Cruzando ambos mundos

32

Pasaron un par de semanas y Nathaniel cumplió su palabra. El despacho seguía ahí, pero ahora la prioridad era otra habitación: la de Amy. Decidimos que no sería la típica habitación de bebé rusa, fría y señorial. Yo quería algo que gritara calidez, algo que tuviera esa esencia nuestra.

​Entré a la habitación y vi a Nathaniel con la camisa remangada, peleándose con las instrucciones de una cuna de diseño italiano que acababa de llegar. Me causó gracia verlo así; el hombre que decide el destino de miles de personas, derrotado por un par de tornillos.

​—¿Necesitas ayuda, Tsar? —le dije, apoyándome en el marco de la puerta con una sonrisa burlona mientras acariciaba mi vientre de casi seis meses.

​—Estas instrucciones son un insulto a la inteligencia, Dasha —gruñó, aunque me lanzó una mirada cargada de ternura—. Pero nuestra hija va a dormir en lo mejor, aunque tenga que armarlo yo pieza por pieza.

​Me acerqué y empecé a sacar de las cajas los detalles que yo misma había elegido. Había mantitas de algodón orgánico con bordados sutiles, y en la pared principal, mandé a pintar un mural delicado de flores que me recordaban a los paisajes latinos.

​—Mira esto —le dije, mostrándole un pequeño móvil para la cuna que tenía figuras de arcoíris y estrellas—. Quiero que sea lo primero que vea al despertar. Y los libros de cuentos, Nathaniel... ya están llegando los que pedí en español.

​Él dejó el destornillador y se acercó a mí, rodeándome la cintura por detrás y apoyando sus manos sobre las mías en mi vientre. Nos quedamos los dos mirando aquel espacio que pronto dejaría de estar vacío.

​—Va a hablar español antes que ruso, ¿verdad? —susurró él contra mi oído, con una resignación divertida.

​—Por supuesto. Y tendrá ese fuego nuestro —le respondí, recostando mi cabeza en su hombro—. Gracias por estar aquí, Nathaniel. De verdad.

​—De aquí no me muevo, mi reina. Amy y tú son mi único imperio real ahora.

—Y espero que lo cumplas, Nathaniel —le respondí, entrelazando mis dedos con los suyos sobre mi vientre—, porque si vuelves a desaparecer, esta vez no habrá vuelta atrás.

​Los días siguientes fueron una tregua bendita. Nathaniel empezó a despachar desde la biblioteca de la casa y, aunque el teléfono no paraba de sonar, se obligaba a cortar las llamadas cuando yo entraba con un té o simplemente para estirar las piernas. Estábamos recuperando ese ritmo que el poder nos había robado.

​Una tarde, mientras terminábamos de acomodar los libros de cuentos en español, me miró con una intensidad distinta.

​—Vamos a salir, Dasha —sentenció, guardando un peluche en la cuna—. Mañana. Quiero que compremos el resto de las cosas nosotros mismos. Sin asistentes eligiendo por catálogo, sin fotógrafos. Solo nosotros... y la seguridad necesaria, claro.

​—¿El Tsar de compras en público? —bromeé, aunque por dentro me hacía ilusión—. Amy va a estar encantada de gastarte los rublos antes de nacer.

​Al día siguiente, nos preparamos. Me puse un abrigo cómodo que ocultaba un poco mi estado y Nathaniel lucía ese semblante serio que usa cuando está en "alerta máxima", aunque trataba de sonreírme a cada rato. Moscú estaba cubierto por una capa de nieve fina que hacía que todo pareciera una postal.

​Llegamos a la zona de las boutiques de lujo. Dmitry y los hombres de la Bratva se desplegaron con una eficiencia silenciosa. Por una hora, fuimos una pareja normal. Reímos eligiendo patucos diminutos y Nathaniel insistió en comprar una manta de cachemira que costaba más que el sueldo anual de un interno en mi hospital.

​—Es demasiado, Nathaniel —le dije riendo mientras salíamos de la tercera tienda.

​—Nada es demasiado para ella —respondió él, dándome un beso rápido en la sien

​—Ese conejo de allá —dijo Nathaniel señalando un peluche de seda blanca—. Tiene cara de ser lo suficientemente suave para ella.

​—Es lindo —reí, apretándole el brazo—, pero Amy va a preferir algo con más color, ya lo verás.

​Estábamos cruzando hacia la siguiente boutique cuando el aire cambió. Fue un segundo de silencio antinatural antes de que el primer estallido resonara contra el pavimento.

​—¡Al suelo! —rugió Nathaniel, reaccionando con esa velocidad letal que lo hace el Tsar.

​No hubo tiempo de ir a un blindado. Dos camionetas cerraron el paso y hombres armados bajaron disparando. Nathaniel me empujó detrás de una columna de mármol de un edificio, cubriéndome con su propio cuerpo mientras desenfundaba su arma.

​—¡Dmitry, sácala de aquí! —gritó entre ráfagas.

​Pero el ataque era directo hacia nosotros. Uno de los atacantes logró flanquear la posición y se abalanzó hacia donde yo estaba mientras Nathaniel intercambiaba fuego con otros tres. Vi el brillo de un cuchillo y el cañón de una pistola apuntando directo a mi vientre. El instinto me transformó; no era solo una doctora, era una madre defendiendo su vida.

​—¡A ella no la tocas! —grité.

​Logré patear la rodilla del hombre con toda mi fuerza, haciéndolo trastabillar, y busqué desesperadamente algo con qué defenderme. El forcejeo fue brutal. Sentí un golpe seco en el costado y caí de rodillas, con un dolor punzante recorriéndome el útero. Nathaniel terminó con el sujeto de un tiro en la cabeza y llegó a mi lado en un segundo, con el rostro desencajado por el pánico.

​—¡Dasha! ¡Dasha, mírame! —gritaba, mientras sus hombres terminaban de limpiar la zona.

​—Me... me duele, Nathaniel... —susurré, llevándome las manos al vientre. Sentí una humedad caliente y aterradora. Mis ojos se nublaron—. Amy... ayúdala...

​La última imagen que tuve antes de perder el conocimiento fue la de Nathaniel cargándome en vilo, gritando órdenes desesperadas, mientras yo solo podía pensar en que no podía perder a mi bebé arcoíris otra vez.

𓂃 ོ𓂃𓂃 ོ𓂃

Nathaniel pov

El hospital era un caos de uniformes blancos y guardias de la Bratva, pero el centro del huracán era yo. El aire en el pasillo de la clínica estaba tan cargado que hasta a los hombres más rudos les costaba respirar. Mi mano no dejaba de apretar la culata de mi arma, sintiendo el metal frío, deseando descargar mi furia contra algo... o alguien.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.