"El tiempo no elige al más fuerte. Elige a quien nunca deja de levantarse."
Puebla, MéxicoMiércoles – 4:30 a. m.
Kael despertó sobresaltado.
Su respiración era agitada.
Había vuelto a tener el mismo sueño.
Un inmenso reloj suspendido sobre México.
Las manecillas giraban hacia atrás.
Y una voz, profunda y antigua, repetía una sola frase:
—El tiempo recuerda todo...
Al abrir los ojos, el silencio llenaba la habitación.
Pero algo era diferente.
El viejo reloj de bolsillo que conservaba desde niño estaba brillando con una tenue luz azul.
Por primera vez...
Las manecillas comenzaron a moverse.
El llamadoApenas llegó al refugio, encontró a Ren observando el Atlas.
Varias páginas pasaban solas.
Ren no apartó la vista del libro.
—Llegaste.
—¿Qué ocurre?
Ren señaló el Atlas.
Las líneas doradas vibraban con intensidad.
Tres puntos rojos aparecieron sobre Puebla.
—Anoche surgieron tres nuevas fracturas.
—¿Tres?
—Normalmente aparece una cada varios meses.
Esto...
No es normal.
Kael sintió un escalofrío.
—¿Qué significa?
Ren cerró lentamente el libro.
—Alguien está rompiendo el Timeline desde dentro.
Un entrenamiento diferenteRen llevó a Kael nuevamente a la sala del entrenamiento.
Pero esta vez no había relojes.
Solo velas.
Cientos de ellas.
Todas encendidas.
—Hoy no entrenaremos fuerza.
Entrenaremos percepción.
Kael observó confundido.
—¿Cómo?
Ren lanzó una pequeña piedra.
Todas las llamas comenzaron a moverse.
Excepto una.
—Encuéntrala.
Kael observó durante varios minutos.
No podía distinguir ninguna diferencia.
Ren sonrió.
—No mires con los ojos.
Escucha.
Kael cerró lentamente los ojos.
Respiró profundamente.
Y entonces...
Escuchó algo.
Un pequeño tic...
Muy lejano.
Abrió los ojos.
Señaló una vela.
—Esa.
Ren asintió.
—Muy bien.
Era la única que pertenecía a otra línea temporal.
La cuarta reglaRen apagó todas las velas.
—Cuarta regla del Timeline.
Nunca confíes únicamente en lo que ves.
Kael frunció el ceño.
—¿Porque la realidad puede mentir?
Ren negó lentamente.
—Porque el tiempo también sabe disfrazarse.
Una misión sencillaEra la primera vez que Ren aceptaba llevar a Kael a una misión.
—Solo observarás.
No pelearás.
No intervendrás.
¿Entendido?
—Entendido.
Tomaron el metro rumbo al centro histórico de Puebla.
Durante el trayecto, Kael descubrió una faceta distinta de Ren.
Aunque era serio...
Cedía el asiento a los adultos mayores.
Ayudaba a una niña a recoger sus útiles cuando se le caían.
Compraba comida para un hombre en situación de calle sin decir una palabra.
Kael sonrió.
—No eres tan frío como aparentas.
Ren respondió mirando por la ventana.
—Salvar el mundo sirve de poco si olvidas salvar a las personas.
El Mercado de los SaposLlegaron a uno de los mercados más antiguos de Puebla.
Todo parecía normal.
Artesanías.
Relojes antiguos.
Música.
Turistas.
Hasta que Kael escuchó nuevamente aquel sonido.
Tac...
Tac...
Tac...
Más fuerte que nunca.
Siguió el sonido hasta un pequeño puesto de antigüedades.
Un anciano limpiaba cuidadosamente un reloj de péndulo.
Sin levantar la mirada dijo:
—Llegaste más pronto de lo que esperaba...
Kael quedó inmóvil.
Era el mismo anciano que había visto días atrás.
Ren dio un paso al frente.
Su expresión cambió.
—Maestro...
El anciano levantó lentamente la vista.
Sonrió con tranquilidad.
—Han pasado seis años, Ren.
Sigues cargando demasiado peso para alguien tan joven.
Kael observó sorprendido.
—¿Lo conoces?
Ren bajó la cabeza.
—Él fue quien me encontró...
Cuando despertó mi poder.
El Maestro ElíasEl anciano se presentó.
Su nombre era Elías Montejo.
No llevaba armas.
No llevaba uniforme.
Solo un viejo reloj de bolsillo colgado del cuello.
—Así que tú eres Kael...
El Heredero.
Kael sintió un escalofrío.
—¿Cómo sabe quién soy?
Elías sonrió.
—Porque llevo décadas esperando tu llegada.
Un consejoLos tres caminaron por el mercado.
Elías hablaba con calma.
Como un abuelo contando historias.
—Ren cree que debe protegerte de todo.
Pero está equivocado.
Ren bajó la mirada.
—Maestro...
—Déjalo descubrir el mundo.
Porque el miedo también rompe el tiempo.
Kael permanecía atento.
Cada palabra del anciano parecía esconder un significado.
La primera anomalía humanaDe pronto...
Una mujer comenzó a correr desesperada.
—¡Mi hijo!
Todos miraron hacia una pequeña plaza.
Un niño de unos ocho años había desaparecido.
Solo quedó su mochila en el suelo.
Kael corrió.
—¡Ren!
Ren abrió el Atlas.
Las líneas comenzaron a moverse.
El niño seguía allí...
Pero pertenecía a otra línea temporal.
—No...
Susurró Ren.
—Es una superposición.
Elías observó el cielo.
Su expresión cambió completamente.
—Esto nunca había ocurrido tan cerca de una ciudad...
Alguien...
Está aprendiendo a abrir fracturas.
Escena finalMuy lejos de Puebla.
En un viejo faro frente al Golfo de México.
El joven de Veracruz volvió a aparecer.
Los fuertes vientos giraban alrededor de él.
Su respiración era acelerada.
Un remolino destruyó accidentalmente parte del acantilado.