Cruzando barreras

• Testamento •

—Leonard—

—Lo siento señor, pero ya no podemos esperar más… —Le dijeron a uno de sus costados. Leonard levantó la vista y miró al hombre que estaba a su lado. Frank inmediatamente bajó la vista, aunque continuó hablando—: Lo hemos estado postergado por varios días y me temo que, ya no hay tiempo. Si no lo hacemos ahora…

—Bien —contestó Leonard sin ninguna clase de expresión en su rostro. 

Tomó el bastón de su padre y se levantó de la silla, rígido y elegante con todo el porte que un Palmer tenía. Elevó el mentón y dando un paso hacia la salida camino por un extenso pasillo. No tenía caso seguir retrasando un evento que se suponía debía haber ocurrido luego del deceso de Ayrton, sin embargo, Leonard decidió esperar. 

El hombre había pospuesto el funeral de su padre. No solo lo había hecho por las condiciones en las que se encontraba su cuerpo o por la decepción en su corazón. Lo había hecho porque le preocupaba que tanto Lara como su hermano no estuvieran en donde tenían que estar, sin embargo… ya no podían retrasarlo más.

Leonard suspiró, luego dejó caer brevemente la cabeza sobre la pared del hospital, posteriormente cerró los ojos. Necesitaba un minuto para dejar de pensar. Su rostro serio y el aura taciturna envolvieron su entorno. 

Samuel, quien estaba con él se acercó por detrás. Tocó su hombro y le dijo:

—No te preocupes, todo va a salir bien. Ve con calma. Yo me quedaré para mantenerte informado.

Leonard apenas lo miró, aspiró profundo y sin decirle una palabra se fue.

Media hora más tarde, el chico ya se encontraba llegando a su mansión. El edificio se sentía más frío y viejo que nunca, como si la vida que semanas atrás tenía hubiese desaparecido. Leonard dudo por un minuto en bajar. En el pasado había ido y venido a través de aquellas extensas escaleras, sin embargo, ahora sentía que no podría hacerlo nunca más, le molestaba el hecho de estar ahí. Aquella enorme mansión nunca había sido su hogar y menos ahora que su padre ya no estaba. 

—¿Señor…? —Lo llamaron desde el frente—. Es hora.  

Frank, quien bajó la ventanilla del auto interior, lo exhortó. Leonard simplemente quitó la mirada de la ventana y lo miró en silencio, igual que desde hace unos días. 

—Nos están esperando. 

Dicho eso, el chofer descendió del auto y lo rodó hasta llegar a su puerta. La abrió y después de un minuto más, Leonard bajó. Camino lento, apoyándose del bastón, su pie izquierdo aún necesitaba un poco de recuperación, sin embargo, no era como si lo necesitara del todo. A decir verdad, más que servirle de apoyo lo conservaba como un tipo de recuerdo. 

Frank, que lo siguió desde atrás comenzó a murmurarle su itinerario.

Después de la ceremonia, Leonard tendría que ver a los abogados. Ese mismo día se leería lo citado en el testamento de su padre, razón por la cual no estaba de un buen humor. Ya bastantes cosas tenía en la cabeza que, soportar a un grupo de individuos dictando lo que ya era obvio, le molestaba de gran forma. 

—Silencio… —vociferó cuando llegó arriba. Se giró un poco a sus espaldas y volvió a hablar con un tono distante—: En cuanto esto termine, prepara el coche. 

—¿Volveremos al hospital…? —preguntó Frank, pero Leonard no volvió a contestar, aunque su dura mirada lo hizo por sí misma.

Leonard prácticamente se la pasaba ahí, día y noche, esperando a que ella reaccionara. 

Por desgracia, Lara había caído en un profundo estado de sueño, era como si no quisiera despertar. No se trataba de ningún tipo de coma por lo que los doctores no tenían respuesta alguna sobre la causa. Le habían hecho innumerables estudios, análisis y tomografías por igual que descartaron lesiones traumáticas, ACV, tumores e incluso enfermedades e infecciones, cuando la encontraron a ella y a Edward flotando en el agua. 

Así que, lo único que podía hacer Leonard, era sentarse al lado de su cama y esperar, pero no podía hacerlo ahora porque estaba ocupado mirando a los ojos obsidiana de su hermano.

Edward se acercó en silencio y viéndose a la cara, le habló: 

—Adelante...

Leonard asintió en silencio.

El extenso pasillo por el que caminaron los condujo hacia la parte trasera de la mansión, ahí, no muy lejos, en una sección privada, en medio de un amplio estanque, rodeado de árboles y extensa vegetación se encontraba un hermoso mausoleo, exclusivo y construido a la medida por encima del suelo, su arquitectura minimalista era de una belleza inalcanzable, perfecta, recta, con los puntos y ángulos adecuados en cada preciso lugar. El perfecto sitio para descansar y posiblemente, orar. 

—De acuerdo, si ya están todos… Vamos a comenzar. 

El hombre a su frente, habló con una voz grave mientras miraba a todos los presentes. En el lugar solo encontraban las personas que debían de estar. Edward, Leonard y alguno que otro pariente y amigo como Matthew, quien había insistido en usar muletas en lugar de la silla de ruedas para sanar la fractura de su pie. La elegante ceremonia no tardó demasiado. Unas cuantas palabras por parte del ministro y de sus hijos; y eso fue todo. La urna visible de Ayrton Palmer grabada y conmemorada en granito fue puesta junto a la de Victoria, en el mismo nicho que el de su esposa. 




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