"El viento nunca elige un camino. Es el camino quien aprende a seguir al viento."
Veracruz, México
Sábado — 5:23 a.m.
Las primeras luces del amanecer apenas iluminaban el Golfo de México.
Las olas golpeaban con fuerza el viejo faro de Villa del Mar, mientras una espesa neblina cubría los acantilados.
Sobre la punta del faro, un muchacho permanecía de pie con los ojos cerrados.
Su cabello oscuro era agitado por el viento.
Respiraba lentamente.
Una...
Dos...
Tres veces.
Entonces abrió los ojos.
—Otra vez...
Levantó la mano derecha.
Una pequeña corriente comenzó a girar alrededor de su brazo.
Al principio era estable.
Después comenzó a crecer.
El viento se volvió un remolino.
Las aves escaparon del faro.
Las olas comenzaron a elevarse.
—¡No...!
Intentó detenerlo.
Pero ya era demasiado tarde.
El ciclón salió disparado hacia el océano, levantando una enorme columna de agua.
El muchacho cayó de rodillas.
Respirando con dificultad.
—Todavía...
No puedo controlarlo...
Su nombre era...
Ayato Kaze.
Un abuelo que conoce el mar
Horas más tarde.
Ayato ayudaba a su abuelo, Don Ernesto Kaze, a reparar una vieja lancha de pesca.
—Hoy el viento está inquieto.
Dijo el anciano.
Ayato sonrió.
—Eso dices todos los días.
Don Ernesto soltó una carcajada.
—Porque todos los días tú intentas esconder lo que sientes.
Ayato dejó de trabajar.
Su abuelo siempre descubría cuándo algo le preocupaba.
—Abuelo...
¿Crees que una persona pueda nacer siendo diferente?
El anciano terminó de acomodar una red.
—Todos nacemos diferentes.
Lo importante...
Es decidir qué harás con aquello que te hace único.
Aquellas palabras quedaron grabadas en la mente de Ayato.
Puebla
Mientras tanto...
El Atlas de las Líneas volvió a abrirse.
Ren y Kael observaban cómo una línea verde recorría el mapa hasta detenerse en Veracruz.
El maestro Elías tomó el libro.
Leyó lentamente.
"Portador del Viento localizado."
Kael sonrió.
—¿Es el muchacho del que hablabas?
Ren asintió.
—Sí.
Pero hay un problema.
Otra Bandada también lo está buscando.
El Atlas escribió una segunda frase.
"Si llega primero la oscuridad... el viento cambiará de dueño."
El silencio llenó la habitación.
Ren cerró el Atlas.
—Partimos hoy mismo.
Rumbo al Golfo
El viaje fue largo.
Durante horas atravesaron las montañas de Puebla.
Bosques cubiertos por niebla.
Pequeños pueblos.
Ríos.
Puentes antiguos.
Kael permanecía pegado a la ventana.
Era la primera vez que salía del estado.
—México es mucho más grande de lo que imaginaba...
Elías sonrió.
—Y solo has visto una pequeña parte.
Las fracturas existen en todos los rincones del país.
Cada una guarda una historia distinta.
El Faro
Al caer la tarde.
Los tres llegaron al viejo faro.
No encontraron a nadie.
Solo escuchaban el sonido del viento.
Entonces...
Una fuerte corriente atravesó el acantilado.
Kael apenas logró mantenerse de pie.
Ren sonrió.
—Está cerca.
El Primer Encuentro
Ayato apareció caminando desde la playa.
Llevaba una mochila desgastada y una vieja chamarra azul.
Se detuvo al ver a los desconocidos.
—¿Puedo ayudarlos?
Kael dio un paso adelante.
—¿Tú eres Ayato?
El muchacho abrió los ojos con sorpresa.
—¿Cómo sabes mi nombre?
Ren respondió.
—Porque llevamos días buscándote.
Ayato retrocedió.
—No los conozco.
Kael levantó ambas manos.
—No venimos a pelear.
Solo queremos hablar.
Ayato permaneció en silencio.
Por alguna razón...
Sentía que ya conocía a Kael.
Como si lo hubiera visto antes.
Pero nunca había salido de Veracruz.
La emboscada
El suelo comenzó a temblar.
Una grieta negra apareció sobre el mar.
Cinco figuras con armaduras blancas descendieron lentamente.
Cada una portaba un reloj roto grabado en el pecho.
Su líder habló.
—Ayato Kaze.
Por orden del Consejo Oscuro...
Quedas bajo nuestra custodia.
Ren dio un paso al frente.
—No permitiremos que se lo lleven.
El hombre sonrió.
—Entonces morirán con él.
El despertar del viento
Uno de los enemigos lanzó una lanza de energía directamente hacia Kael.
Ayato reaccionó por instinto.
Extendió ambas manos.
Una poderosa ráfaga surgió a su alrededor.
La lanza fue desviada.
El viento comenzó a girar cada vez más rápido.
Las olas respondieron.
El mar entero rugía.
Los enemigos retrocedieron.
Kael observó maravillado.
—Increíble...
Ren sonrió.
—Ahora entiendo por qué el Atlas lo eligió.
Un nuevo aliado
La batalla terminó tan rápido como comenzó.
Los invasores escaparon al comprender que habían perdido la ventaja.
Ayato respiraba con dificultad.
Miró a Kael.
Después a Ren.
Finalmente habló.
—Creo...
Que me deben muchas explicaciones.
Kael sonrió.
—Y nosotros muchas respuestas.
Ayato soltó una pequeña risa.
—Entonces...
Supongo que este es el comienzo de algo grande.
Kael extendió la mano.
Ayato la estrechó.
En ese momento...
Una suave corriente de viento rodeó a ambos.
Como si el propio Timeline aprobara aquel encuentro.
Escena Final
Muy lejos de Veracruz...
En una fortaleza oculta entre montañas.
El Guardián Caído permanecía arrodillado frente a un inmenso trono negro.