna parte.

​Subí los escalones del autobús y me senté junto a la ventana. Cuando el motor rugió y empezamos a movernos, vi a través del vidrio cómo la ciudad comenzaba a quedar atrás, desdibujándose entre la niebla del amanecer. La libertad, me di cuenta en ese instante, no se sentía como una explosión de alegría, sino como una soledad profunda y necesaria.



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En el texto hay: drama aventura

Editado: 15.06.2026

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