Cuando la niebla finalmente se disipó, el paisaje que se extendía ante ellos era más aterrador que cualquier cosa que Kael hubiera visto. La tierra misma parecía marcada por una guerra librada miles de años atrás. Profundas grietas atravesaban el suelo, las piedras estaban carbonizadas y columnas derrumbadas se esparcían por toda la zona. Aquellas ruinas eran vestigios de un pasado tan antiguo que incluso la gente de Nivareth lo había olvidado.
Kael alzó el fragmento de cristal. Su luz se enfocó en una enorme puerta que se alzaba en el centro de las ruinas. Semienterrada en la tierra y cubierta de musgo, la puerta aún conservaba símbolos grabados en la piedra—símbolos que seguían siendo claramente visibles: tres anillos de cristal entrelazados. Lira sacó su libro de inmediato y comparó las marcas.
"Este símbolo," dijo emocionada, "marca la primera parte de la profecía. Dice: ‘Los viajeros de la luz pasarán por la puerta olvidada y escucharán los ecos del pasado.’"
Cuando Kael se acercó a la puerta, un viento frío se filtró por las grietas de la piedra. El viento parecía susurrar. Escuchó con atención; las palabras eran débiles, pero cargadas de significado:
"Recuerden lo que fue olvidado… Solo quienes recuerden serán salvados."
Cuando se detuvieron frente a la puerta, las piedras comenzaron a temblar. Lira abrió su libro y las páginas se movieron por sí solas. Un símbolo brilló intensamente—uno de los tres anillos aparecía dibujado como roto.
"Esto muestra que uno de los cristales se ha perdido," dijo Lira. "Así que nuestro viaje no solo trata de encontrar la luz… sino de restaurar lo que fue perdido."
En ese momento, un zumbido profundo surgió desde el interior de las ruinas. Sombras comenzaron a moverse entre las columnas destruidas. Kael levantó el cristal; su luz dispersó la oscuridad, pero en lugar de retroceder, las sombras tomaron forma.
Un grupo de siluetas emergió—los espíritus de antiguos guerreros. Su armadura estaba rota, sus ojos vacíos, pero todavía sostenían espadas en sus manos.
"Estos," dijo Lira con un escalofrío, "son los ecos de la guerra olvidada. Sus almas están atadas a esta puerta."
Uno de los espíritus avanzó. Su voz resonó—profunda, triste y cargada de un dolor antiguo:
"Aquellos que desean pasar deben cargar con el peso del pasado. Quien olvida nuestra memoria no puede entrar en el futuro."
Kael reunió valor. "No los olvido. Mi viaje continúa con el legado que dejaron atrás."
El fragmento de cristal brilló intensamente en la mano de Kael. Los espíritus guardaron silencio y luego bajaron lentamente sus espadas al suelo. Con un fuerte estruendo, la puerta se abrió. Una luz tenue se derramó desde su interior.
Kael y Lira se miraron. Aquella puerta era la primera prueba verdadera de su viaje. Al entrar, los ecos del pasado los siguieron.
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Editado: 21.01.2026