¿cuál era la pregunta?

1: Una vía de escape para no pensar.

Nuria siempre supo su origen. Una pareja de amigos que se llegaron a confundir lo justo para engendrarla. Por eso, ambos la quisieron desde el primer momento.
Nunca admitió que se sentía como un error de cálculo, como eso que ocurre cuando te has dado prisa por algo que no debería haber pasado.
Ahora, en plena adolescencia, convivía con su madre, viuda. Una mujer embarazada que se casó con un hombre mayor y que enviudó a los dos meses de casarse.
Su verdadero padre era un gran atleta, dueño de un gimnasio enorme y con una familia a la que Nuria quería con devoción.
Adoraba a su hermano paterno, Lucas, y a toda la familia que convivía con él y el padre que tienen en común.
Y ahí estaba el barullo.
Porque el amor que ese hombre le profesaba a esa mujer bastaba para aceptarla con dos niñas más; incluso con una que ni siquiera era de ella.
Pero Nuria siempre quiso a Lucas por ser su hermano y a Sofía y a Leonor también.
O quizás no.
Leonor era dos años mayor, con ese aire de pluma que respiran todas las bailarinas y que, además, parece tener el aura de una bruja, aunque con el cabello lacio y rubio, y los ojos como el cielo despejado.
Sofía le parecía la perfección. Con su gentil melena rubia, que caía como una pacífica cascada. Sus ojos eran cálidos y marrones como las castañas de otoño. Siempre sabía decir la palabra exacta para hacerla sentir en una nube. Era inteligente sin ser presuntuosa. Era divertida sin ser cansina. Era bella sin parecer una muñeca. Era, simplemente, Sofía.
Lucas era caótico de una manera dulce. Compartía los mismos ojos verdes, pero su cabello era del mismo rubio sereno que Sofía. Siempre le recordó sonriendo con una preocupación nula encantadora.
El día había empezado con su rutina de levantarse y bajar al gimnasio de José para entrenar un poco y poder ir tranquila al instituto.
Lucas rompió el silencio.
—¡Curiosa mezcla de deportes, Nuria!
—¡Lucas! —se giró hacia su hermano—. ¿Qué haces despierto a las siete de la mañana un sábado?
El chico bostezó.
—¿No puedo ver cómo mi querida hermanita hace movimientos de esgrima con una espada de kendo contra un saco de boxeo?
—Soy mayor que tú, Lucas, no me llames hermanita. —Nuria soltó la espada con cuidado. —¿Qué haces madrugando?
—¡Jo, igual que Leonor!
—¡Lucas!
—Papá me ha mandado venir a buscarte.
—¿A mí, por qué?
—Vamos a Barajas. Querrás venir.
Nuria abrió la boca para preguntar, pero su cuerpo respondió por ella. Se enderezó, su cara esbozó una sonrisa y sus mejillas empezaron a sonrojarse.
—¿Y qué hago yo en el aeropuerto?
Ella lo sabía de sobra, pero sentía que no debía equivocarse en sus conclusiones.
—¿No quieres venir con nosotros para recibir a Sofía?
¿Podría ir? Quería acudir por encima de todo, pero le daba miedo volver a quedarse sin palabras al verla tras dos años de ausencia.
—Papá le ha pedido permiso a tu madre y ha dicho que no hacía falta. Creo que con eso lo digo todo. —Intentó convencerla.
La cara de Nuria estaba completamente roja.
—Vale, voy.
Lucas tomó su mano y tiró. Se le escurrió de entre los dedos.
—Estás sudada, Nuria, ¡qué asco! —Se limpió las manos en el pantalón.
—Me cambio en cinco minutos, idiota.
Salieron del gimnasio y fueron a su casa, donde Nuria se puso sus mallas favoritas y la última camiseta, que tenía el mismo color que las mallas, pero que el cuello halter le daba un punto moderno al aspecto.
Lucas, al verla, aplaudió.
—¡Estás muy guapa, Nuria, te queda genial el aspecto de bailarina de R&B! —Se giró hacia la adulta—. ¡Hasta luego, Lucía!
Ambos adolescentes acudieron al portal de la casa de José, que les esperaba sentado al volante.
—Sofía no me perdonaría si no te llevara conmigo a recogerla.
Tanto Lucas como José sabían los sentimientos que Nuria tenía por Sofía, y no cesaban en dejar caer la premisa de que la chica era correspondida. Pero alguien tan perfecto como Sofía no podía sentirse atraída por alguien como ella; tan tímida, tan patosa, tan indecisa, tan… poca cosa.
—Claro, papá, somos como hermanas. —Mostró una sonrisa falsa que no engañaba a nadie y se abrochó el cinturón de seguridad.
Casi media hora hasta el aeropuerto mientras Nuria pensaba en la cara que mostraría al verla.
Quizás ese sentimiento que no es capaz de decir era demasiado para una espera de dos años.
La inercia de seguir a su hermano o su padre la llevó a la zona de salida junto a ellos.
Estaban todos juntos; José y Merche se habían quedado a la derecha y entre Leonor y Lucas hicieron un muro. De repente, sintió que no podría verla salir.
—¡No veo si viene, dejadme ver! —se quejó al tirar de la camiseta de ACDC de Lucas.
—¡Venga, Nuria, escóndete para sorprenderla! —sugirió Leonor.
La chica dudó un poco y acabó por negarse. Se abrió paso y se colocó entre los dos.
Según Lucas suspiraba con resignación, esa cara que tanto esperaban apareció entre la gente.
Sofía lucía un vestido de algodón rosa pastel con un estampado de minúsculas mariquitas en la falda evasé. Llevaba la raya del pelo sobre el ojo izquierdo y lucía una trenza recogiendo el cabello del otro lado.
La esperanza de volver a verla fue opacándose por su propio menosprecio hasta bajar la vista hacia el suelo.
—¡Family, I just made it! —Mostró una sonrisa radiante y abrazó a su familia, uno por uno.
Justo al llegar ante Nuria, la sonrisa era plena y llena de una ilusión desbordante.
Observó un microsegundo la expresión de Nuria y su semblante de esperanza pasó a ser una seguridad excesiva.
—¡Cuánto tiempo sin verte, Nuria! —le extendió la mano.
—¡Sí, cuánto tiempo! —Se resignó, estrechó la mano de Sofía y sonrió.
Nuria no paraba de increparse a sí misma todas las cosas que podía haber dicho y, sin embargo, la única conclusión fue preguntarse por qué no había corrido a abrazar a esa persona a la que amaba tanto.



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En el texto hay: gl

Editado: 25.04.2026

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