"El poder no nace cuando aprendes a luchar. Nace cuando descubres por qué estás dispuesto a hacerlo."
Puebla, México
Martes – 5:00 a. m.
El despertador sonó.
Pero Kael ya estaba despierto.
No por costumbre.
Sino porque nuevamente escuchó aquel extraño tic-tac que parecía provenir del aire.
Se sentó lentamente sobre su cama.
Miró el reloj de su pared.
Las manecillas seguían moviéndose hacia atrás.
Tres segundos después...
Volvieron a la normalidad.
—Otra vez...
Se llevó una mano a la cabeza.
Desde que conoció a Ren, los fenómenos eran cada vez más frecuentes.
Ya no sabía qué era real.
Y qué pertenecía al Timeline.
Un Día Normal... o Eso Intentó
En la preparatoria, Kael intentó concentrarse en las clases.
Pero era imposible.
Cada vez que observaba un reloj...
Veía algo distinto.
Algunos avanzaban.
Otros retrocedían.
Otros simplemente estaban detenidos.
Durante la clase de matemáticas, su profesora escribió un problema en el pizarrón.
—Chronis.
¿Puedes resolverlo?
Kael tardó unos segundos en reaccionar.
Toda la clase lo observaba.
Se levantó lentamente y resolvió el ejercicio.
Cuando regresó a su asiento, Luis le dio un pequeño golpe en el hombro.
—¿Qué te pasa?
Antes eras el distraído del salón.
Ahora pareces estar en otro planeta.
Kael sonrió.
—A veces siento que sí.
La Promesa
Al terminar las clases, Kael regresó directamente al refugio.
Ren ya lo estaba esperando.
Sentado sobre una caja de madera.
Con dos tazas de café.
—Llegaste tarde.
—Cinco minutos.
—En cinco minutos una línea temporal puede desaparecer.
Kael rodó los ojos.
—¿Siempre hablas con frases dramáticas?
Ren bebió un sorbo de café.
—No.
Solo cuando tengo razón.
Los dos rieron.
Era la primera vez que el ambiente entre ellos se sentía realmente relajado.
El Inicio del Entrenamiento
Ren llevó a Kael hasta una sala enorme.
En el centro había un círculo grabado en el suelo con símbolos antiguos.
Alrededor se encontraban decenas de relojes.
Grandes.
Pequeños.
Modernos.
Antiguos.
Todos funcionando al mismo tiempo.
—¿Qué es este lugar?
—Aquí entrenaban los antiguos Guardianes.
Ren caminó hasta el centro.
—Hoy comenzarás.
Kael respiró profundamente.
—¿Vas a enseñarme a detener el tiempo?
Ren negó con la cabeza.
—No.
Primero aprenderás a caminar.
—¿Caminar?
—Sí.
Porque quien no controla su cuerpo...
Jamás controlará el tiempo.
Primera Lección
Ren lanzó un pequeño reloj de bolsillo hacia Kael.
—Atrápalo.
Kael lo hizo sin dificultad.
—¿Eso era todo?
Ren sonrió.
—No.
El reloj comenzó a emitir un brillo azul.
De pronto...
Todo el cuarto cambió.
El suelo desapareció.
El refugio desapareció.
Kael se encontraba ahora sobre una enorme plataforma flotando en medio de un vacío infinito.
Miles de relojes gigantes giraban alrededor.
El viento era inexistente.
El silencio absoluto.
—¿Dónde estamos?
La voz de Ren resonó por todo el lugar.
—Entre un segundo... y el siguiente.
El Mar de los Segundos
Kael observó maravillado.
Frente a él había millones de pequeñas luces flotando.
Cada una brillaba de forma diferente.
Ren apareció caminando sobre el vacío.
—Esto se conoce como el Mar de los Segundos.
No existe realmente.
Pero tampoco deja de existir.
Es un lugar al que solo pueden entrar quienes poseen afinidad con el Timeline.
Kael extendió la mano hacia una de las luces.
Antes de tocarla, Ren gritó.
—¡No!
La luz explotó.
Durante un instante...
Kael vio la imagen de una niña llorando.
Después desapareció.
—¿Qué fue eso?
Preguntó.
Ren respondió con seriedad.
—Un recuerdo.
Cada luz pertenece a alguien.
Nunca debes tocarlas.
La Tercera Regla
Ren levantó tres dedos.
—Escúchame bien.
Tercera regla del Timeline.
Nunca alteres un recuerdo que no sea tuyo.
—¿Por qué?
—Porque un recuerdo puede cambiar una persona.
Y una persona puede cambiar el mundo.
El Fracaso
El entrenamiento físico comenzó inmediatamente.
Ren colocó cinco relojes alrededor del círculo.
—Debes llegar al centro antes de que todos marquen el mismo segundo.
Kael sonrió.
—Eso suena sencillo.
No lo era.
Cada reloj avanzaba a una velocidad diferente.
El suelo cambiaba constantemente.
Las distancias parecían doblarse.
Kael tropezó.
Cayó.
Volvió a intentarlo.
Y volvió a caer.
Durante horas.
Ren jamás lo ayudó.
Solo observaba.
Cuando el entrenamiento terminó, Kael estaba completamente agotado.
—No lo logré ni una sola vez...
Ren se acercó.
—Exacto.
Y por eso mañana volveremos a empezar.
Una Cena Entre Amigos
Ya de noche.
Kael llegó con una bolsa llena de tacos al pastor.
Ren levantó una ceja.
—¿Qué es eso?
—La solución a seis años de comer arroz.
Ren olió la comida.
—Huele increíble.
Media hora después.
Los dos estaban sentados sobre el techo de la vieja estación.
Comiendo.
Observando las luces de Puebla.
—Hace cuánto no hacías algo así.
Preguntó Kael.
Ren pensó unos segundos.
—No lo recuerdo.
Kael guardó silencio.
Entonces dijo algo inesperado.
—Pues acostúmbrate.
Porque pienso seguir trayendo comida.
Y aunque salves el mundo...
Nadie merece cenar solo.
Ren no respondió.
Solo sonrió.
Una sonrisa sincera.
Probablemente la primera en muchos años.
Desde las Sombras
En algún lugar bajo la ciudad.
Varias pantallas mostraban imágenes del entrenamiento de Kael.
Alguien los había estado observando todo el tiempo.
Una figura femenina apagó uno de los monitores.
—Así que Ren decidió entrenarlo...
Otro hombre preguntó.
—¿Intervenimos?
Ella negó lentamente.
—Todavía no.
Quiero saber...
Hasta dónde puede llegar el Heredero.
Escena Final
Esa misma noche.
Mientras Kael dormía.
El Atlas comenzó a abrirse solo.
Sus páginas pasaban rápidamente.
Hasta detenerse en una completamente negra.
En el centro apareció una frase escrita con letras doradas.
"EL SEGUNDO HEREDERO HA DESPERTADO."
Ren abrió los ojos de inmediato.
Sintió un escalofrío.
—No puede ser...
Tomó el Atlas con desesperación.
Buscó la ubicación.
Las líneas comenzaron a formar un mapa.
No era Puebla.
Era...
Veracruz.
Ren cerró lentamente el libro.
—Entonces...
No somos los únicos.
Mientras tanto, a cientos de kilómetros de distancia, un joven de cabello oscuro observaba el mar desde un viejo faro.
A su alrededor, fuertes corrientes de viento giraban sin que él las controlara.
Sin saberlo...
El destino acababa de comenzar a acercarlo a Kael.