7:15 p. m.
La lluvia había cesado.
Sin embargo, el ambiente seguía siendo pesado.
El Mercado de los Sapos, normalmente lleno de música y turistas, había quedado envuelto en un extraño silencio.
Una madre lloraba desesperadamente.
—¡Emilio!... ¡Emilio!
Varias personas ayudaban a buscar al pequeño de ocho años.
La policía comenzaba a acordonar la zona.
Para todos, era una desaparición.
Para Ren...
Era algo mucho peor.
Una grieta invisibleRen abrió lentamente el Atlas de las Líneas.
Las páginas comenzaron a iluminarse.
Una línea azul apareció.
Luego otra.
Y otra.
Todas convergían exactamente en el lugar donde el niño había desaparecido.
Kael observó sorprendido.
—¿Qué significa?
Ren respiró profundamente.
—Emilio no fue secuestrado.
Fue desplazado.
El maestro Elías cerró los ojos.
—Está atrapado entre dos líneas temporales.
Kael frunció el ceño.
—¿Todavía sigue aquí?
Elías asintió.
—Sí...
Pero ya no pertenece completamente a nuestro tiempo.
La Quinta ReglaRen miró fijamente a Kael.
—Escucha bien.
Esta será la regla más difícil de aceptar.
Levantó lentamente cinco dedos.
—Quinta Regla del Timeline.
No toda persona puede ser salvada.
Kael sintió un vacío en el pecho.
—¿Cómo puedes decir eso?
—Porque intentar salvar a todos...
Puede condenar a millones.
Kael apretó los puños.
No estaba dispuesto a aceptar esa respuesta.
La BúsquedaRen colocó el Atlas sobre el suelo.
Las líneas comenzaron a formar un círculo brillante.
—Quédate dentro.
No salgas.
Kael obedeció.
Por unos segundos.
Hasta que escuchó una voz.
Muy débil.
—¿Mamá...?
Era un niño.
Kael abrió los ojos.
La voz provenía de un callejón.
Sin pensarlo...
Salió del círculo.
—¡Kael!
Gritó Ren.
Pero ya era demasiado tarde.
Entre los SegundosTodo desapareció.
Las calles.
Las personas.
Los edificios.
El sonido.
Kael apareció en un lugar completamente blanco.
No existía arriba.
Ni abajo.
Solo un inmenso vacío.
Miles de relojes flotaban lentamente.
Todos marcaban horas distintas.
En medio de aquel lugar...
Un pequeño niño abrazaba su mochila.
Llorando.
—¿Emilio?
El niño levantó lentamente la cabeza.
—¿Tú... puedes verme?
Kael sonrió.
—Sí.
Vine por ti.
El Precio del TiempoMientras Kael se acercaba.
Una grieta comenzó a abrirse detrás del niño.
De ella surgieron tres Ecos Rotos.
Más grandes.
Más rápidos.
Más agresivos que el primero.
Uno de ellos lanzó un enorme brazo hacia Emilio.
Kael corrió.
Sin pensar.
Lo abrazó.
En ese instante...
El reloj de bolsillo comenzó a brillar intensamente.
El tiempo...
Se detuvo.
Por primera vez.
No fueron dos segundos.
Ni uno.
Solo un instante.
Pero suficiente.
Los Ecos quedaron inmóviles.
Emilio también.
Kael respiraba con dificultad.
—¿Qué... hice?
Una voz respondió.
No era Ren.
No era Elías.
Era la misma voz de sus sueños.
—Has abierto...
La Primera Aguja.
El RescateDe repente, el mundo volvió a moverse.
Ren apareció atravesando una grieta luminosa.
Con una velocidad imposible tomó a Emilio.
—¡Corre!
Kael obedeció.
Los cuatro salieron de aquella dimensión justo antes de que todo colapsara.
La grieta se cerró.
Como si nunca hubiera existido.
La madre abrazó inmediatamente a su hijo.
Llorando de felicidad.
Nadie entendía lo ocurrido.
Solo pensaban que el niño había aparecido de la nada.
La DiscusiónRen caminó hacia Kael.
Su expresión era completamente distinta.
Estaba furioso.
—¿En qué estabas pensando?
Kael respondió casi gritando.
—¡Era un niño!
—¡Desobedeciste una orden directa!
—¡Lo salvamos!
Ren dio un fuerte golpe contra una pared.
La piedra se agrietó.
—¡No entiendes nada!
Si hubieras permanecido un segundo más...
¡Las dos líneas habrían colapsado!
Kael guardó silencio.
Nunca había visto a Ren perder el control.
Elías se acercó lentamente.
—Los dos tienen razón.
Ambos voltearon.
—Ren...
Tu miedo no puede impedir que Kael tome decisiones.
Y Kael...
Tu corazón no puede ignorar las consecuencias.
El silencio volvió.
Una Conversación Bajo las EstrellasEsa noche.
Kael y Ren permanecían sentados sobre el techo del refugio.
Ninguno hablaba.
Después de varios minutos.
Ren rompió el silencio.
—Cuando tenía tu edad...
También intenté salvar a alguien.
Kael levantó la mirada.
Era la primera vez que Ren hablaba de su pasado.
—¿Qué pasó?
Ren sonrió con tristeza.
—Lo logré.
Pero...
Destruí una ciudad entera.
Kael sintió un escalofrío.
—¿Qué ciudad?
Ren permaneció en silencio.
—Todavía no estoy listo para contártelo.
VeracruzMientras tanto...
Las olas golpeaban violentamente un viejo faro.
El joven del viento entrenaba solo.
Cada movimiento generaba fuertes corrientes.
Pero no podía controlarlas.
Un remolino destruyó parte del acantilado.
El muchacho cayó de rodillas.
—¡No!
Una mujer observaba desde la cima del faro.
Vestía una capa blanca.
Su rostro seguía oculto.
—Aún eres débil...
Pero pronto dejarás de ser un simple humano.
El muchacho levantó lentamente la cabeza.