Cronos Nexus

Capitulo 10 El Camino del Tercer Cuervo

"Los compañeros se encuentran por casualidad. Los hermanos de batalla se forjan caminando juntos."

Veracruz, México

Sábado – 7:18 p. m.

El viento había recuperado la calma.

Las olas rompían contra los acantilados mientras el sol desaparecía lentamente sobre el Golfo de México.

Después del combate, nadie habló durante varios minutos.

Ayato seguía mirando el horizonte.

Intentaba comprender todo lo que había ocurrido en un solo día.

Primero aparecieron aquellos hombres de armadura blanca.

Después descubrió que no era el único con poderes.

Y ahora tres desconocidos le hablaban de una guerra que llevaba siglos desarrollándose.

Finalmente rompió el silencio.

—Creo... que alguien tendrá que empezar desde el principio.

Ren sonrió ligeramente.

—Sí.

Ya es momento de dejar de ocultarte la verdad.

La casa de los Kaze

Antes de partir, Ayato llevó al grupo hasta la pequeña casa donde vivía con su abuelo.

Don Ernesto los esperaba sentado en una silla de madera mientras preparaba redes de pesca.

Al ver a Ren y al maestro Elías, sonrió como si los hubiera reconocido de inmediato.

—Han pasado muchos años...

Elías inclinó la cabeza con respeto.

—Demasiados.

Kael observó confundido.

—¿Ustedes ya se conocían?

Don Ernesto soltó una risa tranquila.

—Mucho antes de que ustedes nacieran.

El antiguo juramento

Dentro de la casa había fotografías antiguas.

Barcos.

Faros.

Montañas.

Y una imagen que llamó la atención de Kael.

En ella aparecían dos jóvenes.

Uno era Elías.

El otro...

Era un hombre idéntico a Ayato.

—¿Quién es?

Ayato tomó la fotografía.

Sus manos comenzaron a temblar.

—Mi padre...

Don Ernesto respiró profundamente.

—Su nombre era Haruto Kaze.

Fue uno de los mejores portadores del viento que conocí.

Ren bajó la mirada.

—También fue mi compañero.

El silencio inundó la habitación.

Ayato no podía creer lo que escuchaba.

Toda su vida pensó que su padre había muerto en una tormenta.

Ahora descubría que había sido un Guardián del Timeline.

La brújula del viento

Don Ernesto abrió un viejo baúl.

Dentro descansaba una brújula de bronce.

No apuntaba al norte.

Su aguja giró lentamente...

Hasta señalar a Ayato.

El anciano la colocó en sus manos.

—Tu padre me pidió que te la entregara cuando encontraras a personas dignas de caminar a tu lado.

Ayato levantó la vista.

—¿Y cómo sabía que vendrían?

Don Ernesto sonrió.

—Porque el tiempo siempre encuentra la forma de unir a quienes deben conocerse.

La decisión

Esa noche, Ayato caminó solo hasta el faro.

El viento era suave.

Kael lo alcanzó unos minutos después.

No hablaron.

Solo observaron el mar.

Después de un largo silencio, Ayato preguntó:

—¿Tú nunca tuviste miedo?

Kael soltó una pequeña risa.

—Todos los días.

La diferencia es que sigo caminando aunque tenga miedo.

Ayato sonrió.

Era la respuesta que necesitaba.

—Entonces...

Quiero intentarlo.

Quiero descubrir quién era realmente mi padre.

Y si para lograrlo debo viajar con ustedes...

Lo haré.

Kael extendió la mano.

Esta vez no era un saludo.

Era una invitación.

Ayato la estrechó.

El primer viaje juntos

A la mañana siguiente, Don Ernesto preparó un desayuno para todos.

Por primera vez desde que comenzó la historia, el ambiente era tranquilo.

Ayato insistió en que Kael probara un platillo típico de Veracruz.

Kael aceptó.

Segundos después comenzó a toser por lo picante.

Ren y Elías no pudieron contener la risa.

—¡No se rían!

—Tú dijiste que aguantabas cualquier cosa.

—¡No sabía que el chile también era un enemigo!

Incluso Don Ernesto terminó riendo.

Era un momento sencillo.

Pero esos momentos serían los que más recordarían en el futuro.

La despedida

Cuando el autobús estuvo por salir rumbo a Puebla, Don Ernesto abrazó a su nieto.

—No sé cuándo volverás.

Ayato bajó la cabeza.

—Lo prometo.

Regresaré.

El anciano colocó una mano sobre su hombro.

—No regreses siendo más fuerte.

Regresa siendo un buen hombre.

Ayato asintió con los ojos humedecidos.

Un nuevo hogar

Durante el viaje, Kael se quedó dormido.

Ayato observaba por la ventana los paisajes de Veracruz desaparecer lentamente.

Ren abrió el Atlas.

Las páginas permanecían en blanco.

Era extraño.

Elías frunció el ceño.

—Nunca había visto al Atlas guardar tanto silencio...

Ren respondió:

—Eso significa que nos está observando.

Nos está dejando decidir nuestro propio camino.

En las sombras

Muy lejos de allí...

En las montañas de Puebla...

El Guardián Caído observaba un tablero de piedra.

Tres símbolos comenzaron a iluminarse.

Kael Chronis.

Ren Arkan.

Ayato Kaze.

El guerrero sonrió.

—La Bandada comienza a reunirse...

Ahora veremos si son dignos de llamarse...

Seven Crows.

Detrás de él, una cuarta marca comenzó a emitir un leve resplandor.

Todavía era demasiado débil para revelar la identidad del siguiente portador.




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