Cruzando ambos mundos

26

La noche fue eterna. Por más que intenté convencerme de que estaba mejor en mi antigua cama, el silencio de la casa de mi madre me resultaba extraño sin el peso de Nathaniel a mi lado o su respiración cerca de mi oído. Di mil vueltas, sintiéndome vacía y furiosa a la vez.

​No eran ni las 8:00 a.m. cuando unos golpes potentes y rítmicos en la puerta principal me hicieron saltar de la cama. Sabía perfectamente quién era. Mi mamá,abrió la puerta todavía en bata.

​—Buenos días, Nathaniel... —alcanzó a decir ella con sorpresa.

​—Buenos días, Lucía —respondió él con esa voz de mando que no pide permiso—. Con su permiso.

​Escuché sus pasos pesados caminando por el pasillo. La puerta de mi alcoba se abrió de par en par sin previo aviso. Nathaniel estaba ahí, impecable como siempre, pero con unas ojeras sutiles que delataban que él tampoco había descansado. Se quedó de pie, llenando todo el espacio de mi pequeña habitación, mirándome con una mezcla de fastidio y alivio.

​—¿Ya terminaste con tu show, peliroja? —soltó sin preámbulos, cruzándose de brazos—. El auto está afuera. Recoge tus cosas, nos vamos a casa ahora mismo.

​Me tapé la cara con la almohada un segundo antes de sentarme en la cama, despeinada y con los ojos ardiendo de sueño. Lo miré con todo el desprecio que pude reunir a esa hora.

​—No es ningún maldito show, Nathaniel —le espeté con la voz ronca—. Y no me jodas, que no son ni las ocho de la mañana. Vete por donde viniste; te dije que me iba a quedar aquí y lo decía en serio.

​—Dasha, no voy a decírtelo otra vez —gruñó, dando un paso hacia la cama—. Esta rabieta de venir a dormir a un barrio donde no puedo garantizar que no te pase nada se acaba ya. ¿O vas a obligarme a cargarte hasta el coche delante de tu madre?

​—¡Atrévete! —lo desafié, señalándolo con el dedo—. Ponme una mano encima para obligarme y verás cómo tu "reina" te deja un recuerdo en la cara que no vas a poder ocultar con maquillaje.

​Él suspiró, exasperado, pasando una mano por su cabello castaño. Estaba a punto de perder los estribos, pero yo no pensaba ceder ni un milímetro.

—¡Dasha, no me tientes! —rugió Nathaniel, dando otro paso que hizo que la madera del suelo crujiera—. No voy a dejar que pases un minuto más en este lugar. Es una falta de respeto que me dejes así por una tontería.

​—¿Tontería? ¡Me ocultaste que había gente queriendo matarme! —le grité, levantándome de la cama de un salto, quedando casi a cara con él—. ¡Tú eres el que me falta al respeto creyendo que soy una estúpida!

​—¡Basta ya los dos! —La voz de mi madre retumbó desde el pasillo.

​Lucía entró en la habitación con los brazos en jarras y una expresión que nos dejó mudos a ambos. Nos miró de arriba abajo con una autoridad que ni la Bratva entera podría igualar.

​—Tengo vecinos, por el amor de Dios. La gente en esta casa y en esta calle todavía está durmiendo. ¿Acaso no tienen vergüenza de andar gritando como adolescentes a estas horas? —nos regañó, alternando la mirada entre Nathaniel y yo.

​Nathaniel bajó la cabeza de inmediato, visiblemente apenado. Mi madre siempre lograba desarmarlo.

​—Lo siento mucho, Lucía. Tiene razón —murmuró él con voz baja.

​—Perdón, mamá. Es que este hombre no entiende razones —dije yo, cruzándome de brazos.

​—No quiero excusas —sentenció ella—. Se me van los dos ahora mismo al patio. Allí hay aire fresco y nadie los oye. Resuelvan sus diferencias como adultos, o juro que los saco a los dos a escobazos de mi casa.

​No nos quedó otra. Bajamos las escaleras en un silencio tenso y salimos al pequeño patio trasero, donde el rocío de la mañana todavía mojaba la hierba. Me senté en una de las sillas de mimbre, ignorándolo, mientras él caminaba de un lado a otro como un león enjaulado.

​—Bien —dijo él finalmente, deteniéndose frente a mí—. Estamos en el patio. Habla, Dasha. ¿Qué es lo que quieres oír exactamente para que dejes de castigarme de esta manera?

No hable.

Nathaniel dejó de caminar y se dejó caer en el banco frente a mí. Se frotó la cara con las manos, y por un momento, la máscara del Tsar se agrietó, dejando ver solo a un hombre agotado.

​—No es que no confíe en ti, Dasha —dijo en voz baja, sin mirarme—. Es que si te cuento todo, si pongo nombres y rostros a las amenazas en tu cabeza, te vuelves un objetivo más consciente. Mientras menos sepas de los detalles sucios, más "limpia" estás ante ellos. Tengo un miedo visceral a que, por saber demasiado, te involucres en algo de lo que no pueda sacarte. No quiero que tu mente se llene de la oscuridad en la que yo vivo.

​Me levanté de la silla, indignada, y me planté frente a él.

​—Escúchame bien, Nathaniel —le solté, obligándolo a mirarme—. No soy una estúpida corderita a la que tienes que pastorear. He pasado seis meses entrenando contigo, he aprendido a disparar, a romper huesos y a inmovilizar tipos que me doblan el tamaño. ¿Para qué crees que fue todo eso? ¿Para lucir los shorts en el gimnasio? ¡Puedo defenderme! Pero no puedo pelear contra fantasmas.

​—Dasha, hay cosas que simplemente... no puedo contarte —insistió él, apretando la mandíbula—. Hay jerarquías y secretos de la Bratva que te pondrían en un peligro real solo por escucharlos.

​—¡Ahí vas otra vez! —me exalté, subiendo el tono de nuevo y manoteando en el aire—. "No puedo", "no puedo". ¡Me tratas como a una incapacitada! Si no puedes ser sincero conmigo después de todo lo que hemos pasado, entonces no sé qué demonios estamos haciendo juntos. ¡Dime los nombres de los que me atacaron o te juro que me quedo aquí un mes!

​Nathaniel se puso de pie de un salto, perdiendo la poca calma que le quedaba ante mi grito.

​—¡Porque si te digo quiénes son, vas a querer ir tras ellos, Dasha! ¡Y no estoy dispuesto a ver cómo te matan por un arranque de orgullo!

—¡A mí no me alces la voz, Nathaniel! —le grité, dándole un empujón en el pecho que lo hizo retroceder un paso por la sorpresa—. ¡Ni lo intentes, porque te juro que te va a ir peor! Estás en casa de mi madre y aquí no eres ningún Tsar, eres un hombre que está a punto de quedarse solo por idiota.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.