Cruz

Capítulo 4

—¿Puedo saber que haces? —Carlos escucha la pregunta al otro lado de la línea.

—Has insistido por años que trabajé contigo.

—Te has negado —responde Sergio llenó de aburrimiento.

Carlos no diría nada acerca de sus planes, le daba vergüenza que su padre estuviera con una jovencita.todavía.

—Decidí darme un respiro por unas horas del trabajo.

—Está bien —responde Sergio al otro lado de la línea —Te espero mañana.

Carlos corta la llamada, se pone de pie y estira sus piernas, se dirige al enorme jardín, camina hacia la cupula de vidrio, ella estaba sentada, sus ojos cansados admiraban sus flores.

—Mamá —cierra la puerta corrediza, ella cortaba un poco el tallo de las flores, las metía en un jarrón de vidrio, Carlos se acerca y besa su cabeza —¿Cómo te sientes?

—Más animada —la mujer sonríe, el corazón de Carlos se llena de felicidad —Hoy tuve más fuerzas para salir de la cama.

Él se sienta frente a su madre, la amaba con locura, ella era una mujer gentil, de un noble corazón, el cual estaba débil, ella era guapa, elegante, en este momento llevaba un sencillo vestido con pequeñas flores, un sueter azul de botones, lo llevaba abierto, su cabello trenzada cayendo sobre su espalda.

—Son excelentes noticias —su madre asiente —Me gusta la combinación de las flores.

—Son para el estudio de tu padre —Carlos no evita volver un puño sus manos —Estos días no he podido ponerle flores frescas.

—¿Por esa razón te has levantado? —su madre sonríe un poco.

—Desde que nos casamos he puesto cada dia flores frescas, en el estudio de tu padre, cuando no las ve, me dice que siente que no estoy acompañándolo.

Carlos presiona su mandíbula, en el pasado admiraba el matrimonio de sus padres se dijo así mismo que cuando se casará, tendría una relación como la de sus padres, pero se daba cuenta que todo era una farsa, su madre creía en el hombre bueno, fiel, respetuoso, pero era todo lo contrario, estaba con una mujer, incluso menor que su propio hijo. 

—¿Estás bien? —su madre deja la tijera y presta atención a su hijo.

—Lo estoy —pasa su mano por su mandíbula cuadrada —¿Te ayudo a entrar a la casa?

Ella sonríe.

—Ya voy a terminar —Carlos guarda silencio, mientras su madre termina de preparar el hermoso ramo, destinado al estudio de su padre, estaba molestó, su madre había hecho el esfuerzo de levantarse para cortar flores frescas para él y lo que recibía a cambia era la infidelidad de su padre.

Se pone de pie, necesitaba tranquilizarse, sentía que el enojo recorría todo su ser, las palabras estaban atascadas en su garganta, pero no podía decirle a su madre que su padre tenía otra mujer, al recordar el rostro de Cruz, sintió rabia, ella debía pagar, era una caza Fortuna, no le importaba estar con un hombre mayor, ni que estuviera casado, todo por el maldito dinero.

*****

—Estás preciosa —la abuela seca sus manos en su delantal blanco, Cruz había llegado al comedor, llevaba un vestido de algodón que le llegaba abajo de la rodilla, ceñido de la cintura, era cuello cuadrado, se había trenzado su largo cabello, la cual caía en uno de sus hombros, calzaba zapatillas planas, no llevaba maquillaje, su piel era tersa, bronceada por el sol del páramo, su cabello castaño, tenía mechones rubios.

—Estoy nerviosa —lleva la taza de café a sus labios —Espero entender las clases.

—Eres inteligente, lo harás bien —La anima Magdalena.

—Ha llegado el taxi que reservó tu padrino —Bernardo está entrando al departamento —Ya me cercióre que es la misma placa, que envío tu padrino.

Cruz asiente, deja la taza y la mitad de la tostada.

—Su bendición abuela —Magdalena recita la oración que le ha enseñado a Cruz desde que era una niña.

La joven toma su elegante bolso, regalo de su padrino, junto a los útiles que llevaría a la universidad.

Con un poco de nervios Cruz sube al taxi, esperaba que la universidad fuera tan maravillosa como se la había imaginado.

*****

Carlos se recuesta en uno de los pilares de la universidad, acababa de dar la clase, Sergio había movido al profesor de matemáticas a otra área, el hombre mascullo maldiciones por lo bajo, pero que no le importaron en lo absoluto a Carlos.

Sus ojos oscuros se pasean por los jóvenes que vienen y van por los pasillos, no había visto a la amante de su padre.

Un grupo de jóvenes elegantes venían riéndose entre ellas.

—Es una total campesina —todas se reían —El acento es terrible, no entiendo como gente de su clase pudo entrar a esta universidad.

Las risas de las jóvenes se escucharon en el pasillo, siguieron su camino sin dejar de reírse.

Carlos asume que hablaban de Cruz, seguía sin entender que rayos le había visto su padre.

Suspira y camina en dirección opuesta de donde venían las jóvenes, acababa de terminar una clase, se asoma por la ventana de varias aulas, al llegar a la última del pasillo, la ve, ella está sentada guardando sus cuadernos, la mirada se Carlos se endurece, no entendía como su padre había elegido a esta mujer como amante, no tenía clase, la joven se pone de pie, su vestido sencillo le pareció horrible a Carlos.

La joven sale del aula y él apresura su paso, para parecer que se encontraron casualmente.

—Señorita —murmura él, como si hasta este momento la está viendo —Veo que está en el mismo pabellón que yo —ella levanta su mirada, él hombre era lo más bello que jamás había visto, en este día no llevaba traje, vestia casual, se veía más guapo que el día anterior —¿Me recuerda?

—Si —sonríe Cruz —Claro que lo recuerdo —la voz y el acento de la joven le molesta a Carlos, le chocaba escucharla, fuerza una sonrisa, tratando de parecer agradable —Es usted don Carlos.

—¿Puedes llamarme nada más Carlos?—sonríe mostrando sus perfectos dientes.

—Pero... —Cruz no está acostumbrada a tutear a la gente, el ceño fruncido de Carlos, la hace titubear, ella baja la mirada un segundo.




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