Cruzando ambos mundos

5

Nathaniel

La casa de Dasha no era lujosa, era sencilla, de una sola planta. Según lo que mikhel me dio de la investigación la casa la pagaba Dasha, su hermano pagaba los gastos de servicios públicos y su madre el mercado. De ahí Dasha paga todo lo demás, justo ahora Dasha tiene dos vienes, la casa y el auto. Son una familia honrada y unida. Cosa que peligra ahora por culpa de mi padre.

Hace 5 meses

-Nathaniel - dijo mikhel.

-dime.

-tu padre tiene un nuevo juguete.

-quién es?

-Erickson López, un joven de veinte años, de familia humilde.

-donde lo encontró.

-acababa de graduarse de Derecho, estaba buscando trabajo y fue a la empresa de fachada. Pidió ser abogado y le dieron el puesto de chófer, el tendió su telaraña, lo engaño, manipuló y el chico ahora es su perrito faldero. No sabe ni lo que hace el pobre acaba de empezar a vivir y no sabe prácticamente nada de la vida, su hermana mayor es la que se encarga de el y de su madre.

-la madre está enferma?

-no, realmente no son rusos, son latinoamericanos y pasaron por un proceso difícil antes de venir aquí, su hermana cree que tiene la responsabilidad de cumplir con ambos y encargarse de ellos.

-menuda estúpida.

-si, la chica es doctora en el CCH está terminando pediatría y cursando su segundo año de neonatología.

-De una vez?

-si en el plan acelerado. Terminando pediatría normal y neonatología acelerado.

-vaya desquiciada, como paga la carrera?

-empezó medicina con una beca, el plan acelerado con su salario ahora.

-osea que, paga casa, carro y su carrera universitaria?

-hace un año, pagaba la suya y la de su hermano.

-vaya, derecho no es nada barato.

Asintió.

-ese chico tiene suerte con su familia.-suspire - eso es todo?

-si.

-desalojar pues.

End

Dos toques bastaron para que me abrieran la puerta y salió una señora de unos cuarenta años un tanto alterada y media histérica , que asumí qué era su mamá.

-hola eh, soy el novio de Dasha

La mujer pareció tranquilizarse de inmediato

-Nathaniel True? - dijo en inglés.

-You don't speak Russian?

-No, unfortunately I only understand a little, for a thirty-something lady it's difficult.

-I see.

-Yes, what happened to my little girl is fine?

-She is feeling better

-oh gracias a Dios - creo que era español

-Oh Nathaniel - dijo Erickson estacionando su auto.

-alfin alguien que habla ruso - dije riendo.

-mamá habla inglés

-si yo también

-bueno, Dasha se encuentra bien?

-podemos hablar en privado? No quiero que tu madre se asuste.

-suéltalo - dijo ya lejos de su madre.

-lo que Dasha tomo no es nada bueno, tuvo síntomas muy malos, tanto que le dejara secuelas una semana, tendrá que tomar medicamentos para los vómitos durante esa semana.

-pero que mierda

-pueden ir a verla.

-claro que si, vamos.

El motor era lo único que llenaba el vacío del auto. Por el retrovisor, veía las caras desencajadas de su familia; el miedo es un lenguaje que no necesita traducción. Mientras conducía, mi mente seguía en esa habitación, con Dasha tendida entre cables y bolsas de suero que goteaban lentamente para limpiar su sangre del Spiritus.

​—Ella estará bien —repetí, más para convencerme a mí mismo que a ellos—. Pero necesita tiempo.

​Al llegar a la mansión, los escoltas abrieron las puertas con una eficiencia silenciosa. Los guié por los pasillos hasta su cuarto. Al entrar, el sonido rítmico del equipo médico nos golpeó. Ahí estaba mi pelirroja, aún sumergida en esa inconsciencia profunda, rodeada de tecnología médica que contrastaba con su fragilidad. El aire se volvió pesado cuando su madre se acercó a la cama, ahogando un sollozo al ver los tubos en sus brazos.

Nadie se atrevía a romper el silencio de la habitación. Me quedé de pie, cerca de la puerta, observando cómo la madre de Dasha se desplomaba en la silla junto a la cama, tomando su mano inerte. El contraste era doloroso: la calidez de la familia frente a la frialdad de los equipos médicos y el goteo constante del suero.

​—El médico dice que lo peor ya pasó —mentí un poco para suavizar el golpe, aunque verla así de desconectada del mundo me apretaba el corazón.

​Me crucé de brazos, sintiendo el peso de las miradas de su familia sobre mí. No era solo el alcohol; era la culpa de haber permitido que terminara así bajo mis narices, aquel bar donde ellas habían ido era mío. Dasha seguía allí, pálida y con la respiración pesada, mientras nosotros esperábamos un milagro o, al menos, que sus ojos volvieran a abrirse para reclamarnos algo con su fuego habitual.

Verla ahí, tan pálida y rodeada de mangueras, me transportaba inevitablemente a la imagen de hace unas horas. Nadie en esa habitación sospechaba que el respetable doctor Nathaniel era el dueño del lugar donde Dasha casi se destruye la vida.

​Cerré los ojos un segundo, recordando el humo, las luces rojas y a ella, aferrada a ese tubo, moviéndose con una desesperación que no era suya. Había llegado justo a tiempo para cubrirla antes de que se quitara la última prenda ante una horda de desconocidos. La furia me volvía a subir por la garganta; no solo por el Spiritus, sino por el riesgo que corrió en mi propio terreno.

​—¿Cómo pudo pasar esto en un lugar así? —susurró su madre, limpiándose una lágrima.

​Me tensé. Si supieran que mis propios hombres fueron quienes no la detuvieron...

​—Los bares son lugares peligrosos para alguien como ella —respondí con una frialdad profesional que ocultaba mi rabia—. Ahora solo importa que su cuerpo aguante el proceso de desintoxicación.

Dasha empezó a sacudir la cabeza, atrapada en una pesadilla. El monitor cardíaco se aceleró, marcando su agitación.




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