A medida que avanzaban hacia el norte, el aire se volvía cada vez más pesado. El viento golpeaba sus rostros como cuchillas afiladas, y los copos de nieve no caían del cielo, sino que parecían brotar desde las profundidades de la tierra. Kael se ajustó la capa con fuerza y notó que la luz del fragmento de cristal temblaba en su mano.
—El cristal está sufriendo aquí —dijo Kael—. Es como si este frío congelara incluso la luz.
Lira abrió su libro; las páginas temblaron con un aliento helado.
—La profecía dice: “En el corazón del hielo, un fuego olvidado descansa. Quien encuentre ese fuego, hará renacer la luz.”
Kael asintió.
—Entonces aquí no solo debemos encontrar el cristal… también el fuego.
Al final del valle se alzaba una enorme cueva de hielo. En su entrada había estatuas talladas en el propio hielo. Cada una mostraba un rostro distinto: miedo, esperanza, ira, amor. Lira las observó con atención.
—Son estados del corazón humano. Esta cueva será una prueba de emociones.
Al entrar, las paredes heladas reflejaban la luz, mostrando a cada paso sus propios reflejos. Pero eran diferentes: el reflejo de Kael se veía fuerte, pero solo; el de Lira, sabia, pero frágil.
—Esto… no somos nosotros —dijo Kael.
—No —respondió Lira—. Son los reflejos de nuestros miedos.
En ese instante, una voz surgió desde dentro del hielo. Profunda, resonante, como si la cueva misma hablara:
—Quienes buscan el fuego deben primero derretir el hielo de su propio corazón.
Kael levantó el cristal. La luz resonó dentro del hielo, pero el fuego no apareció. Lira abrió su libro; una frase brilló:
—“La lealtad engendra el fuego.”
Kael miró a Lira.
—Hemos demostrado que somos leales el uno al otro. Entonces el fuego debe estar aquí.
De repente, la pared de hielo se agrietó. Una luz rojiza se filtró desde su interior. Kael y Lira extendieron las manos al mismo tiempo. La luz se unió al fragmento de cristal. En un instante, la cueva se llenó de llamas, pero eran llamas que no quemaban: solo daban calor.
Entonces una figura surgió de entre las sombras. Era el eco de Varzoth.
—Han encontrado el fuego… pero el fuego también puede destruir. Si no pueden controlarlo, los consumirá.
Kael dio un paso al frente.
—No venimos a controlar el fuego, sino a caminar con él.
El eco de Varzoth se desvaneció en un grito. El fragmento de cristal ahora brillaba con más fuerza; en el corazón del hielo, se había unido al fuego.
Lira sonrió.
—Hemos ganado otro fragmento. Nuestro camino sigue hacia el oeste.
Kael respiró hondo.
—Pero ya sabemos que Varzoth nos espera. Cada paso que demos lo hará más fuerte.
#722 en Fantasía
#417 en Personajes sobrenaturales
#352 en Thriller
#123 en Suspenso
Editado: 21.01.2026